Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 24, 2013

DOS BUENAS PELÍCULAS DE SYLVESTER STALLONE

Cada vez es más reconocida como leyenda viva del cine la figura de Sylvester Stallone. Si a comienzos del siglo XXI su trayectoria aparecía un tanto decadente, hoy, con películas como The Expendables (2010) y The Expendables 2 (2012), más las que están en camino (por ejemplo, The Tomb), ha recuperado plenamente la grandeza que merece, acreditando una gran capacidad de convocatoria y una energía inagotable. A sus 66 años sigue trabajando en el cine y manteniéndose en forma. Es un ejemplo a seguir, no como muchos de esos acores españoles que sólo saben lanzar consignas fáciles o entonar los lamentos progresistas.

Siempre es buen momento para homenajear a un hombre al que considero un referente en todos los sentidos y al que admiro en su triple faceta de actor, director y guionista. Para ello, en la noche del cine por excelencia, voy a rememorar dos películas tal vez no completamente desconocidas, pero sí fuera de lo que un espectador normal citaría como productos típicos de Stallone.

En la primera, Encerrado (1989), Stallone encarna a Frank Leone, un preso a punto de cumplir su condena que cae en las garras del alcaide Drumgoole (Donald Sutherland). Normalmente suelo ponerme de parte de las autoridades, pero Drumgoole es tan perverso que no puedo darle mi apoyo, aparte de que el suyo es un caso flagrante de abuso y desviación de poder. Su intención hostigar a Leone para que cometa algún error que aumente su condena. El motivo de su inquina es una pasada afrenta de Leone que el infame alcaide, acompañado por sus odiosos esbirros, quiere vengar.

Esta película ha sido injustamente despreciada. Como aficionado a los dramas carcelarios, tengo que declarar que Encerrado es un filme muy apreciable. Sí, están presentes todos los tópicos del género, pero las actuaciones de Stallone y Sutherland, junto con algún otro personaje interesante, elevan su nivel. Es casi un placer sádico asistir al acoso al que somete el alcaide a su viejo adversario: el estoicismo de Leone se va quebrando ante golpes cada vez más duros hasta que no le queda otra salida que reaccionar… y darle una lección a Drumgoole que, a mi juicio, supone un final digno para este villano.

Más aclamada fue Cop Land (1997). Ayer mismo pude disfrutar de ella de nuevo. Aquí Sly interpreta al deprimente sheriff de un pueblo en el que reside una multitud de policías de Nueva York, muchos de los cuales son corruptos, o tienen “comportamientos irregulares”, en la terminología eufemística de Artur Mas, y están encubriendo a un compañero que mató a dos sospechosos desarmados.

El sheriff Freddy Heflin debe su cargo al cabecilla de los policías corruptos y vinculados a la mafia, que le aceptan en su seno a condición de que no haga mucho ruido. No pudo entrar en la policía por ser sordo de un oído y es un hombre sin auctoritas ni potestas en el pueblo, donde todos le ningunean o le tratan como a un niño y los escándalos se suceden ante sus ojos. Tan amansado está el sheriff que ni siquiera el teniente Moe Tilden (Robert de Niro), de Asuntos Internos, consigue que colabore con él para investigar tras soltarle un duro discurso acerca de que es su oportunidad de ser un verdadero policía.

No es una cinta de acción ni de disparos, a pesar de que su tramo final si se desarrolla a tiros. El ritmo es lento, pausado, detallista, y la historia se recrea en los muchos fracasos y en el estado de postración de su protagonista. Dejando a un lado el Quis custodiet ipsos custodes?, que sería el asunto central, la película es una honda reflexión sobre las aspiraciones personales frustradas, el cumplimiento del deber y los problemas de depender en exceso de los demás.

En ambas películas Stallone interpreta el papel de individuos fracasados, venidos a menos, vapuleados por las circunstancias. Empero, con la debida presión y un objetivo en mente, esos individuos acaban estallando y enderezando su torcida situación con su fuerza de voluntad. En realidad, los dos personajes más afamados de Stallone, Rocky Balboa y John Rambo, responden a ese modelo. La lección es que no hay que rendirse jamás:"No se trata de cuán fuerte puedes golpear, sino de cuán fuerte puedes recibir y seguir adelante. Esto es lo que marca la diferencia en la vida".

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Copland es con certeza la película más mencionada cada vez que alguien elogia la calidad interpretativa de Stallone.

El Espantapájaros dijo...

Su interpretación es convincente y de calidad. De todos modos, pienso que es un actor que se implica a fondo en cada una de sus películas. No sólo hay que valorar lo que haga delante de la cámara, sino también el entrenamiento y el que hecho de que no use dobles (me refiero a sus películas de acción).