Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 05, 2013

PACTAR CON EL PSOE NO ES LA SOLUCIÓN

Tan malas eran las últimas medidas dizque reformistas que se aprobaron en el Consejo de Ministros (anuncios legislativos nada nuevos y más impuestos, justo lo contrario de lo que aseguró Rajoy), que ha tenido que salir Rubalcaba a escena a demostrar que él puede empeorarlas. Después de su antídoto contra el fraude y la pobreza, que pasa por suprimir los billetes de quinientos euros, ha encontrado la solución definitiva al problema del déficit público y al del paro.

Respecto al primer asunto, es simple. Los recortes y ajustes no son necesarios. El déficit se reducirá no contabilizando como tal el gasto público que se dedique a inversión productiva, educación, proyectos de investigación… ¡Brillante! Ya puestos a transmutar el concepto contable de gasto, es posible ir más lejos y, directamente, excluir todo el gasto público de la contabilización del déficit. O mejor aún, declarar que el déficit no existe, es sólo un invento de los mercados y de Merkel para desmantelar el Estado de Bienestar.

Y para detener la sangría del paro la solución no es menos preclara que la anterior. Se trata de congelar los despidos por causas económicas hasta 2015. Es decir, una especie de prohibición de despedir cuyos costes sostendrían el empresario y el Estado a partes iguales. Cargar con más cadenas al empresario, y además emplear dinero público en parar los despidos, sólo traerá consigo más paro y, sin duda, más déficit.

Y no faltan en este programa revolucionario lo que se han dado en llamar medidas de estímulo: creación de distintos fondos a fin de activar la economía. La financiación de esos fondos saldría, en principio, aumentando la presión fiscal en 40.000 millones de euros por medio de reformas fiscales ideadas por Rubalcaba que pertenecen al más burdo arbitrismo español.

Pues bien, con el Rubalcaba que defiende este patético proyecto es con quien ha de pactar el PP, según algunos, para que España salga de la crisis. Como una pesadilla recurrente e impertinente, siempre termina regresando la idiotez del venerado consenso. ¿Pactar el qué? ¿Nuevos impuestos con que asfixiar al contribuyente? Para ello ya se basta solo el PP. ¿Planes de estímulo económico que a nada conducen, excepto despilfarro y corrupción? Honestamente, no soy capaz de detectar ninguna ventaja a un pacto --en estos temas-- entre los dos grandes partidos.

La apelación al crecimiento, a superar la austeridad, es una consigna vacía, pese a lo cual ha sido asumida con gusto por un Gobierno alérgico a las reformas reales. Esperanza Aguirre ha sido clara: “Hay que reducir, privatizar o suprimir parte del sector público”. Los políticos deben comprender que ellos no van a crear ni un puesto de trabajo y que, si no son capaces de favorecer que eso suceda, al menos que no lo obstaculicen con su dirigismo económico y su afición a gastar. En este sentido, Jesús Cacho ha escrito que “es obligado reducir el perímetro del Estado si queremos aminorar el peso del sector público para que llegue el dinero a familias y empresas y se empiece a mover la rueda de la economía”.

Lo que menos necesita el PP en esta tarea titánica es a un PSOE que en Andalucía, de la mano de IU, va a expropiar casi al modo bolivariano. El Gobierno cuenta con el apoyo de una mayoría absoluta limpiamente ganada en las urnas y, si se decidiera a ajustar de verdad el tamaño del sector público y emprender reformas de carácter liberal, tendría el apoyo de muchos frente a la chusma demagógica que intenta apoderarse de las calles. El pacto no soluciona nada. La solución es cambiar el rumbo.

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