Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 27, 2012

EL FRENTE UNIVERSITARIO

En mis años universitarios, fui testigo de que la inmensa mayoría de alumnos, estudiasen más o menos, se preocupaban fundamentalmente de sus asuntos y no de transformar la universidad en una plataforma de querellas políticas en torno al salvamento de la educación pública o en un altavoz de los sueños --pagados con el dinero de los demás-- de la generación mejor preparada de todos los tiempos. La agitación era minoritaria, alentada por pequeños grupos de radicales concentrados en focos de sectarismo y anhelos totalitarios, como la Facultad de Ciencias Políticas.

Con todo, creo que no hay nada de malo en que un universitario se interese y participe en proyectos políticos a través de asociaciones o actos, pero lo prioritario es aprobar las asignaturas. Lo de salvar el mundo hay que dejárselo a los arrogantes o a los que tienen problemas de conciencia. Que peguen carteles o asistan a ridículas asambleas. Al final, el tiempo es mejor invertirlo en la biblioteca.

El que haya fracasado la huelga universitaria convocada esta semana supone un rayo de esperanza. Casi todo el mundo comprende que nada va a volver a ser como antes y que el endurecimiento de los requisitos para acceder a determinadas becas o la subida de las tasas eran imprescindibles, aunque a nadie le agrade tener que pagar más o realizar un esfuerzo suplementario para mantener una beca.

La solución a los problemas de la educación no reside en gastar más, que es la única alternativa que de continuo ofrecen los progresistas. Resulta que "la correlación entre el incremento del gasto público y el rendimiento escolar es falsa", ha escrito Lorenzo B. de Quirós, señalando que entre 1992 y 2008 el gasto por alumno en la enseñanza universitaria creció un 77%, sin que los resultados hayan sido brillantes. Francisco Cabrillo opina lo que sigue:  "Es preciso abrir la universidad española a la sociedad y a la empresa y hacerla mucho más eficiente y competitiva".

En el terreno educativo, que en España es un campo minado, dado que la izquierda lo considera de su patrimonio, cualquier reforma tendente a racionalizar el sistema es sospechosa de los peores propósitos. Ya es hora de que alguien entre en el fondo del asunto, y es bueno, por ello, que los alumnos no se dejen engañar por los que rechazan sistemáticamente los cambios. Entre ellos, hay que hablar de los rectores.

Con su desaire al Ministro de Educación, los rectores han manifestado su tozudez y su nula altura de miras. La burocracia universitaria es la primera que no está dispuesta a buscar mejores modelos de gestión y mayor calidad de la enseñanza. Su objetivo es que todo siga como hasta ahora, o sea, con ninguna universidad española entre las más prestigiosas del mundo. Este inmovilismo debe ser arrollado por el bien y la supervivencia de servicios públicos tan esenciales como la educación.

Son los rectores los que tienen que rendir cuentas y dejarse de esconder del Ministerio. En el caso de la Universidad Complutense de Madrid, Berzotas malgastó cuanto quiso y crecieron las deudas. Su sucesor, el hijo de Carrillo, sólo ha destacado por levantar un monumento ilegal a las Brigadas Internacionales. Si estos señores no colaboran y continúan con sus remilgos, la reforma deberá hacerse contra ellos.

Ya he dicho que la izquierda ve la educación como algo propio e intransferible. De hecho, todas las leyes educativas de la democracia han sido socialistas. No sienta bien, por consiguiente, que otros metan la mano ahí. En El País han dedicado un reportaje a Wert, el miembro peor valorado del Gobierno, en el que se le califica de "brillante, soberbio y excesivamente irónico", lo que "no parece ser el perfil idóneo de un político profesional para un ministerio con 'tanto obispo' como el de Educación". En la caricatura que acompaña al texto aparece un Wert monstruoso, transmutado en un deforme globo tóxico y amarillento de aviesa expresión. Su problema, según el periodista, es que es demasiado ácido y mordaz y que así no se puede tratar con los obispos, o sea, los rectores, que son señores como de muy alta alcurnia. Ellos no quieren ingenio o reproches, sino más coches oficiales, departamentos, no tener que decir la verdad al alumnado, etcétera.

Este reportaje encuentra su paralelo en otro más antiguo, también de El País y también protagonizado por un titular del Ministerio de Educación en un Gobierno del PP: Esperanza Aguirre. Titulado "Los patinazos de la ministra", recogía algunas perlas y torpezas de Esperanza, a la que se la describía como una mujer frívola, mundana, inculta y sumamente llana. La verdad es que no se conforman con nada. Ni agudeza intelectual ni supuesta simpleza. Aurea mediocritas. O tal vez, para El País, el mejor Ministro de Educación del PP es el que no existe.

2 comentarios:

Canturem dijo...
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Canturem dijo...
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