Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 10, 2012

COMENTARIOS CRÍTICOS AL PLAN DE RUIZ SOROA

El abogado José María Ruiz Soroa ha expuesto en las páginas de El País una propuesta ("Romper el tabú" es el título del escrito) para regular consultas de carácter secesionista en el marco constitucional y cuya finalidad última sería dar un cauce democrático a los anhelos nacionalistas, cuantificando la voluntad separatista de una región determinada, y, al mismo tiempo, neutralizar su perpetuo chantaje basado en la independencia, que usan como medio para obtener condiciones más ventajosas que el resto. Así las cosas, asevera el jurista, "por fin podríamos decirles: si no están de acuerdo, váyanse". Lo cual, según él, libraría a los españoles demócratas "de los desagradables epítetos que hoy nos merecemos" (al oponerse a consultas que puedan suponer una ruptura de la unidad nacional).

Someramente explicado, su plan se basa en establecer por ley un mecanismo por el cual el Gobierno central estaría obligado a celebrar un referéndum sobre una eventual secesión si la asamblea legislativa de una Comunidad Autónoma lo pidiera por una mayoría de tres quintos. En caso de manifestarse una voluntad partidaria de la secesión, se tendría que proceder a reformar la Constitución a través del procedimiento agravado de reforma (art. 168), que implica, como último y fundamental paso, someter a referéndum la reforma. La propuesta, indudablemente, es respetuosa tanto con la primacía de la Constitución y la soberanía nacional, que retendría la última palabra, como con lo que a veces parecen exigir los nacionalistas.

Creo que el plan de Ruiz Soroa, prima facie, es consistente: un intento más o menos razonable de poner fin a los múltiples quebraderos de cabeza que ocasionan los nacionalistas. Sin embargo, su aplicación práctica sería un fracaso sin paliativos. Presento a continuación mis objeciones.

En primer lugar, suponiendo que hubiese políticos lo bastante solventes y valientes como para articular esa regulación, a despecho de sus posibles consecuencias (independencia de una parte del territorio nacional), son inimaginables los obstáculos que podrían surgir con relación a la letra pequeña de las condiciones. Ruiz Soroa menciona de pasada los términos de la pregunta, la mayoría requerida, el censo electoral, la negociación sobre la hipotética independencia, que no habría de soslayar "los derechos de las minorías nacionales que deberían ser como mínimo equivalentes a los derechos que poseyó la anterior minoría en España"... En fin, todo un semillero de conflictos que dificultaría enormemente el acuerdo. Y ello sin contar con que la reforma de la Constitución que describe su artículo 168 ha sido considerada de improbable realización por muchos expertos, dadas las exigencias que plantea.

Salvando todo lo anterior, pienso, en segundo lugar, que la celebración de un referéndum no serviría de nada en lo que se refiere al bienestar de la nación española. Si ganara la independencia, España perdería mucho, qué duda cabe, pero la pregunta es: ¿Desaparecerían la inquina y los afanes destructivos de los nacionalistas? Hay que dudarlo. Siempre encontrarían agravios que reprochar a España, y seguirían señalando Madrid como el origen de sus problemas. Dirían que España trata de boicotear su flamante nación como venganza, que las condiciones de la ruptura fueron impuestas y les resultaban perjudiciales... De unos sujetos capaces de inventarse hechos históricos se puede esperar cualquier cosa.

La otra alternativa tampoco entrañaría un cese definitivo de las hostilidades. En el supuesto de que la consulta arrojara resultados contrarios a la separación, es verdad que los nacionalistas sufrirían un duro varapalo y tendrían que callarse... temporalmente. Podrían denunciar que el procedimiento establecido no les satisfacía o que hubo presiones y coacciones. Habrían perdido una vez, pero seguirían reclamando la independencia. Una vez a su alcance la posibilidad efectiva de conseguirla, tal vez incluso con más virulencia.

Con todo, Ruiz Soroa aventura que los nacionalistas no se atreverían con semejante órdago: "Si la secesión fuera una posibilidad reglada, los nacionalistas se tentarían la ropa antes de apelar a ella". En parte tiene razón. Hay que distinguir al nacionalista de la calle, es decir, el que pita al himno nacional y quema banderas, de la clase política nacionalista, a la que le conviene mucho más la situación actual, en la que puede descargar responsabilidades sobre Madrid y ejercer con asiduidad el papel de víctima, aprovechándose, además, del resentimiento contra todo lo español de los alienados que la vota. No obstante, como he señalado más arriba, es muy posible que la independencia de su región no anulase estos comportamientos y relaciones. Volverían a la carga con lo mismo antes o después.

En la facultad, el año pasado, hubo un debate en el que se analizó este plan. Mi conclusión, nada optimista, era que el problema no reside en la unidad de España o en que seamos más o menos atentos con los deseos de los nacionalistas. El problema son los nacionalistas. Ellos viven encerrados en sus falsedades y en su complejo de superioridad, y han desarrollado sentimientos fanáticos. Su irracionalidad no va a desaparecer de la noche a la mañana, ni siquiera ofreciéndoles el mayor premio. Satisfacer sus peticiones, a mi juicio, no les cambiaría.

Y si el verdadero beneficio de este plan es el de no sufrir los epítetos y acusaciones que tanto hieren a Ruiz Soroa, debo confesar que poco me importa lo que diga de mí una pandilla de racistas, camisas negras, corruptos y enemigos de la libertad individual. Ellos no son los más cualificados para repartir credenciales de demócrata.

2 comentarios:

Francisco dijo...

Me ha parecido un tema muy interesante el que ha tratado. Sin embargo, me ha dado la sensación de que se ha quedado a medias. Expone y y critíca el plan del Sr. Ruiz, sin embargo, usted no propone una alternativa. Se limita a decir que no le gusta la secesión y que no cree que fuese buena para España.

Toda constitución debería tener un mecanismo que regule la secesión. Toda commonwealth debería ser una asociación voluntaría, no una condena de por vida.

Respecto a la cuestión que usted plantea, Si ganara la independencia, España perdería mucho, qué duda cabe, pero la pregunta es: ¿Desaparecerían la inquina y los afanes destructivos de los nacionalistas?, en base a la experiencia irlandesa puedo decirle que la respuesta es afirmativa: llega el momento en que la gente se da cuenta de que la raíz de todos sus problemas no estaba en la metrópoli.

Un saludo

El Espantapájaros dijo...

Muchas gracias.

No tengo por qué proponer una alternativa o buscarla, me basta con criticar la propuesta. Creo que de mi escrito se deduce que la solución es difícil. Mi postura es continuar defendiendo la nación española y promoviendo la libertad y la igualdad entre españoles.

España no es una "commonwealth", sino una nación con siglos de Historia. La Constitución puede ser reformada a través de los mecanismos que la misma prevé. No hay que dejar que la soberanía del pueblo español sea suplantada por unos cuantos chantajistas.

De todos modos, tal vez debería incidir más en que la propuesta de Ruiz Soroa parece contemplar dos objetivos. Uno, acabar o dar una salida a la cuestión nacionalista. Otro, quedar bien democráticamente hablando.

La crítica de mi artículo es que el primer objetivo no se alcanzaría y el segundo no es relevante.

De metrópoli nada. No me gustan las comparaciones entre Irlanda y el problema de España. No son casos que puedan ser objeto de una comparación válida y útil. Y aunque lo fuesen, parece usted desconocer, en su buena fe, el odio imperecedero que albergan los nacionalistas, que no es algo que vaya a disolverse ni aun dándoles todo lo que pidan.