Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 11, 2012

UNA HUELGA GENERAL CON FINES PARTICULARES

La segunda huelga general convocada en esta legislatura, prevista para el próximo miércoles, no tendrá el efecto de torcer la voluntad del Gobierno. Primero, porque un éxito rotundo es improbable. Y, en segundo término, porque el Gobierno, a pesar de que mucha gente proteste, tiene la obligación de gobernar y de no escuchar a la calle, especialmente en caso de que ésta se entregue a líderes tan irresponsables como Tocho y Cándido.

Aunque no cumpla su objetivo, el de forzar al Gobierno a que convoque un referéndum sobre los recortes, la huelga sí servirá para difundir propaganda y deteriorar un poco más la imagen de España, dejando ahora al margen la actuación violenta de los piquetes coactivos, el destrozo de mobiliario urbano, las pérdidas de las empresas, etcétera. La huelga es una buena excusa para contar un relato de la crisis que no se corresponde con los hechos. Porque hay gente a la que determinados políticos y sindicalistas, con embustes sobrecogedores, ha convencido de que los culpables de la crisis del sector financiero son los bancos y que los recortes son malos sin excepción.

En rigor, el verdadero problema del sector financiero se incubó en las cajas de ahorros: en ellas se han dado los mayores abusos, disparates y corruptelas. Estas entidades, gestionadas por políticos y sindicalistas, son las que han recibido las más cuantiosas ayudas públicas. Bankia, por ejemplo, no es otra cosa que la fusión de ocho cajas de ahorros, controladas --hay que insistir-- por fuerzas políticas. El mal no vino de las finanzas, sino de la política. Los bancos, en general, han hecho sus deberes. Por consiguiente, es una vergüenza que politicastros como Elena Valenciano sigan hablando de ayudas a la banca, creando una confusión deliberada para ocultar las responsabilidades de políticos y sindicalistas en el colapso del sistema financiero español. Los bancos y los ciudadanos no necesitan rescates del Estado: necesitan ser rescatados de políticos socialistas y sindicatos que hacen de todo menos defender a los trabajadores.

Por lo que se refiere a los recortes, a nadie debería doler que se adelgace un Estado demasiado grande e ineficiente y que se reformen determinados servicios para que puedan seguir funcionando en un futuro. Y, además de lo anterior, la reducción del déficit es un asunto crucial para sanar la economía y un objetivo irrenunciable exigido por la Unión Europea. Ocurre que los sindicalistas se resisten al cambio y sólo ofrecen como alternativa una orgía de gasto público (y si lo administran ellos, mejor). En mi opinión, la gente que con más cerrazón ideológica defiende los servicios públicos es la peor enemiga de los mismos. Obstaculizan reformas que son las que pueden salvar lo salvable del Estado de Bienestar.

Como ha criticado Esperanza Aguirre, “los convocantes de la huelga general del próximo día 14 están haciendo un uso torticero del derecho de huelga porque es indisimulable su carácter político, es decir, su pretensión de doblar el brazo a un gobierno democrático y legítimo”. Sin duda, es una huelga ajena al interés de los trabajadores. El único interés en juego es el de UGT y CCOO, que pretenden mantener a toda costa la rentabilidad de su fructífero y opaco negocio sindical. Desde 2010, su poder e influencia han disminuido, y tampoco les ha sentado bien perder parte de las subvenciones que reciben del Estado, ya que viven de eso, no de las cuotas de sus afiliados. Lógicamente, entiendo que miles de liberados participen en la huelga general, pero no ciudadanos bien informados. Regreso a lo que escribí en 2010 con ocasión de otra huelga general: “Apoyar a los sindicatos en esta huelga general es cometer un error, pues los únicos beneficiados van a ser Cándido y Tocho, tanto monta, cuyo temor a que se les acabe el chollo es tangible”.

Habría que determinar cuál es el grado de responsabilidad de estos dos sindicatos en la situación actual de España. Si en 2008 el Gobierno hubiese reaccionado poniendo en marcha reformas y controlando el gasto, muy probablemente a día de hoy no tendrían que haberse hecho tantos recortes de sopetón y adoptado decisiones drásticas (dejo claro, de todas maneras, que la austeridad predicada por unos y deplorada por otros no es en la mayoría de los casos real). Sin embargo, hasta 2010 Zapatero estuvo mal aconsejado o presionado por Cándido para no hacer nada, excepto emplear el dinero público en abrir y cerrar zanjas. Pues bien, cuando los sindicatos hablen de lo que tiene que hacer o dejar de hacer el Gobierno, habría que reprocharles su papel en la crisis. Puede que el Gobierno se equivoque en muchas cosas, lo que no excluye la certeza de que caer en manos de los sindicatos sería infinitamente peor.

Finalizo con ciertas advertencias. Los que sigan la huelga han de respetar el derecho a trabajar de los demás y los servicios mínimos. Y la actuación de piquetes coactivos puede y debe ser contestada con denuncias a las autoridades, o bien ejerciendo la legítima defensa si hay agresiones por su parte.

2 comentarios:

Claudedeu dijo...

La cuestión no es reducir las subvenciones que perciben, sino eliminarlas, que se autofinancien de una maldita vez, evitar que otros cientos de mecenas de la habladuría y las mamandurrias vivan con copete y puro de Papá Estado. A ver si llega ese día.

El Espantapájaros dijo...

Todos los gobiernos suelen ser tibios con los sindicatos, a pesar de que su fuerza es cada vez menor, como se ha visto en esta huelga general descafeinada. El actual, por lo menos, va por el buen camino, reduciendo subvenciones y no dejándose intimidar.

Pero estoy de acuerdo en que habría que encarar esta situación con más garra, esto es, eliminar toda subvención progresivamente y reducir todo lo posible su influencia.