Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 15, 2012

EL REY CAZANDO Y LOS REPUBLICANOS DE IU REBUZNANDO

Ha conmemorado Izquierda Unida el advenimiento de la Segunda República un 14 de abril de 1931 con un vídeo rebosante de falsedades y demagogia, un producto que homenajea al "Himalaya de mentiras", en palabras del socialista Julián Besteiro, que encerraba la propaganda del Frente Popular. Porque en España, hoy por hoy, la mayoría de republicanos no son otra cosa que nostálgicos del Frente Popular; sobre todo, de sus violencias, robos y extremismo. Así, la otra cara de las celebraciones de IU es esa siniestra imagen de la guillotina, con la hortera bandera tricolor estampada, que utilizan como amenaza a quienes odian con todo su ser. "Nuestros recortes serán con guillotina", avisan, rabiosos.

Y es que cobra actualidad, cada 14 de abril, la recriminación que Gregorio Marañón, padre espiritual de aquel trágico experimento, dirigió a los dirigentes republicanos que le tocó sufrir: "¡Qué gentes! Todo en ellos es locura, latrocinio, estupidez", maldiciendo seguidamente su "estupidez y canallería". Acertaba de pleno el sabio liberal. Estupidez y canallería. La estupidez de un vídeo en el que se dice que "somos un país" sin revelar cuál, sin mencionar cierta palabra maldita, y uno se ve obligado a colegir que se estarán refiriendo al País de las Mayorías Sociales, remedo del País de las Maravillas. Y, por otra parte, la canallería infinita y vomitiva de Manuel Sosa, coordinador de IU en Badajoz, que dijo literalmente: "Lamentar que el nieto del Rey se haya pegado un tiro en el pie con la cantidad de sitios que hay en el cuerpo para pegarse un tiro". Estamos hablando no ya de un infante, sino de un chico de trece años que ha tenido un accidente. Estas afirmaciones miserables son el mejor ejemplo del carácter compasivo de los buenos hombres de IU.

No es extraño que salgan de dicho partido tantos cantos al pacifismo y la no violencia. Así como el PSOE es un partido sin escrúpulos ni principios, dispuesto a toda bajeza con tal de obtener poder, IU es el partido del odio y del resentimiento. De odio se alimenta y odio es lo que supura, cada vez más abundantemente. Odio a los ricos, a los que destacan, a los que saben cuál es el nombre de su país, a los que no pertenecen a las "mayorías sociales" que ellos determinan... Odio, en definitiva, al que no es y piensa como ellos. No en vano Cayo Lara expresó que, para él, la democracia más ejemplar era la cubana. Con esas condiciones se sentirían en su salsa, con la posibilidad de encarcelar al disidente y sin ese bipartidismo que les resulta odioso. Mucho mejor unas elecciones con partido único. Y que ese partido sea IU, como es obvio. Cayo Lara lo sabe bien.

Por ello, los de IU y muchos del PSOE se identifican gustosamente con el Frente Popular, organización que no encarna, en rigor, ningún valor republicano conocido; y sí, por el contrario, el odio reconcentrado que profesan los comunistas. Eligen, de acuerdo con Azaña, la "política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta". Y, huelga decirlo, demuestran todos los días cuál es su elección.

Una de las ventajas de la libertad de expresión es que permite que la gente se retrate. Ayer, afortunadamente, los republicanos pudieron manifestarse, quedando retratados como lo que son, una variopinta tropa filibustera, ignorante, exaltada y retrógrada. Sin embargo, los monárquicos no podrían haberlo hecho lo mismo con la Ley de Defensa de la República de 1931, que castigaba la apología de la monarquía y restringía duramente el derecho de manifestación. No debe de ser tan mala la monarquía parlamentaria española.

Que se manifiesten y griten y pataleen es bueno para ellos y para los que nos oponemos a su retorno a 1931 (o a 1936), ya que regocija, cuando menos, comprobar la escasez de sus huestes y la poca sustancia de sus argumentos, casi todos de índole anecdótica, es decir, chascarrillos y chanzas sobre la Familia Real. En el corpus doctrinal de los republicanos no hay ideas o sesudos planteamientos: se compone, en esencia, de comentarios propios de un programa del corazón. Uno discute con un republicano y descubre que sus puntos de apoyo son Urdangarin o los gastos de la Casa Real. Tal vez imaginan que no hay corrupción en las repúblicas o que un presidente republicano viviría debajo de un puente. No hay debate de altura y, con IU como máximo portavoz de los anhelos republicanos, es imposible que lo haya.

No sé ustedes, pero prefiero infinitas veces a un Rey cazando elefantes en una merecida semana de descanso que a un sosias de Cayo Lara o Llamazares sentado en el Palacio Real, echando esputo por la boca y llamando a confiscar bienes privados y encarcelar a los disidentes.

Como monárquico, no ocultaré que me preocupan los últimos sucesos. "Lo que ocurre con la Familia Real española se lo inventa un guionista de telenovela y lo echan de los estudios por loco", ha escrito Jesús Cacho. El Rey ha sido inoportuno en su viaje y, especialmente, en su caída. ¡Un tropiezo en el peor momento! Lo cual no es motivo suficiente para atacar el crédito y el prestigio de la monarquía, que se basa en un Jefe de Estado que cumple con sus obligaciones desde la institución de la Corona, con toda su legitimidad histórica y democrática. El Rey no faltará a esas obligaciones. El Rey seguirá defendiendo los intereses de España y sirviendo a su pueblo. Si decide cazar o divertirse después, bienvenido sea. Pero con precaución, Majestad, que los borricos dan coces de vez en cuando.