Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 03, 2013

EL QUEJICA

Los de IU o como se llame ahora suelen ser gente con barba por dentro y por fuera, de rictus serio y amargado y proclive a abroncar al prójimo si descubren que está disfrutando demasiado de su libertad o envidian su éxito. Es un partido de resentidos que, como subrayó con acierto José Bono, promueve el odio social. Sostienen teorías económicas fallidas y admiran el régimen cubano, la democracia favorita de Cayo Lara, según sus propias declaraciones. Comprendo su enfado permanente: la realidad va por un lado y ellos por otro.

A Cayo Lara, supuesto líder izquierdista en un tiempo en que florecen movimientos extremistas y planteamientos totalitarios, no se le ve cómodo, muy a su pesar, en esta tesitura. Él lo intenta, pero dudo mucho que el más indignado de los indignados confiara él ni siquiera como ascensorista. Cuando se personó en un cordón humano para frenar un lanzamiento, fue abucheado e increpado. La gente sabe detectar a los impostores políticos. En fin, todo eso genera frustraciones que el pobre hombre tiene que ir desahogando de cuando en cuando.

En esa línea furibunda de IU antes indicada, en el pasado representada por el irascible Llamazares, ya en el Debate sobre el estado de la Nación Cayo Lara obsequió al público con un soporífero sermón apocalíptico y descamisado en el que abundaron los tópicos, las frases manidas y los eslóganes. En cambio, escasearon las ideas y argumentos. Si cada vez que Cayo Lara invocara el sagrado nombre de la sanidad o la educación públicas, o el cine o la investigación (a los que dedicó un fúnebre viva), cayera del cielo un euro para financiar semejantes tótems, no habría problemas en España. Pero lo cierto es que los recursos no surgen por generación espontánea y los servicios públicos tienen un coste elevado. Los que se oponen a cualquier reforma que abarate esos costes y modernice la gestión de los servicios públicos son los que más perjuicio les infligen, pese a que manifiesten que ellos sólo trabajan por el interés público.

No contento con esta intervención, ahora el líder de IU ha protestado airadamente porque no se le hizo una entrevista en un programa de Tele Cinco al que acudió como invitado. Él pudo hablar, pero no hubo entrevista. No entiendo la queja. Puse el programa durante unos minutos y en todo ese tiempo sólo pude contemplar a Cayo Lara hablando incesantemente sobre Bárcenas y el PP, ofreciendo una explicación repetitiva y cansina, aparentemente sin fin, que aburrió al normalmente solícito con los progresistas Jordi González. La inexpresiva Elena Valenciano, presente en el plató a través de una pantalla (habrá seguido el ejemplo de Rajoy), ni se molestaba en disimular. Mientras hablaba Lara, se notaba que estaba pensando en la lista de la compra.

Por tanto, estimo lógico que se decidiera no dar más pábulo al rumboso Lara. Difícilmente podría haber añadido algo más. Me temo, además, que el índice de audiencia se desplomó durante su monólogo. Hay que tener en cuenta que Lara es un orador sólo un escalón superior a Gregorio Gordo, líder de IU en Madrid, que no se separaba nunca de sus cuartillas para poder recitarlas en debates televisados o parlamentarios. Aunque le replicaran o se cambiara de tema, él nunca se apartaba del guión, que leía con dificultades.

Le pido a Cayo Lara que no se sulfure tanto. Bastante es que le invitaran y le dejaran hablar. La televisión, por suerte, no es un gulag soviético, así que allí manda e influye menos que un miembro del público de Sálvame.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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Claudedeu dijo...

Vi el momento. Fue monumental. Lara hablando y los contertulios pensando en la lista de la compra, igual que Valenciano, mientras yo iba al baño, me cepillaba los dientes, me miraba los puntos negros de la nariz, sonreía al espejo y preguntaba, al estilo de Taxi Driver, "¿Estás hablando conmigo?", y volvía al sofá con una cerveza mientras Lara entraba en nudo de su monólogo.

El Espantapájaros dijo...

parecida situación viví yo. Si lo viste, convendrás conmigo en que era ocioso realizar una entrevista a Lara, pues ya había soltado su infumable monólogo y poco más podía añadir. Pero esta gente siempre va de víctima, de maltratada por las cadenas privadas, el capital, etcétera.