Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, enero 15, 2012

TRES ANIVERSARIOS. EN ESPECIAL, EL DE LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ

El año 2012 está marcado por tres aniversarios que no he de pasar por alto. Uno de ellos es el del hundimiento del Titanic, acontecido el 15 de abril de 1912. Esa historia siempre ha causado mi fascinación, no me cansaré nunca de repasar sus infinitos detalles y vericuetos. Hay programados distintos homenajes, documentales y exposiciones, así como el estreno en 3-D de la película homónima de James Cameron (1997). Sus detractores ya están augurando un fracaso y criticando su codicia, pero se equivocan. ¿Por qué no se puede estrenar de nuevo, en una versión mejorada, una película? Es la misma objeción que se dirigió contra George Lucas por sus ediciones especiales de la saga Star Wars. Él y Cameron tienen derecho a mejorar su producto.

Otro hecho de 1912, más desconocido, fue el asesinato de José Canalejas, a la sazón presidente del Consejo de Ministros, el 12 de noviembre. La desaparición de este inteligente y virtuoso político liberal puso fin a un importante programa regeneracionista. De haberse llevado a cabo sus reformas, puede que el régimen Restauración hubiese tomado un rumbo distinto y, en consecuencia, sobrevivido, evitando a los españoles repúblicas y dictaduras que hoy siguen dando guerra. Los anarquistas, una vez más, truncaron la trayectoria del proyecto del que Cánovas fue artífice. Lamentablemente, no creo que a este estadista de principios del siglo XX se le dedique mucha atención en el aniversario de su muerte fuera de los círculos académicos.

El tercer aniversario, bicentenario en este caso, es el de la Constitución española de 1812, promulgada por las Cortes generales y extraordinarias reunidas en Cádiz el día 19 de marzo de ese año. Este texto constitucional inaugura la era liberal y el constitucionalismo en España, aunque el proceso fuese inicialmente abortado por el retorno del absolutismo. Adelantándome a los muchos actos, estudios y discursos que tendrán lugar con motivo de la efeméride, presento a continuación un somero análisis de la Constitución de Cádiz.

Constitución extensa y prolija en explicaciones, plagada de buenas intenciones y elevados objetivos, quizá pecó de un exceso de ambición. Respondiendo al objeto de "promover la gloria, la prosperidad y el bien de toda la Nación", las Cortes decretaban una Constitución que en su artículo 6 imponía a los españoles la candorosa obligación de ser "justos y benéficos", precedida por una más solemne, la del "amor a la patria".

Por primera vez, se produce el reconocimiento de que la soberanía nacional reside en el pueblo, no en la persona del rey. Como expresión de tal soberanía, la Constitución fue aprobada por representantes de todos los territorios españoles. Así, la nación española "es libre e independiente" (art. 3) y la soberanía "reside esencialmente en la nación" (art. 4). Y dicha nación, según el artículo 5, debe "conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad, y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen".

Es verdad que fue un texto muy avanzado para su época. Introducía el sufragio universal masculino en la elección de los diputados, ciertos derechos y libertades (no hay un catálogo ordenado), una división de poderes más o menos efectiva... En suma, los mimbres de un Estado de Derecho que regiría para los ciudadanos españoles "de ambos hemisferios" (art. 1).

Al Gobierno se le encomienda perseguir la "felicidad de la Nación" (art. 15). Con relación a este punto, me conformaría con que no persiguiera su ruina, aunque sea involuntariamente, como ha sucedido hasta hace bien poco.

En la esfera de las finanzas públicas, se consagran ya principios de justicia tributaria, como los de generalidad, igualdad y proporcionalidad, pues todo español, "sin distinción alguna", está obligado a "contribuir en proporción de sus haberes para los gastos del Estado" (art. 8). El Título VI (arts. 338 a 355) regula estas contribuciones y, para no desatender la vertiente del gasto, la formación y aprobación de los presupuestos y el establecimiento de un sistema de control de la ejecución de los mismos y del manejo de la Hacienda Pública.

Recogiendo una preocupación no privativa de la actualidad (y eso que no existían aún las agencias de calificación crediticia), es de notar lo que se ordena sobre la Deuda pública (recibe ese nombre, mucho mejor que el de deuda soberana, ahora de moda). De acuerdo con el artículo 355, la Deuda pública será "una de las primeras atenciones de las Cortes", que deberán poner "el mayor cuidado en que se vaya verificando su progresiva extinción, y siempre el pago de los réditos en la parte que los devengue [...]".

A modo de corolario, citaré a Jorge de Esteban, quien señala que "la norma gaditana supuso la condición principal para el nacimiento del liberalismo español y, en algunos casos, europeo". Sus indudables méritos aumentan al conocerse las circunstancias en que fue dada a luz, en plena guerra contra el invasor francés, que bombardeó Cádiz mientras estaba siendo redactada.

La Constitución de Cádiz sufrió una vigencia irregular: de 1812 a 1814, de 1820 a 1823 (durante el llamado Trienio Liberal) y de 1836 a 1837. Seis escasos años en los que apenas gozó de desarrollo o aplicación práctica. Sin embargo, su influencia se prolongó a lo largo del siglo XIX. En ella aparecían ya los principales caballos de batalla de moderados y progresistas y sirvió de base a otros muchos textos constitucionales, no sólo españoles.

Gran parte de su contenido es mejorable y, personalmente, me quedo con la Constitución de 1876, más flexible y pragmática. Pero defiendo su trascendencia. Los españoles, en demasiadas ocasiones, menospreciamos nuestro patrimonio y nuestros logros. Preferimos alimentar leyendas negras antes que honrar los momentos estelares de nuestra Historia. La Constitución de 1812 debiera ser un rayo de luz en esa oscuridad con que muchos embadurnan toda la Historia española. Celebremos su bicentenario con orgullo a fin de desterrar esos fantasmas.

2 comentarios:

Han Solo shut first dijo...

Titanic es un bodrio de mucho cuidado y lo único que hizo Lucas fue empeorar Star Wars.

El Espantapájaros dijo...

Como tú, soy de los que piensa que Han Solo disparó primero. Pero a George Lucas, a pesar de que pueda haber cometido errores, siempre le tendré en un pedestal.

Ha habido una actitud muy fundamentalista en lo que atañe a las ediciones especiales y cambios en la trilogía original. Ciertos cambios fueron a mejor, otros no. Dices que lo único que hizo Lucas fue empeorar Star Wars. Es tu opinión, pero antes creó la saga, y no lo tuvo fácil. Debería ser más respetado.

En cualquier caso, mi actitud ante los cambios que pueda hacer es sencilla. Las viejas versiones siguen existiendo. Yo no puedo erigirme en guardián de las esencias de Star Wars. Así pues, que cada cual elija, ya veremos lo que el mercado determina sobre las decisiones de George Lucas. No creo que vaya a estrellarse.