Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 16, 2013

CATALUÑA Y LA IZQUIERDA

La situación creada en Cataluña por el perturbado Artur Mas es, sin duda, la más notable ceremonia de la confusión que vive en la actualidad España. Todos los que entran en ese debate sin una idea clara de defensa de la nación española empiezan a proclamar barrabasadas al por mayor sin ningún tipo de recato. El propio Artur Mas es un prodigio de lenguaje torturado, discurso inane y planteamientos a los que falta más de un hervor. Pero las fuerzas izquierdistas o de progreso vergonzantemente españolas, esto es, PSOE e IU, lo llevan aún peor.

Por lo que se refiere a IU, ya hace tiempo que esta formación se situó fuera del sistema constitucional y democrático del que se dotó España en 1978. Su modelo es el de la dictadura cubana y la revolución bolivariana, por lo que nada se puede salvar de ese partido, uno de cuyos cuatreros más famosos exige que Europa “se vaya al coño de su puta madre”.

Ahora Cayo Lara, pese a su adscripción al federalismo, aboga por el “derecho a decidir en Cataluña”, asumiendo el lenguaje y las tesis separatistas. Es así porque el derecho a la libre determinación no esconde otra cosa y no puede tener otra consecuencia, antes o después, que la separación de Cataluña del resto de España.

Para Lara, son más valiosos los intereses partidistas de la burguesía catalana y las pulsiones retrógradas de los camisas negras que la soberanía nacional. Nada nuevo, pues él no reconoce la nación española. Los de IU, exactamente igual que los separatistas, llaman a España “Estado español” o se refieren al “conjunto del Estado”. Son más celosos de la soberanía de Cuba o Venezuela que de la española.

También desde el PSOE se apoya al federalismo… sin saber una palabra de federalismo. Cuando, después de muchos disparates, Pere Navarro ha dicho algo sensato y que encajaría plenamente en un modelo federal (el concierto económico vasco y navarro deben desaparecer: igualdad entre los Estados federados), ha sido descalificado ipso facto por Elena Valenciano. En realidad, Navarro ha sido sumamente incoherente, ya que pide la supresión de esos privilegios forales a la par que solicita similares privilegios para Cataluña.

Es obvia, a la luz de estas manifestaciones patológicas, la confusión reinante entre los progresistas. Una confusión propiciada no por lo complejo de la situación, sino por su indefinición hacia la propia idea de España. El caso de Cayo Lara, tonto útil del nacionalismo, es un ejemplo de ello. Su ideología política está lejos de la de Mas. Que le hablen a Maduro de derecho a decidir en las regiones de Venezuela, o a la URSS, en su tiempo, de una primavera en Praga… Pero es que dentro de esa ideología (aunque esta palabra es demasiado elevada tratándose de Cayo Lara, mejor sería hablar de catecismo pestilente comprado en un aquelarre del PCE) cabe un sentimiento bastante fuerte y que evita que Lara imite a sus amados venezolanos y se ponga un chándal con la bandera española: el odio a todo lo español. Ese odio facilita mucho las cosas a la hora de comulgar con los nacionalismos.

Sería muy deseable que el PSOE se librara de ese odio que ya le corroe desde los años de Zapatero y recuperara un proyecto nacional, y tal vez presentarse en Cataluña con sus propias siglas, rompiendo definitivamente con el PSC. Sería la mejor manera de escenificar la vuelta a la defensa de España. Pero, con un poco de suerte, el PSOE se hundirá del todo en unos años y ya ni habrá de qué preocuparse de lo que es y no es.

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