Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 08, 2012

LOS PIRINEOS EXISTEN

Esta semana ha sido descubierto un nuevo enemigo de España, uno distinto de los perversos mercados que cada día asedian la piel de toro. Se trata, según los medios de comunicación y ciertos partidos políticos, de Nicolas Sarkozy. Ha cargado, arremetido contra España. Bien oiréis lo que decía: "No hay un francés que desee la situación que han conocido los griegos y que ahora conoce España".

¡Qué infamia! ¡El honor español ha sido arrastrado por los suelos! Los socialistas, prestos en su defensa de los intereses de España, han exigido a Rajoy que desautorice al gabacho y... Un momento, aquí falla algo. ¿Un ataque a España? Más que a España, interpreto las palabras de Sarkozy como un ataque a las políticas socialistas que son las causantes de que hoy persista la crisis de confianza en torno a la Deuda pública. El francés hurga en la herida, pero su propósito es enseñar a los franceses las consecuencias del socialismo. No creo que haga falta que Sarkozy señale con el dedo a España para que los mercados y la Unión Europea tengan motivos de alarma.

Así pues, lo que el PSOE está pidiendo a Rajoy por boca de la vivaracha y pizpireta Rodríguez es que salga en defensa... del propio PSOE. ¡Como si los años de Zapatero fueran ya pasto del olvido! No hay que hacer mucha memoria: España continúa padeciendo los efectos de las recetas socialistas, desde los 400 euros para comprar votos al descontrol autonómico y los planes de estímulo inútiles. Hasta el último minuto mintieron sobre la cifra de déficit, ocultando una desviación brutal.

Para salvaguardar la credibilidad de España y su dignidad, lo que deben hacer los socialistas no es acallar a quien tan sólo expresa la cruda verdad, sino reconocer sus errores y abandonar su oposición infantil a las inevitables restricciones presupuestarias. Es ridículo, con un déficit colosal y unos inversores cada vez más espantados, aparecer ante el mundo como el hidalgo del Lazarillo de Tormes, que presumía de prosperidad a pesar de estar arruinado... con tal de no poner remedio a su situación. Si su herencia es el blanco de los dardos de Sarkozy, que agachen la cabeza y hagan penitencia los fieles de Rubalcaba. Es lo justo.

Hollande ha contraatacado destacando que Sarkozy no tiene nada de lo que presumir. Sin embargo, Francia no está tan mal como España, y es perfectamente legítimo que su Presidente subraye las diferencias y advierta sobre los males que conllevaría el "festival de gastos" prometido por Hollande, un hombre de maneras, imagen y mensaje deprimentes. Sarko ha dicho que cumplirá "escrupulosamente" los objetivos de déficit a fin de que Francia no viva "las mismas dificultades que España".

Incluso en la actualidad, con un Gobierno del PP, en principio más serio, esas dificultades persisten y van a agravarse. Agradezco mucho a Sarkozy que saque el tema sin reparos porque conviene reflexionar muy a fondo acerca de lo que está pasando. El problema de España no es únicamente que el PP no vaya a gobernar en Andalucía (siendo ello de una gravedad extraordinaria, pues el PSOE ya ha prometido a IU que nada de equilibrio presupuestario). El Gobierno de Rajoy, tal y como ha señalado muy agudamente Jesús Cacho, parece haber asumido las tesis socialdemócratas, y cuando se ve obligado a restringir el gasto pide perdón, siente pánico. El propio Rajoy aclaró que los Presupuestos Generales del Estado no gustaban a los miembros del Consejo del Ministros. Es decir, si pudiese agrandaría aún más el tamaño del Estado que malamente soporta la nación. Sin convicciones, sin batalla de las ideas contra la izquierda y sin traspasar esas líneas rojas del gasto social marcadas por Elena Valenciano, ¿cómo honrará el Gobierno los compromisos adquiridos con la UE? ¿Cómo impedirá la caída de España?

Pese a la mucha actividad desplegada por el Gobierno a lo largo de sus cien primeros días, es comprensible que la desconfianza siga pesando sobre España como una losa. Pensando en Andalucía y después de hacer tragar a la UE un nuevo objetivo de déficit, Rajoy retrasó la presentación de los PGE, haciendo creer que iban a ser terroríficos. Una vez se han dado a conocer, no son para tanto. El gasto se reduce, sin duda, en una importante cuantía, pero parte del esfuerzo recaerá sobre unas Comunidades Autónomas poco dadas a la austeridad. La mitad del ajuste total se busca por el lado de los ingresos, a través de la eliminación de deducciones en el Impuesto sobre Sociedades y la amnistía fiscal. Se manejan unos datos de recaudación que pueden cumplirse... o no. Y si es que no, España será intervenida antes o después. Tal vez entonces deje Soraya de presumir de que no se toca el gasto social.

Andalucía, País Vasco y Cataluña en abierta rebelión frente al Gobierno central. Los sindicatos intratables, echados al monte. Montoro y el PP incapaces de explicar de forma persuasiva sus decisiones. Y el paro no da tregua. ¿Ven como Sarkozy sí que está en condiciones de presumir? Puede que mañana Francia tenga problemas similares, pero por ahora puede permitirse el lujo de mirarnos por encima de los Pirineos.

3 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

De acuerdo en todo. La hipersensibilidad del PSOE con los razonables comentarios de Sarkozy es de risa, y El Gobierno español debería ser consciente de que, cuanto más rápido y profundo sea el hachazo, mejor. Las protestas, los disturbios de los violentos, conferirán credibilidad a las reformas. Se va en la buena dirección, pero se va demasiado despacio. Hay que tener ambición y pisar el acelerador.

El Espantapájaros dijo...

Sí, en efecto, hay que acelerar y es urgente. Se exigen medidas draconianas y sin dilación, porque en este momento el riesgo es muy real. España está a un paso de la intervención. A la vez, el Gobierno tiene que tratar de convencer, de ser más firme en la defensa de sus políticas. No puede ser que vaya disculpándose al PSOE por lo que hace.

El Espantapájaros dijo...

La escena de hoy, Rajoy huyendo literalmente de los periodistas, no puede repetirse, al menos en la escenificación que ha hecho el Presidente. O el desprecio es absoluto y claro o se hacen unas declaraciones, aunque sean de compromiso, para que se vea que no le da miedo hablar y enfrentarse a las cámaras a pesar de los problemas. Pero huir de esa forma no, es dar mal ejemplo. Y que conste que pienso que no siempre hay que complacer a los periodistas, que muchas veces son insufribles, agresivos y maleducados.