Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 02, 2012

CUANDO SÓLO QUEDA NOSTALGIA

Lo negarán, pero la nostalgia es lo único que ha unido por unas horas a un PSOE fragmentado, anquilosado y perdido. El acto de homenaje a Felipe González en el treinta aniversario de su primera toma de posesión ha evidenciado que, para el PSOE, cualquier tiempo pasado fue mejor y que, tal vez, no haya mucho futuro. Los socialistas se han arremolinado en torno a su antiguo dios no sólo para rendirle pleitesía, sino también para demostrar que todavía son algo, a pesar de las sucesivas derrotas electorales.

Pero es dudoso. Felipe González es muy superior a Rubalcaba y, por supuesto, a Zapatero. Lógicamente, mantengo ciertas reservas. No puede desconocerse cómo acabaron sus gobiernos, la corrupción a mansalva, los GAL, la voluntad de que el poder político socialista copara todas las instituciones... La situación que heredó el PP era muy mala, crítica. Por ello, no creo que deba mitificarse a González.

No obstante, él supo modernizar el PSOE y convertirlo en un partido aceptable para la mayoría; acometió reformas profundas ya en el Gobierno, con miras de estadista; y, por último, el PSOE albergaba un proyecto ambicioso de carácter nacional y contaba, en general, con gente capacitada en sus filas.

Actualmente ocurre lo contrario. El PSOE está dividido, ayuno de ideas y anclado en el pasado. Además del recuerdo fresco de siete años tras los cuales España ha quedado postrada por la crisis, les lastra lo anticuado de sus líderes e ideas. Hay algunos jóvenes, pero con mentalidad de anciano, como Tomás Gómez, el que una vez lució patillas. Con Rubalcaba al frente, el PSOE no podrá aspirar ni a un mínimo lavado de cara. Porque el señor Rubalcaba es la viva imagen de lo peor del PSOE, si es que hay algo bueno.

Respecto a su programa, solamente tiene dos opciones. La primera es la ejecutada por Tony Blair con el Partido Laborista, esto es, limpiar el partido de viejos dogmas ideológicos y asumir que a la gente le preocupa más su bolsillo que las causas sociales en abstracto. Basta ya de decir a la ciudadanía que gracias a ellos tiene derechos y que sólo ellos pueden interpretarlos. El PSOE, si eligiera esta vía, tendría que parecerse más al Partido Liberal de Sagasta que a la mezcolanza de clichés y lemas de pancarta que es hoy.

La otra opción es la que, por desgracia para ellos, parece que están prefiriendo. Radicalizar aún más su discurso, oponerse con testarudez a los recortes en el gasto público y sumarse al pensamiento altermundista de los indignados. Como bien ha señalado Aznar, en una pelea de radicales gana el más radical. La extrema izquierda ya tiene muchos productos, a cual más aberrante, donde elegir. No necesita uno nuevo, adulterado y plagado de izquierdistas caviar.

A mí, honestamente, el PSOE no me importa nada. Ha hecho más daño que bien a España, sobre todo en los últimos siete años, y es el partido más corrupto de la Historia. Aun así, entiendo que en democracia es saludable la existencia de una alternativa seria al partido gobernante. Y si esa alternativa no es una unión temporal e inestable de chiringuitos extremistas, mucho mejor. Así pues, creo que es necesaria una oposición fuerte y unida. Estoy a favor del bipartidismo, una alternancia que requiere de dos jugadores aseados.

El recambio del PP no tiene por qué ser el PSOE, claro está. Visto lo visto, es posible que el PSOE no recupere jamás la fuerza que tuvo, especialmente si persiste en mantener unos líderes caducos y un discurso trasnochado, contrario a la libertad económica y a las aspiraciones individuales, y si sigue diciendo cosas distintas en función de la región de España a la que se dirija.

Mi sueño, ya lo he dicho otras veces, es que en España se turnaran en el poder dos partidos. Uno liberal y el otro más liberal si cabe. Como está difícil, puedo conformarme con un PP menos intervencionista y con UPyD de recambio. Queda un largo trecho para que este último partido pueda ocupar el lugar del PSOE, pero los socialistas, absortos en su nostalgia, se lo están poniendo fácil.