Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 02, 2013

MICHAEL CRICHTON Y LA IMPOSIBILIDAD DEL SOCIALISMO

Analizando varias de las obras más veneradas de Michael Crichton, La amenaza de Andrómeda (1969 y 1971), Westworld (1973) y Jurassic Park (1990 y 1993), descubro en ellas un denominador común muy acusado: se ocupa el autor de describir cómo sistemas creados por el ser humano, en principio perfectos, terminan fallando como consecuencia de la teoría del caos o del impulso irresistible de la vida. Ello enlaza –o, cuando menos, se aprecian paralelismos— con el teorema de la imposibilidad técnica del socialismo.

Mises y Hayek sostuvieron que el socialismo era técnicamente imposible y que, por ende, estaba condenado al fracaso. En el socialismo llamado real, hay una planificación de la economía sobre la base de medios de producción públicos y una autoridad central que decide qué, cuánto, cómo y para quién producir, es decir, resuelve por sí y ante sí los interrogantes centrales de la economía.

Mas, como explica Hayek, el planificador central no posee un conocimiento absoluto, de forma que no puede asignar eficientemente los recursos, asignación que sí es posible en un mercado libre, donde el orden espontáneo –decisiones individuales de producir y consumir buscando maximizar la utilidad-- permite usar la información mejor que los burócratas gracias a ciertas señales, los precios. Ya Winston Churchill había expuesto una objeción similar en un lúcido discurso en 1908: “Rechazo por impracticable la insensata idea socialista de que podemos tener un sistema mediante el cual toda la producción nacional, con todas sus infinitas ramificaciones, esté organizada y dirigida por un funcionario permanente desde una oficina central, por más capacitado que esté”. Afirmaba que, de seguirse esa idea, “produciría una reducción y destrucción de energía productiva sumamente perniciosa”.

En las obras citadas del maestro Crichton, hay un planificador que intenta imponer su teoría científica a la realidad. Sobre todo en Westworld y Jurassic Park, esta imagen es clara. Los agentes del parque temático de Delos controlan cuándo se ponen en marcha los robots y sus reacciones ante determinadas situaciones, despreciando cualquier posible evolución de las máquinas. En la Isla Nublar, deciden cuándo y qué comen los dinosaurios, restringen su libertad de movimientos y creen haber suprimido su capacidad reproductiva. “La vida se abre camino”, empero, y echa por tierra todo el sistema supuestamente perfecto. Igualmente, en La amenaza de Andrómeda, el laboratorio de máxima seguridad, pese a su impresionante diseño, es insuficiente para contener el virus.

También el socialismo pretendió asentarse sobre una concepción científica y materialista que todo lo explicaba y que era infalible. Los resultados fueron desastrosos, amén de sangrientos. Las economías planificadas fueron al colapso sin remisión.

Creo que Michael Crichton se habría alineado (o se alineó efectivamente) con la tesis del orden espontáneo frente a reguladores, ingenieros sociales e iluminados varios. Él nos enseñó varios casos de fatal arrogancia, típica en los socialistas. Y, en todo caso, vuelve a quedar demostrado que en sus creaciones hay mucho más que material para best sellers.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

Si no la has visto, te recomiendo Demon Seed (1977), que aun tratándose de un film relativamente menor y ciertamente envejecido, en mi opinión es el que mejor representa cómo las cosas pueden escaparse de nuestro control, en este caso un superordenador capaz de pensar por sí mismo.

Excelentes las películas La Amenaza de Andrómeda y Jurassic Park; Westworld no tanto, pero se disfruta viéndola.

En lo referente al socialismo, simplemente darte la razón.