Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 09, 2012

UN DIQUE CONTRA LA MAREA BLANCA

Muy recientemente, he tenido que pasar por el trance de que me extrajeran una muela del juicio problemática. Era necesaria la intervención de un cirujano maxilofacial y acudí a la sanidad pública. Pude ver fuera y dentro del hospital muchas pancartas y carteles contra los planes de la Comunidad de Madrid denominados privatizadores por los profesionales del sector sanitario. Eran carteles con rimas malas y manifiestos trufados de tópicos y falacias. A los médicos les había colocado en un altar, y creo que son de los más importantes profesionales en una sociedad, pero a la hora de protestar están demostrando tener un nivel muy bajo. Gregory House se echaría las manos a la cabeza.

No estoy en contra de la sanidad pública, de la que soy usuario. Durante demasiado tiempo, la izquierda agitó en Madrid el bulo de la privatización, a sabiendas de su falsedad. Lo que en verdad ocurría es que se abrían nuevos hospitales y los usuarios reflejaban su satisfacción en las encuestas. Pero la crisis pasa factura y se imponen cambios en un sector tan costoso como es el sanitario. En todo caso, la sanidad madrileña no se privatiza, sino que la gestión de varios hospitales va a ser adjudicada a empresas privadas, en la previsión de que prestarán un servicio sanitario más eficiente y ahorrarán dinero.

Este plan, obviamente, supone cambios nada cómodos para la generalidad del personal sanitario afectado. Hay puestos de trabajo y condiciones laborales en juego. Y los médicos, siempre muy celosos de su poder, ven con malos ojos que un empresario les organice. Tienen derecho a protestar y a exponer las insuficiencias del modelo propuesto, que las tiene. Pero lo que no pueden hacer es mentir descaradamente.

Están tratando de confundir a la opinión pública. En ningún caso se va a proceder a una privatización de la sanidad madrileña, que seguirá siendo gratuita y universal. Los usuarios no van a notar el cambio, como pone de manifiesto el hecho de que en hospitales de gestión privada ya operativos se atiende bien, sin merma de la calidad, y así lo reconocen los interesados. Con su huelga indefinida, son los médicos y enfermeras los que realmente están perjudicando a los pacientes. No sé por qué claman contra lo privado si ellos mismos son los primeros en defender sus intereses estrictamente particulares cuchillo en boca.

Los médicos, que en hospitales de gestión privada ya no serían funcionarios, se acogen a consignas ñoñas y baratas. “La sanidad no es un negocio”, dicen. Y lo dicen sin empacho alguno, a pesar de que muchos de ellos, entre los que cabe incluir a los líderes de la protesta, regentan clínicas privadas de las que obtienen grandes beneficios. Socialistas y comunistas, por su parte, también se oponen. Habría que recordar que en Andalucía abundan los conciertos con la sanidad privada. Y allí no gobiernan los neoliberales, sino PSOE e IU. En esta historia no hay que creer ciegamente a los que están detrás de la pancarta. Es muy fácil exaltar lo público, pero conviene no dejar de lado los datos y los argumentos serios. Las posturas irreductibles son las que más daño hacen en un contexto de crisis en el que los cambios son imprescindibles y, en ocasiones, forzosos.

¿Cuál es el problema de fondo en esta polémica? Cuando el Estado decide proveer un servicio público, en este caso la sanidad, la producción del mismo puede ser pública o privada. O dicho en términos jurídicos, hay que distinguir entre titularidad y gestión del servicio. Ambas alternativas son imperfectas. La Comunidad de Madrid ha entendido que es preferible una gestión privada (al menos en determinados hospitales) porque piensa que se reducirán los costes y no será afectada la atención sanitaria. Ello no significa el fin de la sanidad pública madrileña. Indudablemente, a la CAM debe exigirse un proceso transparente y que se eviten a toda costa los favoritismos y los chanchullos. También ha de negociar con el personal sanitario a fin de minimizar los efectos negativos de la externalización sobre situaciones particulares.

La bata blanca de los médicos es un símbolo de autoridad. Que se asocie ese símbolo a protestas demagógicas e histéricas por medio de las cuales se pretende engañar al ciudadano no les hará bien a la larga. La CAM tiene que lograr que la marea blanca, esa disparatada y suicida rebelión, se estrelle contra un dique construido con razones de peso y capaz de imponerse a la infumable ensalada de lemas, cantos y bailes en que ha degenerado la noble profesión médica.

4 comentarios:

Pedro dijo...

Hola,

Cuando se dice que se "privatiza la sanidad" se está siendo inexacto, quizá estás buscando alarmismo, pero no es una mentira. Que la gestión de algo sea privado cuando antes era público es una privatización, que no es total porque el bien sigue siendo de titularidad pública y porque el servicio está 100% subvencionado por el estado, pero insisto no deja de ser una privatización o si se quiere una privatización parcial del sistema.

Para hacer propaganda política es más fácil estos eslóganes fáciles y en cierta manera es lógico. Si el personal sanitario o los partidos de izquierda comenzasen a sacar informes larguísimos con conceptos técnicos y comparativas pesadas al final el mensaje no llegaría.

Al final la cuestión central es si esto se debe permitir, y la respuesta cerrada es NO. La sanidad pública tiene problemas pero ninguno de ellos se resuelve privatizando la gestión de la sanidad en un sistema con otras áreas públicas.
Ninguno de los beneficios que dice la CAM que este sistema traería son realistas. Mi comunidad, la valenciana, fue la pionera en este tipo de cosas y hoy es la comunidad más arruinada de España en relación a su PIB. No es culpa de esto, por supuesto, pero si es un buen ejemplo de cómo los hipotéticos ahorros no son más que una excusa en el mejor de los casos.
El hospital pionero de este servicio, el de Alzira, tuvo que ser "rescatado" a los tres años de entrar en servicio porque las previsiones de gasto sanitario fueron irreales. Todo el supuesto ahorro se quedó en nada, porque hubo que hacer un nuevo concurso público con cantidades por paciente mucho más onerosas.

Yo recuerdo hace 3 o 4 años como el exministro Bernat Soria iba a los EE.UU a explicar como la sanidad pública española daba un enorme abanico de servicos a un coste sustancialmente inferior a un seguro privado gracias a su centralización y coordinación. En ese momento éramos una referencia sanitaria y teniamos el 4º mejor sistema sanitario del mundo.
A los 3 años no podemos estar así, es disparatado. Nuestro sistema sigue siendo excelente y si hay un problema de recursos y de sostenibilidad habría que empezar a poner el dedo en la verdadera llaga que obliga a un gasto exagerado del sistema, que está en dos partes: La desviación de los pacientes a la sanidad pública desde la privada (coste que acaba en el servicio público en vez de en coste para las compañías de seguros) y de las mutuas de trabajo también hacia la privada.

Saludos,

El Espantapájaros dijo...

Es únicamente la externalización o privatización de la gestión. Pero los socialistas y batas blancas hablan de privatización total o de desaparición de la sanidad pública. Es una falsedad intolerable.

Opino que aquí el único mensaje auténtico es que el personal sanitario está peleando por todos los medios para conservar su situación actual. Los médicos no quieren someterse al empresario y trabajar más y mejor. Eso lo entiendo, pero es repugnante que mientan con tanto descaro. Y, por lo demás, las formas también importan. Esas rimas patéticas, esas "performances" sonrojantes... Están perdiendo autoridad.

Alzira no fue el mejor modelo y la solución habría sido no rescatarlo. Hay que asumir el fracaso empresarial. De todos modos, en Madrid funcionan bien y los usuarios están contentos.

El hecho de que hace tres años pareciera que el sistema iba bien no significa que realmente estuviese bien. Mucho de lo que antes se consideraba sostenible lo era sólo en apariencia, porque había un espejismo de gasto público inagotable. La deuda del SNS es superior a los diez mil millones de euros. Existe un problema de fondo que hay que atajar, caiga quien caiga y guste o no a los inmovilistas que se creen los sumos sacerdotes de los servicios públicos. Esa gente, al final, es la que más daño hace.

En cuanto a los problemas que apuntas, señalar que ese desvío no es una imposición del sector privado, sino una necesidad derivada del colapso de la sanidad pública; y que el 82% de los funcionarios beneficiarios de Muface optan por la sanidad privada. ¡Y todavía serán ellos los que nos salven del capital!

Pedro dijo...

Mi comentario no iba por MUFACE, sino por las mutuas de trabajo que tienen la obligación de dar bajas y pagarlas, ocuparse de las enfermedades laborales, etc. Y que al final acaba haciéndolo todo la sanidad pública.
Respecto al desvío tampoco me has entendido o no me he explicado mal. Cuando tienes un problema grave un hospital privado al que vas por un seguro te desvía a la pública, con la consecuencia que acaba siendo la pública quien se encarga de los tratamientos y no el seguro privado.
Todo eso son gastos del sistema sanitario que acban beneficiando a compañías aseguradoras privadas y eso no puede ser.

Respecto a lo que dices de Alzira, ¿no había que rescatarlo? ¿Entonces qué haciamos? ¿Lo dejábamos cerrar? Eso no puede ser, no puedes dejar a una comarca sin hospital, así que la única solución hubiese sido volver a haberlo declarado de gestión pública y hacer una especie de "nacionalización" del bien externalizado.
Pero claro eso hubiese supuesto el golpe de gracia a las intenciones privatizadoras porque se hubiese dejado claro que el ahorro era ficticio, y por eso no lo hicieron.
Y en una consideración más abstracta podemos ver que con esto pasa como con los bancos, que no se les puede dejar quebrar. ¿Qué capitalismo es este donde cuando hay beneficios sí hay responsabilidad privada y cuando hay pérdidas se debe rescatar? Si hay algo que no se puede asumir su quiebra, entonces no debe estar sometido a la iniciativa privada.

Que el sistema es insostenible es una opinión personalísima tuya que a tenor de todo lo que sabemos es falsa. El sistema público español es comparativamente barato para los servicios que ofrece, siempre lo ha sido y no tiene sentido destruir algo exitoso.
10 mil millones de euros es el 1% del PIB del país, teniendo en cuenta que hay que construir hospitales para que se usen durante décadas y viendo que % del PIB de España se gasta en sanidad no me parece a mi una deuda desorbitada para lo que se hace y para las infraestructuras que tenemos.
Insisto, si se regulase mejor a las mutuas, los desvios de la privada a la pública, las facturas del turismo sanitario y otros problemas de gestión menores tendriamos un sistema más saneado.

Y si aún así no hay recursos pues se aumentan los recursos, quitándolos de otros sitios o generando más. Hay líneas rojas, líneas que no se deben pasar y el hecho de que haya déficit o pocos recursos no puede permitir que todo sea recortable y prescindible, porque no lo es.
Si el sistema no tiene líneas rojas, si la falta de recursos puede condiciarlo todo menos los tótems sagrados (pagar la deuda, que el estado no tenga medios de producción, el libre comercio, la libre circulación de capitales, etc.) entonces es que el sistema no vale.

Saludos,

El Espantapájaros dijo...

Entiendo tus argumentos, pero sigo sin ver nada especialmente malo en que un hospital de la sanidad pública sea gestionado por una empresa privada. El fracaso del primer hospital gestionado de esa manera no es el fracaso de todos; y, como te he dicho, en Madrid los que hay funcionan bien.

Estoy de acuerdo en que posiblemente haya que regular mejor algunos asuntos, como el del turismo sanitario. Ten en cuenta que en Madrid no todos los hospitales van a pasar a ser de gestión privada. Así pues, las reformas deben ir en todas direcciones.

Hay que ser más realista. Los recursos no se generan dando una patada en la tierra. Si existen soluciones más eficientes y baratas, si es factible gestionar mejor sin merma de la calidad del servicio y con satisfacción de los usuarios, hay que explorarlas, como mínimo. Es absurdo y miope cerrarse a cualquier reforma que no cuente con el beneplácito de los dogmáticos que se arrogan la única posible defensa de los servicios públicos. No hay aquí "one best way".

No se comprende que menciones tótems sagrados cuando tú estás defendiendo uno que además es un prejuicio ideológico, que no es, insisto, la sanidad pública, sino los intereses del personal sanitario.

Es muy fácil señalar que Alzira fracasó. Pero si las Administraciones Públicas estuvieran sometidas a las mismas reglas que una empresa privada, muchas de ellas habrían quebrado no una sino cuarenta veces.