Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 24, 2012

LA ÚLTIMA SALIDA DE DON ANGUITA

Esta semana ha sido publicado un manifiesto escrito por Julio Anguita, histórico líder de IU. Titulado Somos mayoría, se dirige a la mayoría social (la que padece la crisis, la precariedad, los recortes sociales, etcétera) a fin de que se una y se movilice en un Frente Cívico que tendría dos objetivos fundamentales: tomar una suerte de conciencia de clase para que le solucionen la vida los poderes públicos; e inducir "de manera creciente a los poderes públicos a legislar y gobernar en beneficio exclusivo de la mayoría".

Quisiera aclarar que respeto a Julio Anguita, a quien tengo por político honesto y culto y persona cabal. Pero no puedo compartir la alternativa que describe en su manifiesto ni las ideas que apuntalan la misma. Un manifiesto pesado de leer, barroco y casi cómico, pues las aspiraciones de Anguita, caducas y muertas antes de nacer, fracasadas en todas las partes en que se han aplicado, sólo pueden ser tomadas como una gesta quijotesca que, en vez de "regenerar la democracia", la ahogaría en las calderas del infierno colectivista. Y al final da risa. Mejor sería que Anguita dedicara su tiempo e ilusiones a otros menesteres más lúcidos y productivos.

Después de toneladas de palabras aliñadas con unos generosos chorros de demagogia y viejas leyendas izquierdistas, Anguita explica su plan, que consiste en que en el "Estado español" se organicen asociaciones, grupos y demás, que son parte de esa mayoría a la que alude todo el rato, para obligar a algún partido político a asumir su programa, so pena de votar en blanco o abstenerse en las próximas elecciones. Anguita no busca protagonismo, pero se reserva el papel de Referente a fin de consolidar esa mayoría y luchar por la justicia social.

Vale la pena analizar ciertas ideas que se recogen en el manifiesto a modo de material de trabajo para esa supuesta estructura conformada de colectivos y asociaciones que, cual alfileres de un inmenso acerico unidos por la causa (el símil es de Anguita), debería confeccionar un programa en torno a su discusión.

Son diez y se resumen en más poder del Estado y regulaciones. Una economía planificada. Es decir, lo que cabría esperar de un comunista. Y, como no podía ser de otra manera, parecen concebidas para un reino que no es de este mundo. Verbigracia, salario mínimo interprofesional de mil euros y pensiones no por debajo de ese mínimo. A lo mejor Anguita ha terminado creyendo que el dinero cae del cielo cuando se trata de hacer demagogia y prometer regalos, pero con una economía que no crece, como la española, y un Estado con un acceso a la financiación cada vez más restringido, ignoro cómo podrían implantarse estas dos medidas. La mayoría social de Anguita, si es que existe y si es que quiere constituirse como tal, que lo dudo, puede gritar, enfadarse y lloriquear. No por ello cambiará la realidad, que es testaruda, y la escasez de recursos, y sin crear riqueza y trabajar, dos elementos desaparecidos en el manifiesto, es imposible lograr una mejora duradera de las condiciones de vida.

Sorprendentemente (o no), otra idea es la banca pública. ¿Cómo defender una banca pública cuando han sido las cajas de ahorros, controladas por políticos y sindicatos en las Comunidades Autónomas, los sujetos del sector financiero en cuyo seno se han cometido más abusos y ha habido mas escándalos y fallos en su gestión? La banca estrictamente privada ha capeado mucho mejor el temporal. No hay que olvidar que Bankia, entidad nacionalizada (como solución temporal, por cierto), era la fusión de siete cajas de ahorro. En caso de crearse una banca pública, ¿sostiene por ventura Anguita que la administrarían ángeles en vez de la clase de catetos nombrados por políticos que han arruinado las cajas de ahorro?

Respecto a la reforma fiscal, aboga por "progresividad, persecución del fraude fiscal, la economía sumergida y los paraísos fiscales". Por supuesto, toda una novedad en materia tributaria: va a ser el Frente Cívico el que descubra la progresividad de los impuestos y la lucha contra el fraude fiscal. ¿Dónde vive Anguita? ¿En las Islas Salomón? En ocasiones da la impresión de que en los últimos años no se hubieran elevado los impuestos o no se estuviese cercando a los contribuyentes con disparates abusivos como los reunidos en el plan de lucha contra el fraude fiscal del Gobierno (por ejemplo, limitar el pago en efectivo de servicios profesionales a 2500 euros u obligar a los ciudadanos a declarar sus bienes en el extranjero). Pero lo cierto es que el bolsillo y la seguridad jurídica de los ciudadanos están acusando la voracidad de Hacienda.

Es imposible que este manifiesto y su hoja de ruta prosperen. Y no por falta de medios o porque las multinacionales conspiren contra los hombres sencillos, sino porque creo que la inmensa mayoría no busca ser parte de la masa vociferante, sino destacar y ser mejor. Al menos en Madrid, lo que siento es que la gente quiere ganar más dinero y gastarlo libremente, y está harta de las prohibiciones del Estado, de que se expolie al contribuyente para mantener una Administración hipertrofiada y privilegios para los políticos y de la ingeniería social que practican los partidos. Lo expresó con claridad Esperanza Aguirre en una reciente conferencia: "Madrid está lleno de ciudadanos, sobre todo jóvenes, que, cuando se les pregunta qué quieren de los políticos, responden que lo que quieren es que les dejemos en paz, que les demos libertad, que no nos inmiscuyamos en sus vidas, que no pongamos obstáculos a sus iniciativas". Como observa Aguirre, los ciudadanos empiezan a comprender que "por muy bienintencionados que seamos los políticos, ellos, los ciudadanos, saben mejor que nosotros cómo organizarse su vida".

Su manifiesto, señor Anguita, está condenado a caer en el olvido o a ser simplemente objeto de chanzas o comentarios como el mío. España no necesita ningún referente, ni ninguna mayoría que oprima y robe a los que tengan más capacidad económica. Su manifiesto tal vez será celebrado por lectores de Público y asociaciones republicanas de pueblos perdidos y atrasados, es decir, gente vieja, sea física o espiritualmente, resentida, alejada de las tendencias modernas y que no comprende ni puede conectar con las ansias de libertad y lucro personal que mueven el mundo. Anguita, cuando va a la televisión, sigue hablando de la plusvalía del capitalismo y de la lucha de clases. Doctrinas superadas, antiguas y, lo peor de todo, causantes de mucho sufrimiento. Menos mal que en el manifiesto no llama a la revolución obrera.

En mi infancia fundé muchos clubes y pandillas, y varias veces elaboré documentos que me recuerdan, mutatis mutandis, al de Anguita. Documentos en los que detallaba cómo dominaríamos el mundo partiendo de nuestro diminuto, clandestino grupo. Es, más o menos, lo que ha hecho Anguita, que debe aburrirse lo suyo y tiene tiempo para jugar a ser un reformador social o algo así. Y es que en la tercera edad algunos viven una segunda infancia.

1 comentario:

jose luis dijo...

Ucho bla bla y pocas alternativas, No sabes ni enn qué país vives...