Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 08, 2012

NECESIDAD O NO DE LOS POLÍTICOS

Cuando Esperanza Aguirre propuso dejar en 65 diputados la composición de la Asamblea de Madrid, a los socialistas les faltó tiempo para oponerse con ferocidad y, rasgándose las vestiduras, clamar: "Los políticos nos sacarán de la crisis". Lo cual me ha llevado a interrogarme sobre ese particular. ¿Tan importantes son los políticos? ¿Podríamos prescindir de ellos o, como mínimo, de un buen número?

Por lo pronto, es obvio que una nación --y más en los momentos decisivos-- necesita un líder capacitado que la guíe y un equipo político detrás, así como unos representantes de la voluntad popular (en la democracia representativa). Lo que no necesita es una multiplicación absurda de líderes, cargos de confianza, representantes, etcétera. Asimismo, se necesitan buenos políticos en ciertas instituciones, pero sin desconocer que ha resultado ser muy perjudicial para nuestra democracia la invasión política de todos los resquicios desde donde se ejerce el poder, desde el Consejo General del Poder Judicial hasta las cajas de ahorro. La politización de estas últimas, de hecho, es una de las causas fundamentales de que el sistema financiero español esté hoy rescatado y en entredicho.

Así pues, hay que suavizar la afirmación de que España saldrá de la crisis gracias a los políticos. De la crisis se saldrá con el esfuerzo de empresarios y trabajadores, con la paciencia y el estoicismo de los que pagan sus deudas y sus impuestos, y aceptan que no es sostenible un sector público como el español, que debe ser revisado. Lógicamente, en ese proceso de reformas y regeneración hacen falta políticos. Políticos, he de matizar, que renuncien a cuotas de poder en lugar de acrecentarlas a la menor oportunidad; políticos que dejen respirar a la iniciativa privada; políticos que no aburran con su moral y sus intentos de educar a los ciudadanos en sus creencias; políticos que no pretendan tomar todas las decisiones y salvar a la gente con demagogia e ideologías trasnochadas. Esos políticos, que además de lo apuntado deben estar preparados y ser audaces y patriotas, son los que pueden venir bien a España.

Y, a contrario sensu, lo que en absoluto necesita España son políticos adictos al poder, como es el caso de Rubalcaba, que en cuanto abandonó el Gobierno y sufrió la derrota electoral tuvo que encaramarse al liderazgo del PSOE para seguir saliendo en televisión y gozando de influencia (cada vez menos, afortunadamente). A este tipo de políticos los denomino políticos profesionales. Nunca han trabajado fuera de un partido y su vida se divide en períodos de cuatro años, ya que nunca ven más allá del final de una legislatura. Son políticos que declaran encantados lo mucho que le deben al partido y que no saben hacer otra cosa. Esta casta política es la que ha creado cientos de empresas públicas a semejanza de agencias de colocación, la que continúa subida en el coche oficial y la que se ha rodeado de una gruesa capa de privilegios, al amparo del corporativismo, del hoy por ti y mañana por mí. Para ellos es impensable que se rebaje el número de diputados de una asamblea legislativa: supone menos cómodos sillones que repartirse, y son muchas las bocas que alimentar en el partido.

De los que acabo de describir no es que España no necesita ni uno más, sino que hay que librarse de ellos paulatinamente. Esos políticos que jamás han salido de las faldas del partido y que sólo actúan en función de intereses partidistas son indudablemente responsables del hundimiento económico de España.

No creo que todos sean unos corruptos ni nada por el estilo. Ésa es una sentencia demasiado fácil que no comparto. Pero mi visión de los partidos políticos y sus funciones está ya exenta de cualquier idealismo. Sigo y estudio el modelo diseñado por el economista Anthony Downs, cuyo axioma principal es que los partidos en democracia lo que buscan es ganar votos, y no necesariamente persiguiendo el bien común, pues son equipos de hombres que anhelan el poder por el poder, a través del cual disfrutan de beneficios, prestigio, fuerza... De esta forma, se moverán en el mercado electoral intentando maximizar la ganancia de votos, con programas y comportamientos que no siempre son eficientes o adecuados para el interés general.

De la exactitud de este modelo habla la actitud entre recelosa y despectiva que tienen los partidos españoles con proyectos surgidos de la sociedad civil. Según ellos, solamente en un partido puede existir actividad política válida. Es un monopolio, por lo que suelen mirar mal a independientes o tecnócratas, inclusive si forman parte de gobiernos apoyados por ellos mismos.

La democracia actual requiere partidos políticos sólidos, limpios y con ideas. Sin embargo, no necesita cientos de miles de colocados y aprovechados que no sirven de nada, o iluminados que resuelvan la vida a los ciudadanos con varitas mágicas y dinero público. Con esta crisis ha llegado la hora de hacer limpieza en España. Sería muy injusto que los políticos fuesen los únicos que salieran indemnes.

No hay comentarios: