Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 21, 2012

SAINETE DE ESTUDIANTES

La educación en España es otro de esos despropósitos nacionales que parecen no tener fin ni solución. Las sucesivas leyes educativas, todas socialistas, no han resuelto los distintos problemas, en especial el del fracaso escolar, y la afluencia masiva a las universidades no ha estado unida a una mejor colocación en el mercado de trabajo. A mi modo de ver, es dudoso que la generación mejor preparada de todos los tiempos lo sea de verdad. Puede ser la generación con más acceso a la información, o la que más títulos acumula, nada más.

Cada partido, cuando ha estado en el poder, ha hecho sus aportaciones. Actualmente, la gestión de José Ignacio Wert está siendo muy contestada, aunque hay que situar dicha gestión en un contexto de escasez y dificultades extraordinarias. Y respecto al titular del Ministerio de Educación, lo que queda claro es que la izquierda se está cebando con él: sus provocaciones y su estilo incisivo no responden al arquetipo de derechista acomplejado del PP.

En este sentido, se ha dado esta semana un fenómeno doblemente paranormal. Una huelga de estudiantes patrocinada por los propios padres. La huelga de estudiantes, es decir, de personas que por definición no son trabajadores asalariados, es ya un contrasentido, y aún lo es más que sean los padres los que la animen, uniéndose para ello a una organización tan poco ejemplar como lo es el Sindicato de Estudiantes.

Entiendo que haya gente que, en su odio ciego hacia Wert, no lo reconozca e intente disimular. Digan lo que digan, el Sindicato de Estudiantes es una organización de extrema izquierda, sectaria, con ideas, retórica y métodos bolcheviques. Si los padres quieren que sus hijos defiendan la educación pública de la mano de tales compañías, es su problema, pero que no intenten ocultar el radicalismo de esos supuestos sindicalistas. De armar escándalo y corear su propaganda saben mucho; lo de estudiar lo dejan en un segundo plano.

Que no se dude. El auténtico riesgo para la educación pública reside en quienes, apoyándose en prejuicios ideológicos las más de las veces, no aceptan ningún cambio y que creen que sus derechos irrenunciables no cuestan dinero. Los que tanto se llenan la boca en su defensa serán los que la terminen destruyendo, no inexistentes fantasmas neoliberales. Amores que matan.

La educación pública no corre ningún peligro, al margen, lógicamente, de los problemas de sostenimiento que acusan a día de hoy todos los servicios públicos. Los padres están enfadados por la desaparición de ciertas becas y ayudas. ¿Supone eso la privatización del sistema? A fuerza de exagerar, las críticas pierden consistencia.

Y aunque haya motivos legítimos de queja, enviar a los hijos a esa mal llamada huelga a reír las gracias al Sindicato de Estudiantes es un acto execrable. Afortunadamente, la convocatoria no ha tenido mucho apoyo.

La izquierda, que intenta que la educación no salga del redil en que la ha encerrado, ha extendido la creencia de que lo único que hace falta es invertir más dinero. La realidad es que desde los años noventa los recursos destinados a la educación no han dejado de aumentar. Sin embargo, el mayor gasto no ha producido mejores resultados. A lo mejor son necesarias otras cosas, empezando por un cambio de actitud de los padres, que en muchos casos encomiendan la educación de sus hijos exclusivamente al Estado y olvidan que ellos también tienen una labor que realizar en el proceso. Y los estudiantes tienen que estudiar, como es obvio, y crecer en un entorno en el que el mérito y el esfuerzo sean premiados.

Por último, el asalto a un colegio religioso orquestado por varios miembros juveniles de IU merece comentario aparte. IU se ha revelado ya plenamente como un partido que no duda en saltarse la legalidad cuando lleva a cabo sus actos políticos. Insultan, agreden, roban... Es un partido que ni siquiera recrimina las acciones delictivas de sus miembros más violentos y aberrantes, como el gordo sin estudios al que han detenido Los enaltece y trata como si fueran héroes. La estrategia de IU es sacar rédito a estos tiempos de tensiones y descontentos, aglutinar a los radicales, aunque tenga que renunciar a un mínimo de decoro y respeto por las leyes. Puede que les ayude momentáneamente a ganar protagonismo, pero les pasará factura cuando la gente se percate de que ése no es un camino transitable en democracia.