Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 20, 2012

LA ESPINA

Una vez, en la facultad, mantuve una discusión con un individuo que encarnaba lo que, para mí, es la derecha más abominable, esto es, la derecha casposa, católica a machacamartillo, anticuada, falangista en lo económico y fea. Él lanzó un tema castizo: "Gibraltar español". Mi respuesta fue que tal vez los británicos se habían ganado Gibraltar, después de todo, y que a lo mejor había que reconocerlo, pues los españoles no habíamos sabido jugar bien nuestras cartas. En aquellos días, Morotinos aún al frente de la diplomacia más débil y sumisa de la Historia, se acentuaba mi resignación. La discusión vino después.

Ello no significa que no me importe ese "agravio permanente", como escribió Aznar. Juzgo irreprochable el diagnóstico de Sagasta: "Gibraltar es una espina que llevamos clavada en el corazón; no debemos continuar más tiempo con ella; el amor a la patria lo exige". Es más, siendo anglófilo y un entregado amante de la Historia, cultura y política británicas, tengo presente, con Cánovas del Castillo, que "por muy estrecha que sea la alianza entre Gran Bretaña y España en las relaciones con el resto del mundo, son y seguirán siendo enemigos mortales, irreconciliables y lícitos mientras Inglaterra retenga Gibraltar".

No hay motivos para la esperanza, y menos para gritos orgullosos pero vacíos de contenido. Los incontables intentos de recuperar Gibraltar han fracasado siempre. Lo mismo cabe decir de las más actuales negociaciones. La etapa socialista se caracterizó por las cesiones y, si bien algunos problemas concretos fueron medianamente resueltos, poco obtuvo España de su actitud abierta y transigente. Los mayores y más prometedores avances se produjeron con Aznar y Tony Blair, pero ese camino se truncó.

Creo que España nunca recuperará Gibraltar. La retrocesión se me antoja una fantasía. Del Tratado de Utrecht y del Derecho Internacional se extrae que existe una situación colonial; mas en la práctica habría que contar con la voluntad de los gibraltareños, que obviamente no quieren ser españoles. ¿Qué les puede ofrecer España? Jamás aceptarán caer bajo las competencias de la Junta de Andalucía, con Griñán y Valderas minando su riqueza por medio de impuestos cada vez más altos e imponiéndoles toda clase de regulaciones.

En todo caso, era necesaria más firmeza y rotundidad por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores. Ya que los británicos tienen ganada la partida, que al menos sufran alguna incomodidad de vez en cuando. Y, por descontado, hay que evitar que la colonia se extienda más allá de sus límites, algo que ha sucedido en el pasado ante la pasividad de las autoridades españoles. No hay que dejar que se consoliden determinadas situaciones. Por ello, es importante auxiliar a los pesqueros españoles. Las únicas aguas de Gibraltar, según dispone el Tratado de Utrecht, son las de su puerto. He aquí un problema que no ha de ser soslayado. Gibraltar puede que no vuelva a ser español. Lo que debe quedar claro, empero, es que no tendrán más de lo que estrictamente les corresponde.

Un caso distinto es el de la programada visita del príncipe Eduardo, que ha tenido como respuesta la no asistencia de la reina Sofía al Jubileo de Isabel II. Resulta, y es penoso decirlo, que hubo todo un ministro español, Morotinos, que visitó Gibraltar oficialmente. Eso sienta un precedente, no vale con decir que era de otro partido distinto al que gobierna ahora. Si un ministro español visita Gibraltar, es difícil protestar después por la visita de los royals. Hay otra razón que me hace señalar que Margallo se ha equivocado. Isabel II, como todos saben, es más que la soberana del Reino Unido (también lo es, por ejemplo, de Australia, Nueva Zelanda y Canadá) y, aparte, no era un acto político lo que se iba a celebrar, sino un homenaje a una soberana que es ya legendaria, una exaltación de la monarquía más poderosa y respetada. Han acudido a Londres representantes de todas las monarquías del mundo, menos la española. Utilizar a la pobre reina Sofía como arma política para tratar de aguar la fiesta a Isabel II es algo que me repugna en todo mi ser. Mi lealtad a ambas damas se estremece debido a la falta de tacto de Margallo. Por último, es, como bien ha expresado Emilio Campmany, un "insulto gratuito": habiéndose prohibido a la Reina acudir al almuerzo de la polémica, ¿se prohibirá también a los deportistas españoles participar en las Olimpiadas?

Cánovas, uno de los pocos estadistas que ha tenido España, fue moderando sus ardores juveniles conforme el ejercicio de responsabilidades gubernamentales le enseñó el valor del pragmatismo y las posibilidades reales de España. Un ejemplo de su prudencia y templanza se halla en su intervención en la sesión de clausura del Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil (1883). A la sazón llamó a desconfiar "de toda extensión de territorio, por mucho cariño que tengáis a ella, si no estáis a toda hora dispuestos y no poseéis medios bastantes para garantizarla con la espada". Cánovas no estaba hablando de Gibraltar, sino del colonialismo español en África. Pero su sabia advertencia puede aplicarse a esta controversia, al problema de Gibraltar, en la medida en que supone un rechazo a una política aventurera que no tiene apoyos sólidos a los que aferrarse. Los lamentos diplomáticos y los meros gestos no valen, y España no tiene medios ni espada. Desconfiemos, pues, de quienes proclaman "Gibraltar español" sin pensar en cómo realizar ese ideal.

5 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Tampoco creo que España recupere Gibraltar en un futuro concebible. Con la feroz oposición de los gibraltareños a su anexión por la Junta de Andalucía, o bien se mantendrá la jurisdicción británica, o bien se alcanzará un acuerdo entre Reino Unido y España para la independencia de Gibraltar y su constitución en un país tipo Andorra.

El Espantapájaros dijo...

La devolución tal cual de Gibraltar es, como dices, inconcebible. Una fórmula intermedia sí podría cuajar, pero aun así España es tan débil y ha jugado tan mal sus bazas que los británicos difícilmente se van a ver forzados a negociar.

Alfredo dijo...

Una de tus mejores entradas, que yo conozca, Espantapájaros.

Comparto bastante lo que has dicho, aunque no creo que no querer ser "parte de Andalucía" sea pretexto para justificar su sedición, por muy mal gestionada que esté Andalucía (ni que Reino Unido estuviera tan bien gestionado).

En todo caso, ¿cuál sería tu fórmula intermedia?

El Espantapájaros dijo...

Muchas gracias, Alfredo. Éste es un tema que me interesa mucho y quería dar una opinión completa sobre el mismo, ahora que vuelve a la actualidad. Creo que hay visiones muy tópicas y fantasiosas en esta materia.

Desde mi punto de vista, no sería un pretexto, pero a no ser que se manden tanques en la realidad sería imposible desconocer la voluntad de los gibraltareños, que gozan de un medio paraíso fiscal y de un estatuto bastante privilegiado. Naturalmente, pedirles que renuncien a eso a cambio de la Junta de Andalucía sería como pedir a los españoles que nos volviéramos súbditos de Corea del Norte.

Mi fórmula intermedia sería la enunciada por Octopus o la que se utilizó en Hong Kong y que tan buenos resultados ha dado. Pero en ese caso las circunstancias eran muy distintas, claro.

Alfredo dijo...

Por partes:

Gibraltar es española, aunque no lo sea "legalmente". Esta es nuestra postura y lo que compartimos - el fundamento. También estoy de acuerdo en que hay tópicos y fantasías - no hay realismo.

En una situación de "fuerza ideal", lo justo sería eso: mandar tanques. Pero, como tú bien dices, España no tiene esa capacidad (para mí es una desgracia que no la tenga pero eso ya es otro tema).

Fíjate - yo les empezaría a atacar el tema de que son paraíso fiscal y se podría intentar una normativa a nivel continental (en eso sí tenemos aliados) para que pongan fin al paraíso fiscal en Gibraltar o lo dificulten muchísimo.

También se podría normalizar la frontera y permitir que más españoles se muden allí, con lo cual a largo plazo, acabaría siendo española (creo yo).

Saludos