Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 17, 2013

MEJOR JAVERT QUE ADA COLAU

De Mariano Rajoy agradezco que no se deje zarandear fácilmente por los vaivenes de la opinión pública y publicada, aunque, como desventaja, tal resistencia suponga en ocasiones pasividad y tibieza. Ante el mensaje apocalíptico que está calando en la sociedad española (todo está mal, ningún político vale, hay que convocar elecciones y abrir un proceso constituyente), Rajoy no se ha inmutado en exceso. Lo aplaudo.

España es un país dado a la tragicomedia, a los movimientos pendulares y maximalistas. Sin negar la gravedad de la crisis o el rosario de casos de corrupción, creo que nada es suficiente para justificar lo que algunos exigen con mucha palabrería hueca y pocas ideas constructivas. Los indignados, en sus distintas modalidades, son un intento de reemplazar la democracia representativa por un totalitarismo asambleario en el que el poder se ejercería desde la calle. Ellos son los valedores del mensaje más disolvente para el sistema.

En cambio, en una entrevista para The Economist Rajoy ha sostenido que “todavía funciona el sistema de grandes formaciones que se turnan en el poder”. Afirmó también que España es “un país serio en el que no han surgido partidos estrafalarios”. Matizaré esto último, pues estando de acuerdo con Rajoy en que no han surgido tales partidos, la razón de ello es que ya existían antes, como IU, que a lo estrafalario suma la admiración por la dictadura castrista, el resentimiento social y la adhesión a todo lo que fragmente España, o los partidos amigos de ETA avalados por el Tribunal Constitucional.

Asimismo, discrepo de algo que a veces dicen los del PP, a saber: España necesita un PSOE fuerte como alternativa. ¡En absoluto! España necesita, efectivamente, un partido progresista y moderado con el que pueda turnarse el PP, pero ese partido ya no puede ser el PSOE --a quien sólo van a votar ya los viejos y el Grupo PRISA--, sino UPyD, una formación que cuenta con políticos valiosos y, sobre todo, un proyecto nacional, serio y coherente, a pesar de que está dentro de las que exageran al pedir ya mismo elecciones. Siempre he optado por el bipartidismo, en contra de la pretensión de muchos españoles de ver en el Parlamento partidos hechos a su medida. Una pluralidad de pequeños partidos que tuviesen que aliarse entre sí haría España ingobernable.

Volviendo al tema principal de este escrito, las alternativas a la democracia representativa, a mi juicio, no son buenas. Que se aleje de aquí el fantasma revolucionario. Y, en una democracia como ésta, los partidos políticos son necesarios, por qué no decirlo. Ahora bien, como he venido defendiendo a lo largo de varias semanas, lo anterior no está reñido con adoptar reformas que permitan una lucha eficaz contra la corrupción, ya sea potenciar la fiscalización que realiza el Tribunal de Cuentas, obligar a los partidos a ser más transparentes, reducir el tamaño del Estado para que los políticos no puedan influir en cada parcela de la sociedad… Ésas son las reformas en las que hay que insistir. Lo demás son cantos demagógicos.

Quienes no lo vean así, tienen fresco el ejemplo de Ada Colau para escarmentar. Una mujer que cabalga a lomos de la demagogia y el discurso deletéreo, que con amenazas y difamaciones está promoviendo una reforma que ayudará a los que en el pasado se endeudaron irresponsablemente en perjuicio de los que un futuro deseen hipotecarse para adquirir una vivienda, es la nueva heroína de la izquierda que aspira a destruir el sistema, IU y asimilados, y de la izquierda definitivamente arrumbada en el baúl de los recuerdos, PSOE.

Hablando de la demagogia y el espíritu de Savonarola que están recorriendo el país, un amigo me citó esta semana a Epicuro: “Dejadle. Pues conserva entre los dolores de parto la arrogancia sofística de su lengua, como otros muchos esclavos”. Buena frase para soltársela a la enrabietada Colau y su tropa de vociferantes. La otra heroína revolucionaria, en este caso del socialismo más petrificado y cubierto de telarañas, Beatriz Talegón, ya ha sufrido en sus carnes el trato caprichoso que dispensa la masa a los oportunistas cuando empieza a descontrolarse. No es otra la revolución a la que ella misma, en su ignorancia, apela. Una revolución que se llevaría todo por delante y que, obviamente, gentes de capacidad tan menguada como ella o Rubalcaba no podrían manejar.

El PP ganó las elecciones generales de 2011, así como las andaluzas y gallegas de 2012. El veredicto de las urnas es el que importa. Encuestas y manifestaciones deben ser atendidas, pero usualmente lo más correcto para dirigir con éxito una nación es desoírlas. En este momento, no hay motivo para ir a un proceso electoral anticipado. Rajoy, con todo, ha de dar la cara, aprobar nuevos ajustes, limpiar su partido e implementar reformas como las que he enunciado. Eso es lo que reclamaré sin descanso.

A mí me encanta escuchar Do You Hear The People Sing? (qué diferencia con las rimas y cánticos vergonzantes a que nos tienen acostumbrados los indignados españoles); empero, siempre estaré de parte del inspector Javert.