Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 10, 2013

TIRANO CHÁVEZ

De todo se ha dicho a raíz de la muerte de Hugo Chávez. Sus adoradores, representados en España por los Willy Toledo de turno, han expuesto sus alabanzas y sus deseos de crear aquí un régimen similar. Lo siento por ellos, ya que lo veo difícil sin el sustento básico de la revolución bolivariana, el petróleo, y en una sociedad como la española, con una clase media fuerte y preocupada por su bolsillo que no se va a dejar esclavizar por un iluminado. Respecto a los detractores y críticos, me remito al inmejorable artículo escrito por Octopusmagnificens en su blog.

Si se entiende por dictador sólo aquel dirigente que llega al poder por medio de un golpe de Estado, Chávez no lo era, pues venció en las urnas, legalmente. Pero la democracia no sólo consiste en votar el día de las elecciones. En Venezuela, el Poder Judicial está secuestrado por el chavismo, los opositores sufren constantes agresiones desleales por parte del Gobierno, se han cerrado emisoras de radio y un canal de televisión que molestaban a Chávez, ha habido expropiaciones arbitrarias… El Estado de Derecho allí es débil y se mueve por intereses políticos. El Estado estaba al servicio de un particular, Chávez.

Calificaría a Chávez de tirano de una democracia con rasgos totalitarios, aderezada con las particularidades de la zona. No todas las democracias son iguales. Cito a Jesús Mosterín: “Un Estado democrático totalitario es como una iglesia o secta cuyos miembros sólo se reservan la facultad de elegir al líder o Papa, a favor del cual abdican sus derechos y libertades. Un Estado democrático liberal es como un hotel cuya dirección es elegida por los clientes, pero cuyas competencias son muy limitadas y en ningún caso interfieren con las libertades básicas de los clientes. En un Estado-hotel el ciudadano es rey, el cliente siempre tiene la razón y los políticos son meros administradores y camareros a su servicio”. Creo que la distinción es clara y muy bien explicada. Para mí, el hecho de la elección democrática es irrelevante si esa legitimidad se usa como parapeto para cualquier tropelía y para encumbrar a un líder no sometido a las leyes y a la crítica racional.

Sus supuestos logros en favor de los pobres no justifican ni el inmenso poder que acumuló ni el entusiasmo con el que se le está despidiendo. Venezuela ha crecido menos que los países de su entorno y es una economía completamente dependiente del petróleo. Un país, además, muy inseguro, con más muertes violentas al año que en México. Y sus aliados internacionales sólo lo son merced al oro negro. A corto plazo, ciertamente los pobres han recibido ayuda y atención del Estado, lo que puede ser loable en un determinado momento. A largo plazo, empero, tal situación no podrá mantenerse con una economía abocada al fracaso: los desfavorecidos descubrirán que sólo han aprendido a vivir bajo la tutela del Estado.

Más eficaz contra los atrasos sería que el nuevo Presidente se dedicara a atraer inversiones, reforzar la seguridad jurídica y dinamizar la economía en lugar de perseguir fantasías revolucionarias y seguir dividiendo a la población entre buenos y malos, explotadores y explotados. Tanta preocupación por la igualdad es contraproducente, como advirtió Milton Friedman: “Una sociedad que antepone la igualdad a la libertad no obtendrá ninguna. Una sociedad que antepone la libertad a la igualdad obtendrá un buen grado de ambas”.

Chávez fue un militar golpista y un salvapatrias colorido, nada nuevo en Sudamérica. Sus seguidores lo están despidiendo en un hortera y descabellado proceso de beatificación, algo apropiado para un ser celestial, un centauro, en palabras de su amigo Oliver Stone, llegado para redimir a los pobres, luchar contra el imperialismo –léase ayudar a terroristas— y otras bobadas caras a la izquierda.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

Gracias Espantapájaros. Muy acertada la explicación de Jesús Mosterín. Es que no es poca la gente que no quiere ver que, cuando observamos un dictador en serie, sus dictados no pierden la condición de tales en función del modo en que el dictador fue elegido.