Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 31, 2013

EL ERROR MONTORO

Aunque el principio de equilibrio presupuestario está consagrado en la Constitución (art. 135) y su cumplimiento se exige desde Bruselas --aparte de por una elemental racionalidad económica--, en última instancia todo depende de unos gobernantes a los que les cuesta reducir el gasto público, que no deja de ser su principal arma, y antes que ser austeros optan por distintas triquiñuelas y subterfugios para quedar bien, o lo que es peor, deciden que el problema no estriba en el gasto, sino en el el ingreso, y entonces empiezan las subidas de impuestos.

Un ejemplo dolorosamente cercano es el de Cristóbal Montoro. En el pasado, confié en este hombre. Creía que, en virtud de su experiencia y preparación, era el idóneo para dirigir el Ministerio de Hacienda. Los hitos de su gestión demuestran, sin embargo, que ha sido y va a seguir siendo un error muy dañino, un error que es difícil que corrija Rajoy. Ya hace unos meses hablé de él, todavía otorgándole el beneficio de la duda. En este momento, dicho beneficio se ha evaporado y pido su destitución.

La estrategia seguida por el Ministerio de Hacienda desde que Montoro está al frente se resume en control laxo del gasto público y subidas de impuestos, complementadas por un control tributario --el que afecta al contribuyente-- sumamente severo. Ahora el ínclito Ministro tiene en mente “un tipo moderado en el impuesto estatal sobre depósitos bancarios”, en el entorno del 0% y cuyo objeto no es otro que compensar a las Comunidades Autónomas que han perdido recaudación como consecuencia de la anulación de ciertos impuestos propios por la normativa estatal. Se trata, visto de otro modo, de un castigo para los ahorradores. Y ya van unos cuantos.

A nadie se le puede escapar que el Gobierno se ha relajado en su compromiso con la reducción del déficit. Por un lado, la consigna es que ya no va a haber más ajustes, que ya no se necesitan más sacrificios. Por otro, se está aflojando la presión sobre las Comunidades Autónomas. El caso de Cataluña es flagrante e ilustra con claridad que el Gobierno prefiere exprimir al ciudadano antes que podar un sector público hipertrofiado, aun cuando ello comporte inevitables consecuencias políticas.

Pues bien, sí se necesitan más ajustes y sí hay que ser exigentes con las Comunidades Autónomas. La tranquilidad con que el Tesoro está financiando sus necesidades no se debe, por supuesto, a que se haya completado la consolidación fiscal, sino al paraguas protector del Banco Central Europeo. Porque la pura realidad es que la Deuda pública no deja de crecer y la reducción del déficit no marcha según lo previsto.

Así, ya es público y notorio que, a fin de suavizar la cifra de déficit de 2012, Montoro retrasó devoluciones tributarias a enero de 2013, de modo que en diciembre de 2012 se pudo computar un mayor volumen de ingresos. La Unión Europea ha corregido esta práctica artera, elevando el déficit de 2012 del 6,74% inicialmente declarado al 6,98% (sobre el PIB). Es ocioso recordar que los socialistas estuvieron detrás de ocultaciones de mayor envergadura, pero el suceso pone de relieve que queda lejos el día en que el Ministro de Hacienda no tenga que recurrir a maquillaje contable para cumplir los objetivos de déficit. Álvarez-Cascos, con acierto, ha calificado a Montoro de “tramposo compulsivo”.

A la vez, caracteriza a Montoro una retórica contra el fraude fiscal rayana en el paroxismo, profundamente demagógica y arrogante, pues parece que sólo él haya pagado impuestos en toda la Historia de España. Pese a los incisivos medios legales de que se está dotando a la Agencia Tributaria, confiesa que no puede controlar ese fraude y tiene por ello que subir el IVA y lanzar veladas acusaciones contra determinados colectivos y partidos. Si tiene conocimiento de defraudaciones por parte de sujetos identificados, lo que debe hacer es no hablar tanto e impulsar las oportunas comprobaciones e investigaciones. Y cuando se impongan las sanciones, será el momento de avergonzar públicamente a partidos como IU, si bien en este caso ya está completamente confirmado que se utilizaron las retenciones en el IRPF de sus trabajadores para cubrir gastos propios en lugar de ingresarlas en Hacienda. Varias de sus sedes en Madrid han sido embargadas por este motivo.

Montoro está convirtiendo España en un infierno fiscal y, aun así, se ve obligado a recurrir a artimañas como la aquí explicada. La posición de España es mucho más delicada de lo que se piensa. Para evitar tropiezos que lastren la recuperación, hay que sustituir a Montoro por alguien que, de entrada, esté en sus cabales.

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