Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 29, 2012

HOLLANDE AL RESCATE: FALSEDADES DE UN CUTRE TELEFILME

Según transcurren las semanas, las noticias acerca de Europa y la crisis corroboran que estamos viendo una película llena de fantasía barata y de dudoso gusto, el típico melodrama de domingo por la tarde. En ella, la estricta prusiana Merkel está ahogando a la pobre Europa en el cubo de la austeridad, pero ya acuden a su rescate un grupo de héroes comparable a los Vengadores, con Hollande a la cabeza y Rubalcaba cual fiel escudero. Su medicina para salvar Europa se llama crecimiento y pasa por olvidarse de la consolidación fiscal, o sea, de esas cosas aburridas que hacen los contables, y darse un vivificante baño con dinero público. Y si lo pagan los alemanes, todos contentos.

Esta película tiene varias fallos y, en definitva, no es creíble. De entrada, la caracterización de Merkel como villana deja mucho que desear. Se ha extendido la creencia de que impone a países soberanos sus decisiones y que es una mujer inflexible a la que no le importa otra cosa que no sea acabar con el déficit. Nada más lejos de la realidad. Son los países soberanos los que quieren seguir formando parte de la moneda única y los que aceptan, por ende, las reglas de juego. Y es tan irrisorio lo que hasta ahora se ha hecho contra el déficit (véase cómo está España) y ha habido tantas modificaciones y negociaciones sobre el calendario de disminución del mismo que no parece que Merkel sea el mejor modelo de intrasigencia. A otros les molesta que haya asumido el liderazgo de la Unión. Es cierto que lo ejerce, pero si hay que salvar el euro y sentar las bases para una recuperación duradera en Europa lo más aconsejable es que el liderazgo recaiga en la persona que gobierna el país que mejor está soportando la crisis y que más aporta a los fondos de rescate. Quien paga, manda, y es obligación de Merkel velar por los intereses de Alemania.

Otro defecto de esta película --ya demasiadas veces proyectada y sobada-- es que los amigos del crecimiento, por llamarlos de alguna manera, se empeñan en que la economía es un juego de suma cero, de forma que si el Estado no invierte cien unidades monetarias que antes invertía, eso ya se ha perdido definitivamente. Su mensaje es que sólo se puede crecer con el empuje de los poderes públicos. Sin embargo, hay particulares que hoy no reciben crédito porque éste va a parar al Estado, y seguramente en sus manos ese dinero se administraría mejor, con mejores resultados para todos. Hay que dejar de endeudarse para cubrir el déficit, y los recursos que se liberen serán bien aprovechados por el sector privado. Lo cual no obsta a que, en el corto plazo, haya contracciones y problemas en la economía, pues debe abrirse paso, con todo el dolor que sea necesario, un modelo de crecimiento no basado en la tutela del Estado y en contraer deudas insostenibles.

La disyuntiva entre austeridad y crecimiento económico es, pura y simplemente, falaz. Es factible el crecimiento desde la austeridad. Y de no ser así, alguien tendría que explicar muy bien cuál es la otra opción: los keynesianos hablan de crecimiento como si bastara apretar un botón para activarlo y omiten concretar cuáles serían sus milagrosos planes de estímulo.

La última mentira que, como buena ficción, utiliza esta película es la descripción de los héroes y sus tareas. Rubalcaba, por supuesto, es un perdedor y no cuenta nada, y ya ni se sabe de lo que habla. Pero Hollande no es que esté mucho más capacitado. Los socialistas esperan que este señor triste y sin agallas, el que se esconde de Sarkozy para no debatir con él, el que, según dice su antigua esposa, Ségolène Royal, no ha hecho nada en treinta años de vida política, derrote a Merkel en buena lid y traiga de vuelta el crecimiento como por ensalmo. De paso, salvará a España, proclama Rubalcaba, eufórico. ¿Y todo eso lo hará antes o después de que Francia sea devorada por los mercados cuando aplique sus nefastas recetas? Por suerte, aún hay posibilidades de que gane Sarkozy las elecciones presidenciales y evite la caída de Francia.

La experiencia y los datos extraídos de la realidad han de bastar para escarmentar de ficciones como la de Hollande, el crecimiento, etcétera. Hay que aparcar las fantasías y admitir que todo ha cambiado y que todos vamos a vivir peor, al menos por un tiempo. El cine no suele durar más de tres horas, y ése es el tiempo en que tardarán muchos en caer en la cuenta de su error si finalmente gana Hollande y hace algo de lo que está diciendo. No más telefilmes. Indigestan y son una pérdida de tiempo.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

Estoy de acuerdo. La posición de Merkel es la de la responsabilidad, la de la sensatez frente a la de la demagogia.