Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 21, 2013

PROFUNDIDAD DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA (Y II)

Siguiendo con el análisis de esta obra cumbre del progresismo, aparece en el editorial el aplaudo al hostigamiento del populacho a políticos electos, justificado porque el pueblo debe defender los principios constitucionales frente a los intereses económicos. ¿Qué principios? ¿Quién decide que tales principios están en peligro? Ellos aseguran que se está conculcando la Constitución. Sin embargo, el Tribunal Constitucional aún no se ha pronunciado sobre ninguno de esos temas que para ellos están tan claros. ¿Por qué alaban al TC portugués si en el caso español ni siquiera hace falta esperar a que se pronuncie? Es más, si el TC avalara ciertos recortes, ¿los aceptarían ellos de buen grado?

No sorprende, a estas alturas, que estos acérrimos defensores de la Constitución nieguen la legitimidad del Gobierno, que habría perdido por dos razones: no ha cumplido su programa y las encuestas dicen que es impopular. Es obvio que tales factores no pueden servir para cuestionar legitimidad alguna, no habiendo pasado ni dos años desde la formación del actual Gobierno. Sería muy perjudicial para los intereses de cualquier país que se gobernara al dictado de las encuestas. Del manoseado asunto del programa mejor ni hablar.

Últimamente, los progresistas han formado una nueva teoría de la representación y de la legitimidad de los poderes públicos que se manifiesta en la actitud favorable hacia el acoso que sufren los políticos del PP en sus domicilios particulares. La intención es torcer su voluntad para que aprueben en el Parlamento la dación en pago, los alquileres sociales y otras demandas de los montoneros de Ada Colau. Lo cual es retroceder a los tiempos anteriores a la Constitución francesa de 1791, que proclamaba que la soberanía “pertenece a la nación” y que ésta “ejerce sus poderes mediante sus representantes, que la representan en su conjunto y no a los electores concretos”, prohibiendo, en consecuencia, el mandato imperativo.

Ahora, los montoneros han dicho retirar su propuesta de ley (cosa imposible, ya que no designaron un representante para que la defendiera en el Congreso de los Diputados) y han asegurado que harán que se apruebe desde la calle, es decir, ninguna novedad, ya que justo eso es lo que han hecho desde que la presentaron.

Sugiero a Crónica de Aragón que abandone toda alusión a la Constitución, de la que ignoran todo, y similares. Que no pretenda envolver sus barbaridades con la costosa tela del Derecho Constitucional y la Teoría del Estado. Sería mucho más honesto --cito una virtud que dicen poseer-- que afirmen directamente que son los progresistas los que quitan y dan la legitimidad democrática, que consiste en no apartarse de sus postulados. Y cuando no se les hace caso, están justificados los acosos, los insultos y las amenazas.

Obviamente, el editorial se despide con Aznar y la invasión de Iraq, clásicos que nunca han de faltar. Y es ahí donde uno se da cuenta del rancio y apolillado estado en que se encuentra el pensamiento dizque progresista.