Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 03, 2013

DEL DISCURSO A LOS HECHOS: TODO DEPENDE DE RAJOY

Dijo la sartén al cazo: “Apártate, que me tiznas”. Con similar desvergüenza, ha dicho un balbuceante Rubalcaba a Rajoy: “Dimita usted porque no es digno”. En realidad, con mayor desvergüenza, porque en términos de limpieza el señor Rubalcaba es un montón de estiércol al lado de Rajoy. El PSOE, el partido más corrupto de la Historia de España, carece de autoridad para dar lecciones. No sólo por los escándalos pasados y presentes, sino porque nunca ha acometido un auténtico proceso de regeneración ni ha hecho reformas para atajar el problema de la corrupción.
Tampoco apoyo, obviamente, a los que se han apresurado a rodear la sede del PP y siempre han pasado de largo por la del PSOE. Parece que los casos de corrupción, cuando afectan al PP, son más graves y susceptibles de originar algaradas. Aunque sus pancartas digan otra cosa, los manifestantes están allí contra el PP, no contra la corrupción.

No tengo intención de disculpar todo lo que haga el PP. Hay indicios fundados de financiación ilegal, de pagos irregulares y de comportamientos poco ejemplares de muchos de sus dirigentes. Por ello, el PP debe dar explicaciones, ser transparente y colaborar con los jueces y fiscales.

Ayer Rajoy dio un discurso, a mi juicio, convincente y necesario. Pero comete una equivocación al negarlo todo, ya que los sobresueldos, fuesen gastos de representación o no, existieron. Es mucho lo que hay que aclarar: la procedencia del dinero y si los dirigentes agraciados tributaron lo que era debido.

Después de las rotundas palabras de Rajoy, que quizá se ha comprometido demasiado, han de venir los hechos. Aparte de las auditorías interna y externa, se me ocurren varias acciones adicionales, como una querella contra Bárcenas y la expulsión inmediata de todos los que hayan cobrado sin declarar. La verdad es que confío en Rajoy, pero cada vez menos en el PP. De ahí que considere que la estrategia de Rajoy, más que enrocarse en la honorabilidad de todo su partido, tendría que pasar por estar dispuesto a efectuar una limpieza exhaustiva e implacable.

En todo caso, no sería razonable que un cargo público tuviera que dimitir no ya por una imputación, sino por una mera sospecha de ilegalidad. Lo único cierto hasta ahora es que Bárcenas tenía una cuenta particular en Suiza y que circulan por ahí unos toscos apuntes contables que podrían ser cualquier cosa. Honestamente, no hay aún material suficiente para pedir dimisiones, excepto para quienes no consienten la sola idea del PP en el Gobierno y están consumidos de ansia de poder.

Los serios problemas de corrupción en partidos e instituciones sólo se arreglarán con una terapia drástica. Muchos ciudadanos que andan estos días indignados aparecen como adalides de la ejemplaridad y civismo y cargan contra todo a ciegas. Tal vez piensen que las cosas se arreglan con pancartas, rimas de tres al cuarto y metiendo rodajas de chorizo en los sobres para votar. Para evitar el callejón sin salida al que nos abocan las masas ignorantes, ya propuse la semana pasada varias ideas que, en definitiva, obedecen a dos objetivos: reducir el peso del sector público en la economía y, consiguientemente, que los políticos no tengan tantos ámbitos en los que ser tentados por la corrupción, el favoritismo o el tráfico de influencias. Cuanto menos poder acumulen, menos podrán corromperse, cualitativa y cuantitativamente.

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