Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 06, 2012

SALUDO DE HONOR EN UNA NOCHE TRISTE

Admiro a pocos políticos en activo. Uno de ellos, el que encabeza mi lista de preferencias, era y es Nicolas Sarkozy. Pero, además, me apasionaba, lo que es raro en mí: intento desligar los sentimientos de las valoraciones políticas. Hay que remontarse a 2007 para comprenderlo mejor. Mientras en España nos teníamos que conformar con el discurso acomplejado y aburrido de Rajoy y del PP en general, en Francia Sarkozy enarbolaba un nuevo y vigoroso discurso conservador que ilusionaba. No aspiraba a ser como la izquierda, sino que ponía en duda su superioridad moral. Ensalzaba el valor y el mérito del trabajo, despreciado por la izquierda, y se identificaba con los que buscaban la movilidad social y transmitir un patrimonio a sus hijos. Prometía una democracia irreprochable para una República de valores. ¡Cuánto envidié a los franceses cuando fue elegido Presidente! ¡Qué feliz y esperanzado me sentí ese día!

Sin duda, su personalidad contribuía a acrecentar el fervor que sentía por él desde que, en otoño de 2005, capitanease con notable eficacia la represión de las revueltas de inmigrantes inadaptados en París. Un hombre magnético, desbordante de energía, carismático y sin miedo a expresar sus ideas. Un hombre de convicción, experimentado y ambicioso. Y, detrás de su ascenso y popularidad, la historia de superación del hijo de un inmigrante que, sin pasar por la ENA y otros tótems franceses, estaba a punto de ser elegido para presidir su país y solucionar problemas que amenazaban con hacer inevitable la decadencia de la República.

De las palabras, es decir, de aquellos excelentes discursos con los que apareció como estandarte de un nuevo conservadurismo liberal capaz de todo, hubo que pasar a los actos. Han sido cinco años difíciles y devastadores, como es evidente, y una parte de la culpa le corresponde a Sarko. En realidad, los resultados obtenidos después de su mandato no son especialmente malos, descontando los peores efectos de la crisis. Creo que en la conciencia de los franceses que le han retirado su apoyo han pesado más dos o tres errores de imagen y alguna salida de tono antes que el aumento del paro o la calificación a la baja de Standard & Poor's. Parece que los franceses prefieren un queso oloroso y pasivo en Elíseo, como Chirac, en vez de un Jefe de Estado cercano, proclive a la acción y siempre dispuesto a dar la cara.

En España mucha gente padece de memoria frágil, pero, velis nolis, Sarkozy ha sido un leal amigo que no ha dado cuartel a los terroristas nacionalistas vascos en territorio francés y cuya mediación ha permitido que España asistiera las reuniones del G-20. El hecho de que se haya referido a España en la campaña no supone ninguna traición ni maldad, ya que él cargaba contra las políticas socialistas que la han dejado en la ruina.

La campaña de Sarkozy ha sido excepcional. Con los sondeos en contra, ha demostrado su coraje, su capacidad para dar la batalla de las ideas y su espíritu renuente al conformismo y la rendición. Con la experiencia adquirida, estaba más preparado que nunca para recuperar la grandeza de Francia y seguir liderando la escena internacional. Estaba decidido a enmendar sus errores y vacilaciones. Estaba decidido a seguir reformando Francia, como hizo con la función pública o con las pensiones.

Pues bien, los franceses han elegido. Han elegido a Hollande, un hombre demasiado normal para un trabajo que no lo es. Han elegido una Francia débil en lugar de una Francia fuerte. Han elegido una orgía de gastos improductivos, apartándose irresponsablemente del equilibrio presupuestario. Han elegido más impuestos y menos energía nuclear. Han elegido retroceder en la esfera internacional y salir apresuradamente de Afganistán.

Dolido y decepcionado, lamentando la derrota de Sarkozy, que tanto me ha inspirado y motivado desde 2005, acepto el resultado. No voy a salir a quemar coches, como hicieron los  izquierdistas radicales en 2007. En cambio, sí haré una advertencia a aquellos que desde España, socialistas y no socialistas, creen ingenuamente que Hollande nos salvará a todos de las garras de Merkel y los mercados. No será así. Esta elección traerá más perjuicios que beneficios. Hollande no conoce la fórmula mágica del crecimiento económico, que no puede basarse en una escalada de gasto público y una economía insana, con déficits como el de España. Pero, aun suponiendo que sus ideas fuesen correctas, él será incapaz de imponerlas. Lo único que hay que esperar de Hollande es que haga perder tiempo a los burócratas de Bruselas y que deteriore la situación de Francia, que hasta ahora no ha salido tan malparada de la crisis.

En esta noche triste, me consuela evocar los buenos momentos que, a título personal, me ha hecho pasar Nicolas Sarkozy. No sólo cuento como tales sus discursos o grandes proyectos, o la intervención en Libia y su odisea para salvar el euro. También hay anécdotas o hechos que fueron absurdamente criticados, como cuando insultó a un campesino irrespetuoso, se casó con Carla Bruni o miró con descaro el escote de una modelo. Los mediocres y envidiosos nunca descansan.

Se va Sarkozy, pero queda la Historia, su legado y su ejemplo. Tras escuchar su emotivo discurso de aceptación de la derrota, en el que asume la responsabilidad y desea suerte al vencedor, sólo me resta inclinar la cabeza con respeto. ¡Servus, Presidente de la República!

4 comentarios:

Francisco dijo...

"Mientras en España nos teníamos que conformar con el discurso acomplejado y aburrido de Rajoy y del PP en general, en Francia Sarkozy enarbolaba un nuevo y vigoroso discurso conservador que ilusionaba."

Recuerdo esta sensación, yo también la tuve. Sin embargo, Mr Reformar el capitalismo resultó ser un simple fraude cegado por su propio ego.

Aunque hay que reconocer que no pasa por sus mejores momentos, me quedo con el conservadurismo inglés.

El Espantapájaros dijo...

La idea de reformar el capitalismo siempre me la tomé como un simple brindis al sol para contentar a la gente, una tontería sin importancia.

Sí, ha habido muchas y hondas decepciones con Sarkozy, pero estaba seguro de que lo habría hecho mejor en un segundo mandato.

El conservadurismo inglés está de capa caída. En la actualidad, es difícil encontrar referentes que ilusionen como lo hizo Sarkozy.

octopusmagnificens dijo...

Parece que los emprendedores franceses están haciendo las maletas: High earners say au revoir to France

El Espantapájaros dijo...

Es normal que huyan: Hollande quiere gravar sus ingresos con un tipo del 75%. Una salvajada confiscatoria.

Voy a echar de menos a Sarkozy. Y los demás, tras un tiempo de socialismo, también.