Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 23, 2013

HAY QUE SEGUIR EL EJEMPLO DE MARIO CONDE

Lo había anunciado y lo cumplió. En un artículo publicado en La Gaceta, Mario Conde escribió que “si el SAT intenta invadir una finca propiedad de mi familia, que ni está decomisada ni sale a ninguna subasta amparándose en la Audiencia Nacional, estaré allí para defender los derechos de mi familia […]”. El SAT es el Sindicato Andaluz de Trabajadores, la banda de forajidos de Sánchez Gordillo, una organización anclada en el pasado que no respeta la legalidad ni la propiedad privada.

Cuando tuvo lugar el intento de ocupación de la finca, se produjo una escena memorable y vigorizante para los amantes de la libertad individual. Mario Conde, remangado y empapado por la lluvia, escoltado por la Guardia Civil, dio permiso para que entraran los malhechores y así poder discutir con ellos frente a frente, sin rejas de por medio. Fue un momento especial. El individuo aristocrático contra la masa embrutecida, haciendo valer sus derechos y razones con la fuerza de las palabras.

¡Aún quedan hombres en España! Mario Conde, dejando de lado los matices del personaje, merece que me quite el sombrero ante él. Se encaró a las hordas del SAT, acalló a gritos a los que le insultaban y debatió con Cañamero, el lugarteniente de Gordillo, a fin de exponerle con claridad que no confía en la gestión pública de la tierra y que él da trabajo a mucha gente en esa finca, antes medio abandonada. Al final, los del SAT dieron la vuelta y se marcharon por donde habían venido.

De un tiempo a esta parte, nos hemos acostumbrado a que grupos nutridos de indignados (en sentido amplio), amparándose en el número y en el anonimato, cometan las más variopintas tropelías. Hostigan a los políticos en su domicilio, amedrentan a las personas de bien, ocupan espacios públicos y propiedades privadas, insultan o menosprecian a autoridades… A veces se trata de la expresión de un descontento que puede tener causas comprensibles, pero no hay por qué aceptarlo pasivamente, renunciar a defender los fundamentos del sistema y la consideración que merecen ciertas figuras del mismo, como la reina Sofía.

Sobre estos fenómenos se ha pronunciado acertadamente Arcadi Espada: “Estos abucheos, siempre maleducados y a veces violentos, pueden responder o no a circunstancias concretas, pero en la práctica se convierten en una deslegitimación global de los políticos y del sistema. Y una ofensa indirecta, pero humillante, a los millones de ciudadanos que votan a esos políticos e incluso, y en algunos casos, los aprecian”. A mi modo de ver, políticos y personalidades están fallando a la hora de defenderse.

A Mourinho, que también fue víctima de la presión de una parte de los aficionados del Real Madrid, sólo le achaco un error, el de no haber convocado más ruedas de prensa en las que explicar su postura acerca de Casillas y otros asuntos. De esa manera habría combatido la campaña de los periodistas y cortado, o al menos contrarrestado, su influencia. Él renunció a dar esa batalla y el incendio se propagó.

Con los asaltantes de fincas y asimilados ocurre lo mismo. Un propietario que crea en sus derechos y en lo que hace, tiene el deber de enfrentarse a la muchedumbre e impedir que se salga con la suya. Gestos como el de Mario Conde son harto bienvenidos, pues la tendencia, desgraciadamente, es agachar la cabeza y soportar todos los abusos y atropellos.

La masa no es tan fuerte como parece. No espera encontrar resistencia, ni que sus víctimas potenciales se revuelvan. Cuando un grupo de saboteadores intentó reventar un mitin de Fraga, él solo se bastó para ponerlos en fuga al grito de “¡A por ellos!”, lanzándose a correr en su dirección. La determinación y el arrojo de uno pueden bastar en estos casos. Y si detrás vienen más, mejor.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Gracias por este artículo. No estaba enterado y ya me he puesto al día por YouTube.

El Espantapájaros dijo...

Estos radicales están encantados con que sus víctimas no respondan. Por eso mismo tiene mucho valor el que alguien de vez en cuando les haga frente.