Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 14, 2013

PROFUNDIDAD DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA (I)

El pensamiento progresista español, como cada día es más reducido, panfletario y mediocre, puede ser condensado con facilidad en, por ejemplo, un simple editorial de periódico. Y ese editorial fue publicado por Crónica de Aragón, “diario digital independiente”. Resumen ejemplar de dicho pensamiento, en él se aprecia la indigencia intelectual y la superficialidad de que hace gala sin decoro alguno la izquierda española. Voy a comentar su contenido y efectuar unas cuantas críticas y correcciones a tan excelso documento, titulado “Personas honestas, neoliberales y Carlos Floriano”.

Comienza el editorial estableciendo una diferencia entre las personas honestas y los neoliberales, quienes –además de deshonestos-- ni siquiera tienen la consideración de personas. Forman una minoría que acumula el mayor poder político y económico existente, a pesar de que es una ardua tarea encontrar ejemplos de países que respondan a un modelo netamente liberal: en las economías de los países desarrollados el peso del Estado se sitúa en el entorno del 49% sobre el PIB, hay un exceso de regulaciones y prohibiciones, la presión fiscal es elevada… No son economías liberales, sino mixtas. El propio Gobierno del PP ha afrontado los problemas de la crisis con una actitud típicamente intervencionista, subiendo impuestos y pidiendo perdón cada vez que recorta gasto público.

Asimismo, señala el editorial que el Tribunal Constitucional portugués ha demostrado que “las políticas neoliberales no caben en las Constituciones de aquellos países que, como Portugal o España, han adoptado el Estado del Bienestar como modelo socioeconómico”. Es falso que el TC portugués haya anulado políticas de las mal llamadas neoliberales, y si por algo se caracterizan las constituciones modernas es porque en su seno tienen cabida distintas opciones políticas. La Constitución de 1978, que ha consagrado el principio de equilibrio presupuestario a propuesta de un Gobierno socialista, acoge la libertad de empresa y el derecho de propiedad. Por añadidura, declara que la programación y ejecución del gasto público “responderán a los criterios de eficiencia y economía” (art. 31.2).

Lo que es radicalmente incompatible con un Estado de Bienestar es pretender ignorar que las prestaciones que de él se derivan son costosas y que requieren una financiación sostenible a largo plazo. Los servicios públicos no se van a financiar por medio de la repetición cansina de lemas de panfleto y consignas. Hay un problema de coste que debe ser atajado o, de lo contrario, según observa Lorenzo B. de Quirós, “no será capaz de garantizar a los individuos una adecuada cobertura de sus riesgos en el largo plazo”.

Ya he dicho que los peores enemigos de los servicios públicos son los que, desde su sectarismo y cerrazón ideológica, se oponen por sistema a cualquier innovación que tienda a la eficiencia y a reducir costes.

Otra aclaración necesaria es la referencia al neoliberalismo, hoy día muy extendida para designar, en palabras del editorial, “un modelo económico en el que todo esté permitido con tal de que los ricos acrecienten sus fortunas”, cuando realmente, en la teoría económica, se entiende por neoliberalismo un liberalismo heterodoxo favorable… al Estado del Bienestar, con la consiguiente intervención pública y redistribución de la riqueza. Pero estas personas honestas no necesitan tener idea de nada para lanzar sus pregones, les da igual no conocer la diferencia entre neoliberalismo y liberalismo clásico. Sustituyen el conocimiento y las ideas por unas --supuestas-- buenas intenciones.

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