Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 03, 2012

CARTA A LA GENERACIÓN DE 1994

Distinguidos amigos:

Me dirijo a vosotros mediante esta carta con la intención de, humildemente, expresaros ciertos consejos y reflexiones justo cuando estáis a punto de entrar en el mundo universitario.

Ante todo, os pido que disculpéis mi osadía. No os conozco a todos, como es natural, pero gracias a mis fuentes de información sé que atesoráis muchas cualidades y virtudes. No podía dejar pasar la oportunidad de tratar de transmitir parte de mis pensamientos a la juventud que se enfrentará a partir del martes que viene al trance de la selectividad.

Y, por supuesto, a mis conocidos nacidos en el año 1994 les comunico mi afecto y reconocimiento.

No os voy a aburrir con los tópicos al uso o con lecciones baratas de moral. Hablaré desde mi experiencia y conocimientos sobre una serie de cuestiones que entiendo imprescindibles a la hora de encarar el paso que vais a dar.

Lo primero es deciros una sola palabra ante la selectividad, estéis o no más cerca de ella. Esa palabra es coraje. Coraje para no desfallecer, estar a la altura y realizar los exámenes lo mejor posible.

El acceso a la universidad está unido a la mayoría de edad. Ésta supone para la persona la plena capacidad de obrar en el orden jurídico y, entre otras cosas, le permite ejercer el derecho de sufragio, es decir, votar en las elecciones. Pero la democracia no se agota en ese acto. Un ciudadano ejemplar debe ejercitar sus derechos siendo consciente de sus deberes. Debe tener en mente el bien común y la grandeza de su nación. Y también es su obligación formarse para participar con conocimiento de causa en la vida pública y no ser manipulado por los políticos, ya sean progresistas, liberales o conservadores.

A mi juicio, la desconfianza es el rasgo más necesario en el ciudadano que no quiera convertirse en una marioneta sin voluntad propia. Desconfiad de los poderes públicos y de la propia sociedad.

Sí, de la sociedad, de los grupos, de los colectivos... A veces, la masa intenta imponer sus designios y arbitrariedades a través de la fuerza de la calle. Que no os absorba el poder de la masa o de la opinión pública. La tiranía de la mayoría puede ser tan o más opresiva que la de uno solo.

No renunciéis a la defensa de vuestras opiniones y planteamientos, siempre que sea con fundamentos. Incluso cuando os acusen de provocar o discrepéis de una mayoría abrumadora, debéis ser capaces de dar la cara y desafiar al pensamiento único. Si en la universidad os encontráis con asambleas en las que se aprueban consignas y proclamas por unanimidad, despreciádlas, pues de ahí sólo salen disparates y no hay un debate fructífero.

En la medida de lo posible, procurad seguir el principio que Ralph Waldo Emerson plasmó en su ensayo La confianza en uno mismo (1841): "Todo lo que debo hacer es aquello que me concierne, no lo que los demás creen. [...] En sociedad es fácil vivir de la opinión de los demás, mientras que en la soledad es más fácil vivir de la nuestra propia; no obstante, un gran hombre es aquel que cuando está en medio de la multitud sabe salvaguardar la independencia de la soledad con perfecta gracia".

La consecuencia de lo expuesto hasta ahora es el individualismo. Hoy en día están mal vistos los muy individualistas, porque la gente piensa que sólo se preocupan de ellos mismos, que son unos egoístas. ¿Es malo el egoísmo? La escritora y filósofa Ayn Rand dijo en una ocasión: "Para decir 'Yo te quiero' primero uno tiene que saber cómo decir el 'Yo'".

Es sano y compatible con la vida en sociedad buscar los mayores beneficios para uno mismo. ¡Y ésa es la mejor manera de que los demás también se beneficien! Hago mío lo que escribió Adam Smith en La riqueza de las naciones (1776), una verdad inmutable: "Al perseguir su propio interés [el individuo] frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo. Nunca he visto muchas cosas buenas hechas por los que pretenden actuar en bien del pueblo".

Adam Smith está en lo cierto, que a nadie le quepa duda. Guardad las debidas precauciones respecto de aquellos que, movidos por una fatal arrogancia, os aseguran que van a arreglar vuestros problemas y que saben lo que os conviene mejor que vosotros mismos. A la postre, lo más probable es que empeoren las cosas o que exijan un control cada vez más absoluto a cambio de la felicidad prometida.

Un individualista, en definitiva, es el que vive de acuerdo con sus ideas y creencias, protegiendo su libertad y propiedad, pero también el que respeta la conciencia, libertad y propiedad de los demás. El límite de la libertad individual es respetar la ley y no perjudicar a terceros.

No veáis en los mercados o en la libertad económica un enemigo, ya que los mercados sois vosotros y la libertad es vuestra mejor arma. La economía de libre mercado es un sistema que ofrece el máximo beneficio al que es competitivo y codicioso. En contra de lo que se suele decir, opino que la codicia es buena. Nos fuerza a progresar, a superar obstáculos y limitaciones. Si uno aprovecha bien sus oportunidades y lucha por abrirse paso en el mercado, si es ambicioso y perseverante, triunfará.

No esperéis nunca. Que sean los demás los que tengan que correr para alcanzaros. La competencia leal os hará mejores a vosotros y al conjunto de la sociedad. Asimismo, no os burléis de los que queden rezagados y no albergúéis resentimiento hacia el que os supere.

Lo dicho vale para el estudio de una carrera universitaria. La carrera no es un capricho. Su finalidad primordial es adquirir una formación suficiente con la que poder ofrecer algo en el mercado de trabajo. El objetivo detrás de ello no es otro que ganarse la vida. Y ese objetivo es uno de los más nobles que existen, a pesar de que haya quienes hablen del trabajo como una maldición y del dinero como algo sucio.

Ganarse la vida significa independencia económica y libertad. Nuevamente, aparece el individualismo. La carrera y el trabajo os ayudarán a no depender de nadie. No dejéis jamás que sean fuerzas ajenas las que decidan por vosotros.

Puede que os aseguren que vais a formar parte de la generación mejor preparada de todos los tiempos. Por favor, no caigáis en esa trampa de orgullo, ni en el conformismo y la mentalidad colectivista que conlleva. No aspiréis a que nadie os regale nada, o a que el Estado se ocupe de vuestros problemas. Huid del paternalismo y la dependencia; perseguid vuestros sueños por vuestra cuenta y riesgo.

Por último, dejadme que os diga que los años universitarios son de los mejores que vais a vivir. Aprovechádlos al máximo. Importan tanto el estudio como los amistades que entabléis. Reunid cuantos méritos y buenos resultados podáis, y mantened una permanente conciencia crítica respecto a lo que os rodea. Hay que dudar, aprender, pelear y buscar el éxito.

No siempre será fácil, pero oportunidades no os van a faltar de hacerlo. Que no se pueda decir que os escondisteis y que, como otros, elegisteis la mediocridad, el calor de la muchedumbre y la sopa boba del Estado.

Podéis ser los mejores. Antes, tendréis que merecerlo.

2 comentarios:

Canturem dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Pansy Parkinson dijo...

Muchas gracias por tus consejos. Aprecio el tiempo que te tomaste para darnos este mensaje. Atte una joven nacida en marzo del 94