Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 29, 2012

EL PACTO COMO MILAGRO Y COMO DISTRACCIÓN

Obligada por un volumen de deuda insostenible y el cierre del grifo de la financiación, Cataluña va a pedir un rescate al Estado, al igual que otras Comunidades Autónomas. En general, cuando uno pide algo de esta magnitud trata de adoptar un aire humilde, y si se trata de un préstamo debe dar muestras de que será capaz de devolverlo. Sin embargo, en este caso no es así. La Generalidad todavía se permite el lujo de solicitar la asistencia del Estado con la arrogancia de exigir, a la vez, un pacto fiscal que no es más que otro problema inventado por los nacionalistas.

Como ya avisé en el pasado, el pacto fiscal es una cura milagrosa prometida por los nacionalistas a su audiencia más alienada, ya que, si Cataluña tiene problemas, es sólo a causa de las estrecheces que les impone el Estado. Nunca abandonan sus viejos éxitos, entre los que se incluye el hecho de que ellos, los nacionalistas, no son responsables de nada. Lo ha refrendado Artur Mas con claridad: "El pacto fiscal es la respuesta a casi todas las necesidades".

Debe de referirse a las necesidades de opacidad de su partido, CiU, a fin de continuar con sus ya habituales corruptelas. En palabras de Albert Rivera, "es curioso que el mismo que quiere tener una Hacienda propia para que no le investigue nadie y la controle CiU es el investigado por Hacienda". Qué suculentos negocios podría emprender Oriol Pujol sin esas pesquisas de los entrometidos de la Agencia Tributaria. Tantas molestias, naturalmente, entorpecen el buen hacer de los convergentes. Es la única necesidad a la que puede obedecer el famoso pacto fiscal.

Aunque separada del régimen general la Generalidad contara con más recursos, la gestión nefasta, el derroche y la corrupción no desaparecerían. Madrid, sin pacto fiscal y con 4000 millones menos en transferencias este año, presenta unas cuentas mucho más saneadas. Por tanto, no todo depende de más autonomía. Es asombroso que este debate, además, se produzca en el marco de un nuevo sistema de financiación aprobado en 2009, en teoría, para satisfacer las exigencias de Cataluña.

En lugar de adoptar el papel de víctima, la Generalidad debería reconocer que el oasis catalán está estancado y, por ende, urgentemente necesitado de apertura y dinamismo. Una región donde se intenta discriminar por todos los medios posibles a los que hablan en castellano, que se niega a liberalizar horarios comerciales, que no aborda de frente el problema de corrupción y cuyas instituciones afirman alegremente que no van a cumplir una sentencia del Tribunal Supremo, es un sitio no atractivo para invertir. Que se dejen de pactos y se pongan manos a la obra con lo que tienen, que no es poco.

Otro problema es el de la arrogancia, no sólo en Cataluña. El momento álgido fue cuando pidieron al Ministerio de Hacienda que se relajase el objetivo de déficit después de que la UE concediera un punto adicional al Estado. La respuesta de Montoro fue impecable: "¿Cómo pedís más déficit si no podéis financiar lo que tenéis?". Es por ello que el Gobierno ha de ser muy exigente con las regiones a las que rescate, pues todas parecen dispuestas a seguir burlando sus compromisos a pesar de su grave situación.

Cataluña no necesita un pacto fiscal, sino mejores políticos, a poder ser que no traten de engañar a la población con las fantasías nacionalistas. El proyecto de Artur Mas ha fracasado. Y, sin ninguna duda, hay que rechazar ese relato por el que Cataluña va a ser rescatada por el Estado... debido a que el Estado no le concede lo que pide.

NOTA: Este espacio permanecerá cerrado por vacaciones las próximas semanas. Actualizaré el día 19 de agosto. Hasta entonces, queridos lectores.