Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 11, 2012

MINUTO DE SILENCIO

Hoy es una fecha en la que es necesario recordar dos luctuosos acontecimientos. Tengo fresca en la memoria la mañana triste de aquel mes de marzo de 2004, así como la tarde, gris y sucia, que pasé --imagino que como todos-- acopiando información y enfadándome cada vez más. Si me decepcionó la política de comunicación del Gobierno de Aznar, mucho más lo hizo la actitud del PSOE, que apostó por dividir a los españoles en instantes dramáticos y confusos y acusar de todo al PP en beneficio de sus intereses electorales. En los días siguientes, los tumultos en la calle y los asedios a las sedes del PP me enseñaron definitivamente el rostro sectario, visceral y descompuesto de la izquierda, algo que ya había vislumbrado antes. Ellos llamaban asesino a Aznar, olvidando a los auténticos criminales.

Los atentados de Madrid torcieron, cambiaron para mal el rumbo de la Historia de España. Hasta los homenajes a las víctimas son motivo de trifulca. Sin tapujos afirmo que los terroristas ganaron. Si buscaban que en España hubiese un vuelco electoral, lo consiguieron. Si pretendían que la sociedad española se acobardara y asumiera que el respaldo del Gobierno a Estados Unidos en 2003 había costado 192 muertos, lo consiguieron. Y si buscaban que España retirara sus tropas de Irak, también lo lograron. Los terroristas, al margen de que estén muertos o en la cárcel, se salieron con la suya. Ésta es una dolorosa certeza que me acompaña desde aquel día. No temí por mi integridad física; no me preocupó la posibilidad de nuevos atentados. Lo único que hizo mella en mí en esa época fue descubrir, sentir tan de cerca, las miserias de mi nación y la ceguera de sus gentes.

Lo que siguió a los atentados y a las elecciones no mejoró las cosas. Personalmente, quería que se aclarase todo cuanto antes y que los asesinos pagasen por sus crímenes. Y, a decir verdad, hubo mucha precipitación, no sé si intencionada. Aunque se procuró cerrar el caso rápidamente y dar carpetazo, todavía hay extremos del atentado que no están claros. Excepto a quienes tengan algo que ocultar, no hace daño a nadie que el Fiscal General del Estado haya ordenado nuevas investigaciones. Pilar Manjón, abducida por socialistas y sindicatos, lo reprueba y pide que no se cuestione la versión oficial. Su voz es respetable, pero no es la única víctima. Y, además, la búsqueda de la verdad es un valor superior a los sentimientos de las víctimas.

¡Que se detenga la bala que ya se dirige hacia mí! ¡No creo en extrañas intrigas! Ciertamente, hay quienes sostienen teorías verdaderamente increíbles sobre la planificación y autoría de los atentados. No me identifico con ellos. Hasta donde sé y con la sentencia en la mano, el atentado fue cometido por terroristas musulmanes, pero no me importa que continúen las indagaciones, pues reconozco que hay detalles no esclarecidos. La actuación de las autoridades policiales y judiciales dejó muchas dudas razonables.

Así pues, del mismo modo que no voy a tragarme cualquier teoría de la conspiración, tampoco me fío de los que dicen que la única verdad es la oficial y que ya no hay nada que investigar. Un espeso manto de silencio no puede ser la mejor opción. Detecto cierta histeria en la actitud de los que se agarran a la versión oficial como si de un dogma de fe se tratara. Crímenes de estas características suelen ser objeto de discusión años y años después de su realización, y si ello se hace sobre la base de nuevos datos o circunstancias no debería molestar a nadie. La cosa juzgada no es inamovible. Estoy de acuerdo con Gallardón: "Tenemos una sentencia. No pueden volver a juzgarse los hechos que fueron juzgados. Si aparecen datos nuevos, lo normal es que se investiguen".

El otro acontecimiento luctuoso, como es sabido, tuvo lugar en Japón. A un año de la catástrofe natural que devastó el Imperio del Sol Naciente, he de expresar una felicitación y un reproche. La felicitación la dirijo al pueblo japonés, que demostró sus mejores virtudes. Resistieron, se ayudaron mutuamente y se pusieron manos a la obra para poner en pie lo arrasado. Una conducta ejemplar que honra a un pueblo organizado y consciente de sus obligaciones. Hoy, el Emperador, recién operado del corazón, ha hablado con sabiduría a sus súbditos, de los que puede enorgullecerse legítimamente. Está claro que Japón, una vez más, saldrá reforzado.

El reproche lo merecen los ecologistas que se manifestaron el sábado en Madrid contra la energía nuclear delante de la embajada japonesa. No sólo ignoran a las 19.000 víctimas provocadas por la fuerza de la naturaleza, sino que desprecian la auténtica enseñanza de los sucesos de Fuskushima. El accidente nuclear de la central Fukushima Daiichi será todo lo grave que quieran: hubo muertos, escape masivo de radiación, descontrol en los reactores y riesgos de toda índole. Pero todo ello, y muchos expertos así lo han apuntado, no afecta a la confianza en la seguridad de las centrales nucleares. La central sobrevivió a un desastre sumamente excepcional sin saltar por los aires, y, por fortuna, se conjuraron las mayores amenazas.

Los ecologistas no tuvieron su anhelado accidente nuclear de proporciones bíblicas y, para que no cunda el desaliento entre sus magras filas, se han manifestado ejecutando una ridícula performance que prueba su falta de ideas y su continuo recurso a imágenes escabrosas y a los miedos fundados en la superstición. Ellos habrían huido del fantasma de la radiación. Los trabajadores de la central y otros muchos se quedaron y, con su sacrificio, evitaron lo peor. Con mi reconocimiento a esos valientes concluyo este minuto de silencio tan poco ortodoxo.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

Siempre hay algo que investigar porque nunca se conoce absolutamente todo, pero es obvio que los activistas de la investigación sólo aceptarán una conclusión: que el 11-M es obra de un contubernio ETA-PSOE. Quieren oír esto y nada más que esto.