Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 22, 2012

LA REVOLUCIÓN DESDE ARRIBA ES EL ANTÍDOTO FRENTE A LAS BARRICADAS

Andan los ánimos soliviantados en la calle. No hay día sin manifestaciones o protestas, y el Congreso de los Diputados está fortificado para preservar su integridad y la de sus señorías de los manifestantes menos pacíficos. Los Bardem han desempolvado sus pancartas, siete años después, y encabezan a los colectivos afectados por las decisiones del Gobierno. En general, se está extendiendo la idea de que hay que rebelarse en la calle contra los ajustes y recortes.

No albergo ninguna esperanza en soluciones revolucionarias. Y si además se trata de revoluciones auspiciadas por Cayo Lara o los indignados, creo que se puede adivinar mi entusiasmo por la idea. Algunos inconscientes, no se sabe si medio en serio o medio en broma, están cogiendo el gusto a realizar proclamas inclusive violentas y decir que hay que incendiar Madrid, al igual que sucedió en Atenas. No sólo me refiero a los extremistas inveterados, sino a gente normal que está perdiendo el sentido común.

Francisco Rubio Llorente expresó a finales de 2011 una crítica sumamente certera contra los indignados: "En el 15-M, dicho con mucha dureza, hay un poco mentalidad de súbdito más que mentalidad de ciudadano. Se protesta contra el poder porque se considera una cosa ajena y eso no es bueno". En efecto, se comportan como súbditos airados, cuando ya pasó el siglo de las revoluciones; y las más recientes, las socialistas, sólo trajeron pobreza y sufrimiento. El Gobierno actual, lo haga mejor o peor, es fruto de unas elecciones democráticas y actúa en los márgenes del Estado de Derecho. Asimismo, la pertenencia de España a la Unión Europea es completamente voluntaria. En absoluto se está combatiendo a una tiranía.

Por ello, en mi opinión, es más consistente la mentalidad de ciudadano. Los políticos no son perfectos, pero el conjunto de la ciudadanía tampoco. ¿O es que a Zapatero le eligió Merkel? Claro que existen motivos muy justos para la queja. La semana pasada señalé unos cuantos y no voy a ahondar en ello. El Gobierno, sin duda, debe estar sometido a críticas, exigencias y escrutinio público, y las manifestaciones son legítimas siempre que se respeten los límites a ese derecho. Lo que no encaja en un Estado de Derecho y, por añadidura, en una mentalidad de ciudadano es que se pretenda subvertir el orden desde la calle.

Me da mucha pena que tantas personas estén cayendo en la trampa de grupos de interés cuya gran aportación al bien común es captar fondos públicos y dedicarse a sus asuntos propios. Tocho y Méndez salen hombro con hombro a protestar no por los trabajadores, sino para mantener el estupendo negocio en que se han convertido sus sindicatos. Y otro tanto cabe decir de otros muchos colectivos.

El caso de los funcionarios quizá sea más delicado, porque están perdiendo mucho salario a la vez que se les exige trabajar más, lo que obviamente no agrada a nadie. No obstante, debería primar su vocación de servicio público, que es, a fin de cuentas, lo que les diferencia de otros trabajadores; y excluir algunas conductas no ejemplares. No contribuye en nada a la buena imagen del funcionario que los bomberos utilicen un camión del parque en sus protestas o que los nuevos policías aplaudan a los sindicatos que han pinchado las ruedas de los furgones de los antidisturbios. Hay juegos que no se pueden tolerar, ni siquiera en el supuesto de que estén legítimamente enfadados.

Ojalá no sucumba opinión pública a los demagógicos cantos de sirena de quienes pretenden que estalle el país. Como sostenía el pintor Oskar Kokoschka, ante ciertos problemas "surgen profetas que tienen prisa en arreglar el mundo, aunque ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos acerca de sus ideas y sus reformas. En lo único que están de acuerdo es en que hay que incendiar la casa [...]". Es primordial la paciencia.

La única revolución en la que creo es en la revolución desde arriba, la promovida por Antonio Maura en los convulsos albores del siglo XX español. El Gobierno tiene también la responsabilidad de restablecer la confianza entre "gobernantes y gobernados". A tal fin, "ya no hay más que un camino, que es la revolución audaz, la revolución temeraria desde el Gobierno, porque la temeridad es, no obra de nuestro albedrío, sino imposición histórica de los ajenos desaciertos". Esa revolución, traducida en reformas como la del Estado autonómico y en un discurso contrario al crecimiento excesivo del sector público, es la que puede y debe plantear el Gobierno a los ciudadanos de una manera constante, coherente y ordenada. Es imperativo, pues será lo que derrote a los que desde las barricadas anhelan volver a días turbulentos y oscuros.

4 comentarios:

Carlos Fernández Ocón dijo...

Sí, cómo me gustaría suscribir un escrito tan bien intencionado. Pero a la hora de caer en trampas, a ver quién se salva: "El Gobierno actual, lo haga mejor o peor, es fruto de unas elecciones democráticas y actúa en los márgenes del Estado de Derecho", pues precisamente; es fruto de unas elecciones democráticas en las que prometió todo lo contrario de lo que hace. Mintió para ganar. Es un gobierno 'tan legítimo' como el del que presumía otro ganador de elecciones. El voto no es un "ahora ya puedes hacer lo que te apetezca" aunque en España sea lo usual.

Todos estábamos esperando, precisamente, la necesaria revolución desde arriba. Ya lo ves ¿LACASTA debilitando a LACASTA?.

"En absoluto se está combatiendo a una tiranía", en eso te doy la razón, en absoluto se está combatiendo. Pero, amigo, es una tiranía. Me sabe mal decírtelo, me sabe mal que sea así, me sabe fatal que se salga detrás de Cayo's, Bardemes y Cándidos, odio que la gente de bien siga en sus casas.

El Espantapájaros dijo...

Es discutible que mintiera deliberadamente y, en todo caso, no sería algo nuevo. Además, el que el PP ganase más elecciones fue más bien por rechazo a Zapatero y el PSOE que por sus propias propuestas. A mí, sinceramente, un programa electoral me importa bien poco. De hecho, dudo que la mayoría de votantes lo lleguen a leer. Es un mero panfleto, un catálogo de buenas intenciones y posibles líneas de actuación. Algunos compromisos podrán cumplirse y otros no. Un Gobierno que no fuera capaz de descender de su programa electoral sería pésimo.

La realidad en España es que la situación del déficit era peor de la esperada. La urgencia y los problemas acuciantes en los mercados financieros han determinado una actuación errática del Gobierno, que considero criticable; y en muchos casos se han adoptado malas decisiones y omitido otras necesarias. Sin embargo, hay un trecho entre ello y decir que el Gobierno ha perdido su legitimidad democrática. El mandato imperativo no procede en España. No digo que ganar unas elecciones por mayoría absoluta sea un voto en blanco, siempre debe haber límites y lo he dicho aquí. El tema es que la crisis ha desbordado ya todos los parámetros y la revolución o destronar al Gobierno no me parecen alternativas ni válidas ni viables. Me asombra la tentación de muchos de precipitarse al abismo, de suicidarse colectivamente como país.

Del problema de la clase política ya hablé en un escrito anterior.

No tengo la sensación de vivir en una tiranía, a pesar de los sacrificios y tragos amargos que se nos están imponiendo. Tiranía es lo que vienen a proponer muchos de los que se manifiestan en la calle.

Carlos Fernández Ocón dijo...

Amigo El Espantapájaros, cualquiera con la intención de mejorar las cosas de todos - y no exclusivamente pendiente de mantener un chiringuito - habría actuado diferente desde el primer minuto. Desde condecorar a los zejas para avisarles de su inmunidad ("tranquis que no voy a hacerlo") hasta 'las medidas' que no van dónde deben si no dónde quieren. LACASTA no toca a LACASTA.

Acabo de encontrar una cita de Kenedy: "Los que hacen imposible una evolución pacífica, harán inevitable una revolución violenta"

RAMÓN SALAR dijo...

Y a su juicio ¿cómo se hace la revolución desde arriba?, pues parece que este gobierno si es subdito de Merkel, Mario Draghi, el club de los treinta, etc. Me interesan mucho sus comentarios ya que representan un contrapunto a la calle, pero ¿cuál es, en su opinión, el camino que debe seguir España para que no nos temen el pelo?, pues a día de hoy (5 de agosto 2012) el presidente de BCE ya se ha retratado. Un saludo