Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 09, 2013

VENTAJAS DEL FEDERALISMO FISCAL

Un análisis actual y positivo de las funciones que desempeña el sector público en la actividad económica exige tener en cuenta la presencia simultánea de varias Haciendas que se corresponden con distintos niveles de gobierno (Estado central, Comunidades Autónomas, entidades locales y Unión Europea). Existe, así pues, una Hacienda descentralizada.

Las ventajas del llamado federalismo fiscal avalan el modelo de descentralización territorial. En primer lugar, la provisión de bienes públicos a cargo de gobiernos regionales es más eficiente que la provisión centralizada. La razón de este mejor resultado radica en que los gobiernos regionales poseen más información acerca de las preferencias de los ciudadanos y, sobre todo, tienen más incentivos para satisfacerlas, en la medida en que su continuidad depende directamente de su voto, mientras que el gobierno central puede permitirse el lujo de perjudicar a una región si cuenta con el apoyo del resto. No obstante, la provisión descentralizada no será eficiente si se producen efectos externos interjurisdiccionales (es paradigmático en España el caso de los recursos hídricos) o si la provisión centralizada permite ahorro de costes.

En segundo término, la descentralización amplía la libertad de elección individual. Un ciudadano puede elegir si prefiere residir en una zona donde se aplique una generosa política redistributiva y, por tanto, una alta presión fiscal, o bien en una donde se paguen menos impuestos y la redistribución no sea tan intensa. A este fenómeno de revelación de preferencias se le conoce como votación con los pies. Evidentemente, una limitación al mismo es el coste del desplazamiento. Pero, a pesar de que no pudiera llevarse a cabo la emigración, la libertad de elección se ve mejorada: el sujeto puede comparar distintas políticas fiscales y sacar conclusiones que le influyan a la hora de decidir a quién votar.

La descentralización, en tercer lugar, posibilita la experimentación con ideas novedosas, cuyos eventuales resultados negativos quedarían limitados, al afectar a ámbitos reducidos.

Por último, facilita la introducción del principio del beneficio en el sostenimiento de los gastos públicos. En un municipio es fácil identificar a quién beneficia más directamente, por ejemplo una obra y gravarle con un tributo que la costee en parte (contribuciones especiales).

Una vez reconocidas las ventajas, hay que efectuar alguna puntualización. Los bienes públicos puros, como la defensa nacional, el sistema judicial o las relaciones exteriores, deben ser suministrados por el gobierno central dadas sus características.

Por otra parte, surgen problemas en la redistribución de la renta cuando, por así decir, se vota con los pies. Así, si una región ofrece cuantiosas ayudas a los parados y otras transferencias a los desfavorecidos, por lo que los impuestos allí son altos, los ciudadanos de rentas altas irán abandonando esa región, a la vez que los de rentas más bajas --potenciales beneficiarios de la redistribución-- serían atraídos a ella, determinando un escenario inviable en el largo plazo. Otro problema consiste en la aparición de comportamientos free rider o parasitarios entre los ciudadanos de las regiones cercanas a una que ofrezca muchos servicios y de calidad. El incentivo sería consumir servicios allí sin pagar impuestos por ello.

En cualquier caso, el modelo español de descentralización adolece de muchos defectos. Los gastos están más descentralizados que los ingresos, de manera que el Estado transfiere recursos a las regiones para que puedan gastar, dando lugar al fallo de la ilusión fiscal, que significa que los ciudadanos no son conscientes del coste de los servicios que ofrece su Comunidad Autónoma.