Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 30, 2012

PRIMER AÑO DE GOBIERNO POPULAR: JUSTICIA Y HACIENDA (Y II)

El Ministerio de Hacienda ha sido uno de los que más actividad ha desarrollado durante este primer año de Gobierno popular, si no el que más. Lo cual habla a favor de la capacidad de trabajo de su titular, Cristóbal Montoro, pero conlleva estar más expuesto a las críticas y a incurrir en errores. No obstante, estaba claro que la tarea de este departamento era fundamental para enderezar la situación heredada en diciembre del año pasado.

Aunque lo fácil sería descalificar a Montoro por su recién nacida pasión por subir impuestos, hay que ser justos y afirmar que ha habido decisiones y proyectos acertados. Entre ellos, el plan de pago a proveedores de la Administración, el desarrollo legal del principio de equilibrio presupuestario recogido en el nuevo artículo 135 de la Constitución y la declaración tributaria especial para regularizar bienes y derechos no declarados (amnistía fiscal). Asimismo, hasta el presente momento Montoro ha demostrado firmeza frente a las Comunidades Autónomas que peor están llevando a cabo la reducción del déficit. Es de esperar que dicha firmeza no se debilite si llega a darse el supuesto de tener que intervenir una Comunidad Autónoma. Ésa será la prueba de fuego.

Huelga decir que no comparto la estrategia de subir los impuestos para combatir el déficit, sobre todo si a esa estrategia se encomienda más de la mitad del éxito del ajuste que tiene que realizar el sector público. Han subido el IRPF, el IVA y los impuestos especiales; además, han eliminado muchas deducciones del Impuesto de Sociedades. Se está exigiendo un esfuerzo enorme a ciudadanos y empresas, aunque, como era obvio, los niveles de recaudación han sido menores de lo previsto, pues de donde no hay no se puede sacar deprimiendo aún más la actividad económica. "En la economía real, los incentivos fiscales son muy importantes para acelerar o frenar el crecimiento", ha recordado Arthur Laffer. El furor impositivo al que se han entregado Montoro y compañía no es el mejor aliado del consumo o de la inversión empresarial.

El último pilar importante de la actividad del Ministerio de Hacienda, y auténtica piedra de toque de Montoro, ha sido la lucha contra el fraude fiscal. Bien está que se dote a la Agencia Tributaria de más medios y personal, y que se persiga al defraudador con tenacidad. No obstante, en su conjunto la Ley 7/2012, de 29 de octubre, que refuerza los poderes de la Agencia Tributaria para perseguir el fraude fiscal (en la práctica, el reverso tenebroso de la amnistía fiscal), es, a mi modo de ver, un ataque demasiado incisivo contra los derechos de los contribuyentes y posiblemente muchas de las medidas que se contienen en ella sean discutibles desde distintos puntos de vista. Pienso en el ejemplo de las medidas cautelares que ahora puede adoptar la Administración tributaria en el proceso por delitos contra la Hacienda Pública sin consultar al juez --aunque éste tenga que convalidarlas con posterioridad--, aun en el caso de que el proceso no sea consecuencia de una previa inspección tributaria.

La lucha contra el fraude fiscal, o dicho de otra forma, que todos cumplan correctamente sus obligaciones tributarias, es imprescindible e inexcusable, haya o no crisis. Pero me preocupa que la demagogia antifraude en la que está cayendo el Ministro se traslade a los textos legales, con perjuicio de la calidad de las leyes tributarias y su adecuación a los principios que rigen en un Estado de Derecho.

En este preciso sentido, la idea de Montoro de publicar una lista de morosos y defraudadores, que aireó con suma vulgaridad en sede parlamentaria, no sólo atenta contra la Ley 58/2003, de 17 de diciembre, General Tributaria (el art. 95 establece el carácter reservado de los datos con transcendencia tributaria), sino que no respeta el derecho a la intimidad y al honor protegido constitucionalmente (art. 18 CE), "no se puede decir más claro y en plata".

Mi conclusión es que el Ministerio de Hacienda debería abandonar esa vertiente demagógica y centrarse en proponer reformas más razonables. Y, ante todo, tiene que ser riguroso con los recortes de gasto público que han de practicar las Comunidades Autónomas. La vigilancia y, en su caso, la intervención son armas al servicio del equilibrio en las cuentas públicas y no hay que dejar que se oxiden.

martes, diciembre 25, 2012

MENSAJE DE NAVIDAD



Quiero desear a todos mis lectores, nuevamente, una Feliz Navidad y un venturoso 2013. Venga como venga el año, más o menos difícil, seguiremos luchando por la supervivencia.

domingo, diciembre 23, 2012

PRIMER AÑO DE GOBIERNO POPULAR: JUSTICIA Y HACIENDA (I)

De resultas de mi formación e intereses, los dos departamentos gubernamentales que más hondamente me afectan son Justicia y Hacienda. Después de un año de Gobierno del Partido Popular, es claro que las decepciones han sido más que las satisfacciones, especialmente en los dos departamentos citados, en los que voy a concentrar mis críticas.

En enero escribí, ingenuo de mí, que la “reforma clave para la regeneración de la Justicia es la del sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, que ya no serán exclusivamente elegidos por el Parlamento, recuperándose, pues, el sistema de elección original, el más acorde con lo que dicta la Constitución en su artículo 122”. Pensaba por aquel entonces que Gallardón haría honor a su palabra y reformaría el CGPJ en ese preciso sentido. Hoy ya es conocido que la reforma va a dejar todo prácticamente igual, siendo los cambios meros retoques cosméticos. Con suma desvergüenza se ha vanagloriado Gallardón de que, gracias a que va a dejar todo en esencia igual que antes, ha podido llegar a un acuerdo con el PSOE. Una componenda propia de Gallardón. El hecho de que el PSOE estuviera en desacuerdo era, en todo caso, una señal inequívoca de que la reforma iba por la buena senda. Ahora se ha echado a perder por completo.

Pero no se ha limitado Gallardón a defraudar promesas, sino que también se ha sacado de la manga unas tasas judiciales abusivas, chapuceras e inconstitucionales. Las tasas son útiles en muchos ámbitos como medio de financiación de servicios públicos, pero en la Justicia y en su versión actual sobrepasan, en razón de su cuantía y extensión (antes sólo las abonaban las grandes empresas), cualquier límite razonable y menoscaban el derecho a la tutela judicial efectiva consagrado en el artículo 24 CE.

Como injuria añadida, hay que aludir a la chapucera técnica legislativa empleada en la Ley 10/2012, de 20 de noviembre, denunciada por Andrés de la Oliva, que ha reflejado en sus escritos un buen número de objeciones a este atropello de Gallardón. Tal fue la chapuza, que el día de su aprobación no había formularios del Ministerio de Hacienda con los que liquidar las tasas, por lo que hubo que retrasar su aplicación. Este episodio revela que el Ministerio de Justicia está hoy en manos de incompetentes y que el único valor político que atesora Gallardón es saber usar divinas palabras. Cuando se trata de gestionar, fracasa, y eso lo pagan los contribuyentes y la seguridad jurídica.

Los argumentos que se manejan para justificar la aplicación de unas tasas tan elevadas no son convincentes. Cualquiera puede comprobar, revisando los datos, que el número de litigios en España está descendiendo, no aumentando. Por tanto, no hace falta obstaculizar el acceso a la Justicia con la finalidad de evitar un número excesivo de procesos. Y, sin perjuicio de lo anterior, el mensaje que se traslada a la ciudadanía, esto es, que los conflictos no hay que dirimirlos en los tribunales, es muy poco presentable en un Estado de Derecho. Por último, esa intención, reflejada en el texto legal, de que lo ingresado por las tasas se destinará a financiar la asistencia jurídica gratuita no es más que una vestimenta políticamente correcta para tapar las vergüenzas de una norma nefasta.

Si a Gallardón no le dieran alergia los pensadores liberales, debería leer A Protest Against Law Taxes (1795), de Jeremy Bentham, que afirmaba que las tasas judiciales eran el peor y más injusto tributo posible: “It is a well-known parliamentary saying, that he who reprobates a tax ought to have a better in his hand. A juster condition never was imposed. I fulfil it at the first word. My better tax is---any other that can be named”. Pero quizá, habida cuenta de la importancia que otorga este hombre a la familia, bastaría con que leyera lo que su padre, José María Ruiz Gallardón, consignó en una enmienda a un proyecto de ley de supresión de tasas judiciales en 1986: “Con el fin de hacer efectivo el abaratamiento de la Justicia, no sólo es preciso suprimir las tasas y el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, sino también el Impuesto sobre el Valor Añadido, que grava las actuaciones de los profesionales que intervengan en toda clase de procesos”. ¡Qué diferente el padre del hijo! ¡Cuánto degeneran las dinastías políticas de una generación a otra!

En fin, la Justicia está necesitada de reformas serias. Por ejemplo, no se explica cómo puede ser que cada Comunidad Autónoma haya implantado un sistema informático distinto que dificulta la comunicación entre órganos judiciales. Gallardón, sin duda, no es la persona adecuada para encargarse de esta materia. Sugiero que se le nombre embajador de algún país alejado de España y que vaya allí a soltar discursos engolados y tragarse sesiones de ópera.

domingo, diciembre 16, 2012

SHINZO ABE Y LA CARPA JAPONESA

Las elecciones celebradas hoy en Japón han devuelto al poder al Partido Liberal Democrático y, por ende, Shinzo Abe va a a disfrutar de una segunda oportunidad como inquilino del Kantei. El cambio que se produjo hace tres años no ha dado los resultados esperados (la economía no ha ido a mejor, la respuesta al tsunami y terremoto de 2011 fue torpe y en el exterior Japón está retrocediendo) y los japoneses han decidido votar masivamente al PLD, que retorna así a su condición plena de partido dominante. Por lo pronto, la estabilidad está asegurada.

Sería difícil definir las ideas de este partido, en el poder en Japón desde 1955 menos entre 1993 y 1994 y 2009 y 2012. Surgió como cortafuegos frente a los socialistas y, en línea con el pragmatismo político japonés, no se ajusta a una ideología clara. En los setenta y los ochenta fue fijando más concienzudamente sus posiciones y, a día de hoy, es un partido defensor del libre mercado, de la cooperación estrecha con Estados Unidos y del mantenimiento de la tradición japonesa. Es, al mismo tiempo, mucho más liberal y conservador que el PP, por buscar un punto de comparación con el escenario patrio. En todo caso, su funcionamiento por facciones en competición y su largo período como partido gobernante determinan que sea una formación más bien absorbente y experta en acuerdos y equilibrios.

Por lo que se refiere a su actual líder Shinzo Abe, primer ministro entre 2006 y 2007, fue y será un digno sucesor del ya legendario y ejemplar Junichiro Koziumi. Shinzo Abe probó el sabor de la derrota cuando tuvo que dimitir en 2007: justamente por eso creo que ahora está más preparado y es totalmente consciente del desafío que ha de abordar. La prensa le llama halcón, pero aún tiene mucho que demostrar. Las visitas a Yasukuni, que no encuentro censurables, no son suficientes.

Porque Japón no lo tiene nada fácil. Su mayor rival, China, le ha desbancado como segunda potencia económica mundial y no descarta sus ansias expansionistas, que afectan a las Senkaku, un pequeño grupo de islas que pertenece a Japón desde el siglo XIX; y el protegido de China, Corea del Norte, continúa con sus provocaciones lanzando misiles cada cierto tiempo.

El debate sobre la seguridad y la influencia de Japón pasa por el papel de las Fuerzas de Autodefensa. En mi opinión, la modificación del artículo 9 de la Constitución de 1947, que prohíbe el uso de la fuerza armada como medio de resolución de disputas internacionales y la existencia de fuerzas armadas japonesas, constituiría un avance simbólico y útil, pero no lo único que hay que hacer. Shinzo Abe debe reforzar las Fuerzas de Autodefensa con nuevas tecnologías, armas y efectivos, y, en cuanto se presente la ocasión, dejar claro a China que si se propasa con Japón pagará un alto precio. Aun siendo China más poderosa, hay que señalar que otras naciones asiáticas también están sufriendo su hegemonía en la zona, así que Japón no estaría solo en un hipotético conflicto.

Como la carpa Koi de sus leyendas, Japón todavía puede sobreponerse a las adversidades, remontar el río de aguas turbulentas y transformarse en un imponente dragón, su verdadero destino. A Abe le corresponde liderar esa lucha por la supervivencia de su pueblo. Le deseo suerte y fortaleza. Lo va a necesitar.

domingo, diciembre 09, 2012

UN DIQUE CONTRA LA MAREA BLANCA

Muy recientemente, he tenido que pasar por el trance de que me extrajeran una muela del juicio problemática. Era necesaria la intervención de un cirujano maxilofacial y acudí a la sanidad pública. Pude ver fuera y dentro del hospital muchas pancartas y carteles contra los planes de la Comunidad de Madrid denominados privatizadores por los profesionales del sector sanitario. Eran carteles con rimas malas y manifiestos trufados de tópicos y falacias. A los médicos les había colocado en un altar, y creo que son de los más importantes profesionales en una sociedad, pero a la hora de protestar están demostrando tener un nivel muy bajo. Gregory House se echaría las manos a la cabeza.

No estoy en contra de la sanidad pública, de la que soy usuario. Durante demasiado tiempo, la izquierda agitó en Madrid el bulo de la privatización, a sabiendas de su falsedad. Lo que en verdad ocurría es que se abrían nuevos hospitales y los usuarios reflejaban su satisfacción en las encuestas. Pero la crisis pasa factura y se imponen cambios en un sector tan costoso como es el sanitario. En todo caso, la sanidad madrileña no se privatiza, sino que la gestión de varios hospitales va a ser adjudicada a empresas privadas, en la previsión de que prestarán un servicio sanitario más eficiente y ahorrarán dinero.

Este plan, obviamente, supone cambios nada cómodos para la generalidad del personal sanitario afectado. Hay puestos de trabajo y condiciones laborales en juego. Y los médicos, siempre muy celosos de su poder, ven con malos ojos que un empresario les organice. Tienen derecho a protestar y a exponer las insuficiencias del modelo propuesto, que las tiene. Pero lo que no pueden hacer es mentir descaradamente.

Están tratando de confundir a la opinión pública. En ningún caso se va a proceder a una privatización de la sanidad madrileña, que seguirá siendo gratuita y universal. Los usuarios no van a notar el cambio, como pone de manifiesto el hecho de que en hospitales de gestión privada ya operativos se atiende bien, sin merma de la calidad, y así lo reconocen los interesados. Con su huelga indefinida, son los médicos y enfermeras los que realmente están perjudicando a los pacientes. No sé por qué claman contra lo privado si ellos mismos son los primeros en defender sus intereses estrictamente particulares cuchillo en boca.

Los médicos, que en hospitales de gestión privada ya no serían funcionarios, se acogen a consignas ñoñas y baratas. “La sanidad no es un negocio”, dicen. Y lo dicen sin empacho alguno, a pesar de que muchos de ellos, entre los que cabe incluir a los líderes de la protesta, regentan clínicas privadas de las que obtienen grandes beneficios. Socialistas y comunistas, por su parte, también se oponen. Habría que recordar que en Andalucía abundan los conciertos con la sanidad privada. Y allí no gobiernan los neoliberales, sino PSOE e IU. En esta historia no hay que creer ciegamente a los que están detrás de la pancarta. Es muy fácil exaltar lo público, pero conviene no dejar de lado los datos y los argumentos serios. Las posturas irreductibles son las que más daño hacen en un contexto de crisis en el que los cambios son imprescindibles y, en ocasiones, forzosos.

¿Cuál es el problema de fondo en esta polémica? Cuando el Estado decide proveer un servicio público, en este caso la sanidad, la producción del mismo puede ser pública o privada. O dicho en términos jurídicos, hay que distinguir entre titularidad y gestión del servicio. Ambas alternativas son imperfectas. La Comunidad de Madrid ha entendido que es preferible una gestión privada (al menos en determinados hospitales) porque piensa que se reducirán los costes y no será afectada la atención sanitaria. Ello no significa el fin de la sanidad pública madrileña. Indudablemente, a la CAM debe exigirse un proceso transparente y que se eviten a toda costa los favoritismos y los chanchullos. También ha de negociar con el personal sanitario a fin de minimizar los efectos negativos de la externalización sobre situaciones particulares.

La bata blanca de los médicos es un símbolo de autoridad. Que se asocie ese símbolo a protestas demagógicas e histéricas por medio de las cuales se pretende engañar al ciudadano no les hará bien a la larga. La CAM tiene que lograr que la marea blanca, esa disparatada y suicida rebelión, se estrelle contra un dique construido con razones de peso y capaz de imponerse a la infumable ensalada de lemas, cantos y bailes en que ha degenerado la noble profesión médica.

domingo, diciembre 02, 2012

CUANDO SÓLO QUEDA NOSTALGIA

Lo negarán, pero la nostalgia es lo único que ha unido por unas horas a un PSOE fragmentado, anquilosado y perdido. El acto de homenaje a Felipe González en el treinta aniversario de su primera toma de posesión ha evidenciado que, para el PSOE, cualquier tiempo pasado fue mejor y que, tal vez, no haya mucho futuro. Los socialistas se han arremolinado en torno a su antiguo dios no sólo para rendirle pleitesía, sino también para demostrar que todavía son algo, a pesar de las sucesivas derrotas electorales.

Pero es dudoso. Felipe González es muy superior a Rubalcaba y, por supuesto, a Zapatero. Lógicamente, mantengo ciertas reservas. No puede desconocerse cómo acabaron sus gobiernos, la corrupción a mansalva, los GAL, la voluntad de que el poder político socialista copara todas las instituciones... La situación que heredó el PP era muy mala, crítica. Por ello, no creo que deba mitificarse a González.

No obstante, él supo modernizar el PSOE y convertirlo en un partido aceptable para la mayoría; acometió reformas profundas ya en el Gobierno, con miras de estadista; y, por último, el PSOE albergaba un proyecto ambicioso de carácter nacional y contaba, en general, con gente capacitada en sus filas.

Actualmente ocurre lo contrario. El PSOE está dividido, ayuno de ideas y anclado en el pasado. Además del recuerdo fresco de siete años tras los cuales España ha quedado postrada por la crisis, les lastra lo anticuado de sus líderes e ideas. Hay algunos jóvenes, pero con mentalidad de anciano, como Tomás Gómez, el que una vez lució patillas. Con Rubalcaba al frente, el PSOE no podrá aspirar ni a un mínimo lavado de cara. Porque el señor Rubalcaba es la viva imagen de lo peor del PSOE, si es que hay algo bueno.

Respecto a su programa, solamente tiene dos opciones. La primera es la ejecutada por Tony Blair con el Partido Laborista, esto es, limpiar el partido de viejos dogmas ideológicos y asumir que a la gente le preocupa más su bolsillo que las causas sociales en abstracto. Basta ya de decir a la ciudadanía que gracias a ellos tiene derechos y que sólo ellos pueden interpretarlos. El PSOE, si eligiera esta vía, tendría que parecerse más al Partido Liberal de Sagasta que a la mezcolanza de clichés y lemas de pancarta que es hoy.

La otra opción es la que, por desgracia para ellos, parece que están prefiriendo. Radicalizar aún más su discurso, oponerse con testarudez a los recortes en el gasto público y sumarse al pensamiento altermundista de los indignados. Como bien ha señalado Aznar, en una pelea de radicales gana el más radical. La extrema izquierda ya tiene muchos productos, a cual más aberrante, donde elegir. No necesita uno nuevo, adulterado y plagado de izquierdistas caviar.

A mí, honestamente, el PSOE no me importa nada. Ha hecho más daño que bien a España, sobre todo en los últimos siete años, y es el partido más corrupto de la Historia. Aun así, entiendo que en democracia es saludable la existencia de una alternativa seria al partido gobernante. Y si esa alternativa no es una unión temporal e inestable de chiringuitos extremistas, mucho mejor. Así pues, creo que es necesaria una oposición fuerte y unida. Estoy a favor del bipartidismo, una alternancia que requiere de dos jugadores aseados.

El recambio del PP no tiene por qué ser el PSOE, claro está. Visto lo visto, es posible que el PSOE no recupere jamás la fuerza que tuvo, especialmente si persiste en mantener unos líderes caducos y un discurso trasnochado, contrario a la libertad económica y a las aspiraciones individuales, y si sigue diciendo cosas distintas en función de la región de España a la que se dirija.

Mi sueño, ya lo he dicho otras veces, es que en España se turnaran en el poder dos partidos. Uno liberal y el otro más liberal si cabe. Como está difícil, puedo conformarme con un PP menos intervencionista y con UPyD de recambio. Queda un largo trecho para que este último partido pueda ocupar el lugar del PSOE, pero los socialistas, absortos en su nostalgia, se lo están poniendo fácil.

domingo, noviembre 25, 2012

UN DOMINGO CUALQUIERA

Otro domingo, otra noche electoral. El órdago separatista lanzado por Mas y su muy corrupto partido ya ha medido su apoyo en las urnas. Para llegar hasta aquí, ha habido que superar una desastrosa campaña –pérdida de tiempo y dinero-- y asistir a una honda crisis institucional y política.

Sin duda, Mas, “travestido en nuevo Moisés, brazos al viento, mirada al futuro de la tierra prometida, dispuesto a llevar al pueblo elegido a través del Mar Rojo de la incomprensión de Madrit” (Jesús Cacho), es un cobarde que convocó las elecciones anticipadas porque se veía incapaz de hacer frente a la crisis. Envuelto en la bandera para tapar sus errores y vergüenzas, ha engordado las emociones nacionalistas y formado un embrollo de incierta resolución, pues lo que está claro es que, una vez creado el monstruo, su creador no tendrá el control por mucho tiempo, máxime si ese personaje es Mas, quien ha cambiado de discurso, criterios y hoja de ruta casi a cada minuto de la campaña. Es difícil imaginar a un político más confuso y hueco.

A pesar de la tensión generada y del empeoramiento de la enfermedad nacionalista, hay unas cuantas cosas buenas que se pueden extraer de este sainete. La deriva nacionalista ha puesto de manifiesto, por ejemplo, la deslealtad, ignorancia y egocentrismo de Mas, así como la doblez, estulticia y ductilidad del ya amortizado Durán. Esas características ya me constaban, pero ahora han quedado iluminadas con especial intensidad. Asimismo, ha servido para dejar constancia de que en el PSOE, PSC o lo que sea sólo conocen del federalismo el nombre. Otra revelación interesante atañe a La Vanguardia, que ha despejado toda duda razonable acerca de cuál es la voz de su amo. El último en retratarse ha sido el fiscal de Cataluña, cuya actuación extravagante y servicial merece más que un reproche público.

Gracias a las majaderías de Mas, se han empezado a refutar desde distintas instancias los agravios que él agita, como el déficit fiscal, un concepto harto erróneo. El mismísimo Zapatero, haciendo tabula rasa de su pasado, escribió un artículo más que meritorio contra las groseras proclamas nacionalistas. Y en ese proceso de acumulación de argumentos y realidades contra los sueños y embustes nacionalistas, las instituciones europeas han aclarado que Cataluña estaría fuera de la Unión Europea en caso de separarse de España, con las consecuencias gravosas que ello acarrearía para esa región. Muchos intelectuales, políticos y expertos han firmado manifiestos a favor de la permanencia de Cataluña en España. Bienvenido sea este movimiento que rechaza el fin de la nación española.

En fin, la campaña ha sido un escenario idóneo para traer a colación los diversos y variados escándalos de corrupción en los que CiU, que es el que de verdad roba a los catalanes, ha estado o está directamente implicado. La reacción de los nacionalistas fue acorde con su manual. No van a por ellos, sino a por Cataluña. Para ellos no existe la responsabilidad personal.

Ya se sabe que CiU ha ganado las elecciones, aunque no con mayoría absoluta, su objetivo declarado, y por un margen más estrecho que en 2010. El gran beneficiario de los planteamientos de Mas ha sido ERC, un partido extremista, de camisas negras y ¿futuro compañero de cama de los burgueses de CiU? Mas se ha inmolado para que ERC suba en votos y escaños. Es posible que siga adelante con su plan, si es que alguna vez lo tuvo, pero su fuerza será la misma (o menor) que antes de las elecciones. Si obtener mayoría absoluta daba igual a efectos de cumplir los sueños de Cataluña, ¿por qué anticipó las elecciones? Para este viaje (a lo desconocido) no se necesitaban alforjas.

La diferencia con respecto a su situación anterior es que ahora tendrá que elegir entre lanzarse por el precipicio que él mismo ha señalado a sus conciudadanos o retroceder y pedir diálogo, siempre y cuando se lo permitan las fuerzas que él, en atención a puros intereses partidistas, ha desatado. Su victoria de hoy es pírrica, problemática: recibirá las burlas merecidas por su inepta estrategia, las críticas de quienes le reprochan no ocuparse de los problemas reales de los catalanes y el interés de la Justicia hacia sus corruptelas. ¡Qué estadista! ¡Qué salvador de la patria! Una genialidad sin parangón la del antes llamado Arturo.

Una mayoría absoluta, con todo, no habría hecho aceptable el proceso separatista, como no lo hace que en Cataluña una gran mayoría haya votado opciones independentistas. Es por ello que éste ha sido, a fin de cuentas, un domingo cualquiera. No tiene sentido que una de las naciones más antiguas de Europa se rompa por una cuestión de sentimientos basados en invenciones históricas y sin consultar a todo el pueblo español, que es el sujeto de la soberanía y el que tiene que decidir, conjuntamente, el destino de su territorio, de acuerdo con lo que establece la Constitución. A partir de mañana, hay que seguir combatiendo a los nacionalistas, y exigir respeto a la Constitución, a la autonomía catalana y a los ciudadanos de toda España.

domingo, noviembre 18, 2012

CONTRA LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA FISCAL

La única objeción de conciencia reconocida de manera expresa por la Constitución de 1978 es la vinculada al servicio militar (art. 30.2), protegida, además, por el recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional (art. 53.2). Ello no obsta a que, a lo largo del tiempo, hayan aparecido otros supuestos de objeción de conciencia que han recibido una respuesta desigual de la jurisprudencia. Cito, a título de ejemplo, la objeción de conciencia al aborto (al principio sin cobertura legal, pero aceptada por el TC en su Sentencia 53/1985, de 11 de abril, y recogida hoy en el artículo 19.2 de la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de maro, de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo), la objeción de conciencia a tratamientos médicos o la más dudosa objeción de conciencia a los matrimonios homosexuales. Y, recientemente, parece que de la mano del Sindicato Unificado de Policía puede hablarse de objeción de conciencia policial a participar en desahucios.

Para Santiago Cañamares, en estos casos “el individuo se encuentra en la disyuntiva de obedecer a la norma o a su propia conciencia, que le impone no atenerse a las exigencias de la primera, ya le reclamen un comportamiento activo u omisivo, tratando de encontrar una salida razonable que respete su conciencia” (Derecho Eclesiástico del Estado, Colex, 2011, p. 111). El fundamento de dar efectividad al conflicto que nace entre la conciencia de un individuo y una norma jurídica reside en la libertad de conciencia consagrada en el artículo 16 CE. Y no es un derecho fundamental menor, como es obvio. Pero los casos son muy variados, así como las consecuencias, por lo que es preferentemente la jurisprudencia la llamada a resolver la cuestión de sus límites. Debería aplicarse, según Cañamares, la regla de la proporcionalidad, a fin de que la libertad de conciencia sea afectada sólo cuando entre en colisión con ella un interés de relevancia constitucional equivalente (ibidem, p. 114).

El TC, por un lado, ha afirmado que la objeción de conciencia “es un derecho reconocido explícita e implícitamente en la ordenación constitucional española” (STC 15/1982, de 23 de abril, Fundamento Jurídico 6) y, por otro, que “el derecho a ser eximido del cumplimiento de los deberes constitucionales o legales por resultar ese cumplimiento contrario a las propias convicciones, no está reconocido ni cabe imaginar que lo estuviera […], admitiéndose sólo “excepcionalmente respecto a un deber concreto” (STC 161/1987, de 27 de octubre, FJ 3). Esta segunda línea es la que ha acabado imponiéndose.

Entrando en la objeción de conciencia fiscal, la pregunta es: ¿Caben excepciones basadas en la conciencia al deber de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos (art. 31 CE)? Lo primero es explicar el porqué de esta objeción. No se busca defraudar la cuota tributaria, sino dejar de pagarla porque el objetor no desea que se financien con lo recaudado fines contrarios a su propia conciencia (véase Rafael Navarro-Valls, “Las objeciones de conciencia”, Derecho Eclesiástico del Estado español, Eunsa, 2004, p. 171). En concreto, una modalidad habitual ha sido la de no pagar la parte del IRPF que correspondería, en teoría, a gastos de defensa.

Pues bien, el TC, en su Auto 71/1993, de 1 de marzo, ha argumentado en contra de la objeción de conciencia fiscal. El objetor solicitaba deducirse del IRPF la parte proporcional correspondiente, según sus estimaciones, a los gastos de armamento previstos en los Presupuestos Generales del Estado de 1986. Presenta recurso de amparo y el Alto Tribunal no lo admite a trámite. El rechazo del TC es tajante, pues “no cabe invocar la objeción de conciencia como excepción al deber general previsto en el art. 31 C.E., por carecer tal pretensión de fundamento constitucional y no estar, además, prevista en el ordenamiento tributario” (FJ 3). Ni siquiera “cabe ampararse en la libertad ideológica del art. 16 C.E. para pretender de este Tribunal, con base en este derecho, ni que se reconozca una excepción al cumplimiento del deber general de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos (art. 31.1 C.E.), ni la adopción de formas alternativas de este deber, como parece haber sostenido el recurrente ante la Administración Tributaria”, puesto que implicaría atribuir a cada contribuyente “la facultad de autodisponer de una porción de su deuda tributaria por razón de su ideología” (ibidem).

Compete a las Cortes Generales la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y, como destaca el TC, a los ciudadanos les asiste el derecho clave de “participar en los asuntos públicos eligiendo a sus representantes a través de elecciones periódicas, en las que podrán censurar o dar su aprobación, mediante su voto, a la actuación llevada a cabo en las Cortes Generales por los partidos políticos en relación con la concreta determinación en los Presupuestos Generales del Estado de las previsiones de ingreso y las autorizaciones de gastos para cada ejercicio económico” (ibidem). Lo cual es la dinámica propia de un Estado de Derecho.

A pesar de que claramente la conciencia de uno no debiera confundirse con las obligaciones tributarias, determinados personajes de la vida política española pusieron de manifiesto, con ocasión de la aprobación de la amnistía fiscal, una amorosa relación entre moral e impuestos. Así, los que se oponían a la amnistía aducían que era inmoral. Lo que para unos es bueno desde el punto de vista moral, para posibles objetores sería indeseable, y podrían decir que no es moral pagar impuestos, al menos en la parte que ellos entienden financiaría gastos inaceptables. Por lo tanto, es más conveniente no hacer de los impuestos un tema moral: son una obligación puramente legal y absolutamente imprescindible para mantener un Estado operativo. La moral, en mi opinión, se caracteriza por su no exigencia coactiva, justo lo contrario que los tributos.

domingo, noviembre 11, 2012

UNA HUELGA GENERAL CON FINES PARTICULARES

La segunda huelga general convocada en esta legislatura, prevista para el próximo miércoles, no tendrá el efecto de torcer la voluntad del Gobierno. Primero, porque un éxito rotundo es improbable. Y, en segundo término, porque el Gobierno, a pesar de que mucha gente proteste, tiene la obligación de gobernar y de no escuchar a la calle, especialmente en caso de que ésta se entregue a líderes tan irresponsables como Tocho y Cándido.

Aunque no cumpla su objetivo, el de forzar al Gobierno a que convoque un referéndum sobre los recortes, la huelga sí servirá para difundir propaganda y deteriorar un poco más la imagen de España, dejando ahora al margen la actuación violenta de los piquetes coactivos, el destrozo de mobiliario urbano, las pérdidas de las empresas, etcétera. La huelga es una buena excusa para contar un relato de la crisis que no se corresponde con los hechos. Porque hay gente a la que determinados políticos y sindicalistas, con embustes sobrecogedores, ha convencido de que los culpables de la crisis del sector financiero son los bancos y que los recortes son malos sin excepción.

En rigor, el verdadero problema del sector financiero se incubó en las cajas de ahorros: en ellas se han dado los mayores abusos, disparates y corruptelas. Estas entidades, gestionadas por políticos y sindicalistas, son las que han recibido las más cuantiosas ayudas públicas. Bankia, por ejemplo, no es otra cosa que la fusión de ocho cajas de ahorros, controladas --hay que insistir-- por fuerzas políticas. El mal no vino de las finanzas, sino de la política. Los bancos, en general, han hecho sus deberes. Por consiguiente, es una vergüenza que politicastros como Elena Valenciano sigan hablando de ayudas a la banca, creando una confusión deliberada para ocultar las responsabilidades de políticos y sindicalistas en el colapso del sistema financiero español. Los bancos y los ciudadanos no necesitan rescates del Estado: necesitan ser rescatados de políticos socialistas y sindicatos que hacen de todo menos defender a los trabajadores.

Por lo que se refiere a los recortes, a nadie debería doler que se adelgace un Estado demasiado grande e ineficiente y que se reformen determinados servicios para que puedan seguir funcionando en un futuro. Y, además de lo anterior, la reducción del déficit es un asunto crucial para sanar la economía y un objetivo irrenunciable exigido por la Unión Europea. Ocurre que los sindicalistas se resisten al cambio y sólo ofrecen como alternativa una orgía de gasto público (y si lo administran ellos, mejor). En mi opinión, la gente que con más cerrazón ideológica defiende los servicios públicos es la peor enemiga de los mismos. Obstaculizan reformas que son las que pueden salvar lo salvable del Estado de Bienestar.

Como ha criticado Esperanza Aguirre, “los convocantes de la huelga general del próximo día 14 están haciendo un uso torticero del derecho de huelga porque es indisimulable su carácter político, es decir, su pretensión de doblar el brazo a un gobierno democrático y legítimo”. Sin duda, es una huelga ajena al interés de los trabajadores. El único interés en juego es el de UGT y CCOO, que pretenden mantener a toda costa la rentabilidad de su fructífero y opaco negocio sindical. Desde 2010, su poder e influencia han disminuido, y tampoco les ha sentado bien perder parte de las subvenciones que reciben del Estado, ya que viven de eso, no de las cuotas de sus afiliados. Lógicamente, entiendo que miles de liberados participen en la huelga general, pero no ciudadanos bien informados. Regreso a lo que escribí en 2010 con ocasión de otra huelga general: “Apoyar a los sindicatos en esta huelga general es cometer un error, pues los únicos beneficiados van a ser Cándido y Tocho, tanto monta, cuyo temor a que se les acabe el chollo es tangible”.

Habría que determinar cuál es el grado de responsabilidad de estos dos sindicatos en la situación actual de España. Si en 2008 el Gobierno hubiese reaccionado poniendo en marcha reformas y controlando el gasto, muy probablemente a día de hoy no tendrían que haberse hecho tantos recortes de sopetón y adoptado decisiones drásticas (dejo claro, de todas maneras, que la austeridad predicada por unos y deplorada por otros no es en la mayoría de los casos real). Sin embargo, hasta 2010 Zapatero estuvo mal aconsejado o presionado por Cándido para no hacer nada, excepto emplear el dinero público en abrir y cerrar zanjas. Pues bien, cuando los sindicatos hablen de lo que tiene que hacer o dejar de hacer el Gobierno, habría que reprocharles su papel en la crisis. Puede que el Gobierno se equivoque en muchas cosas, lo que no excluye la certeza de que caer en manos de los sindicatos sería infinitamente peor.

Finalizo con ciertas advertencias. Los que sigan la huelga han de respetar el derecho a trabajar de los demás y los servicios mínimos. Y la actuación de piquetes coactivos puede y debe ser contestada con denuncias a las autoridades, o bien ejerciendo la legítima defensa si hay agresiones por su parte.

miércoles, octubre 31, 2012

EL VIAJE A LO DESCONOCIDO DEL REY ARTURO

En otoño de 2015, Artur Mas emprendió un nuevo viaje a lo desconocido. Su objetivo final era salvar Cataluña... otra vez.

Cataluña era independiente de España y tenía su Estado propio desde 2014, gracias a la convocatoria de una consulta ilegal y a la pasividad del Gobierno español. Pero el “sueño” descrito por Mas, una vez cumplido, no había resistido una realidad que no podía ser más decepcionante y complicada. El nuevo Estado había nacido lastrado por una inmensa deuda y, a pesar de todos los esfuerzos de la Generalidad, fuera de la Unión Europea. Muchos empresarios de éxito y bancos internacionales decidieron abandonar Cataluña; otros fueron a la quiebra. El boicot ordenado por Mas a los productos españoles había sido contestado por uno español a los productos catalanes que había terminado de hundir en la miseria a la industria catalana. Finalmente, la pesada carga de burocracia e impuestos y el aumento de la intervención pública para vigilar la pureza catalana de cada ciudadano y proyecto enterraban la iniciativa empresarial y ahuyentaban la inversión.

En definitiva, si antes de la independencia la Generalidad no podría pagar hospitales o farmacias, en 2015 a duras penas abonaba las nóminas de su personal.

Así las cosas, Mas había tomado una decisión. Su plan era viajar a Madrid para exigir a Mariano Rajoy que la partida de los Presupuestos Generales del Estado dedicada a Cooperación y Desarrollo fuera a parar íntegramente a Cataluña. Si el odiado mandatario español no aceptaba, a Mas no le quedaría otra salida que declarar la guerra a España, aun no teniendo ejército con que luchar.

--No es ir a pedir limosna –había aclarado Mas en una entrevista a TV3 que superó las tres horas de duración--, sino exigir a Madrid lo que es nuestro de forma natural, porque aún nos debe mucho y estamos hartos que desde el Estado español se entorpezca nuestro sueño de una Cataluña libre.

Y se había subido a su autobús oficial con esa idea en mente, consciente de que se jugaba su futuro político.

El autobús entró en un túnel y su interior se llenó de una luz anaranjada. Artur Mas estaba recostado en su asiento, consultando unos papeles. El autobús que le conducía a Madrid, espacioso y cómodo, pertenecía al Fútbol Club Barcelona. El AVE seguía pasando por Cataluña, pero con poca frecuencia; además, la Generalidad había considerado que daría muy mal ejemplo al pueblo catalán si consumía un servicio español.

Dejaron atrás el túnel. Ya había anochecido y atravesaban a toda velocidad una zona desértica, sin civilización visible. Habían elegido viajar por una carretera muy secundaria debido a que la Generalidad había extendido el bulo de que el Gobierno español estaba intentando liquidar a Mas mediante un ataque con aviones no tripulados en territorio catalán. Los nacionalistas tenían que ser consecuentes con sus propias falsedades.

--¡No hay quien entienda estos papeles! --exclamó Mas repentinamente, ofuscado, arrojando los papeles, llenos de cifras y estadísticas, al aire--. ¡Que alguien me sirva una copa!

Josep Guardiola, su ayuda de cámara, se levantó solícito y se dirigió la nevera del autobús. Detrás de Mas, Joan Fernández, periodista, apuntó en su bloc de notas: “El Presidente no deja de estudiar, incluso de noche, cuando los demás descansan. Se le ve muy preocupado por las malas noticias económicas, pero conserva la calma porque él ha vislumbrado el luminoso futuro de nuestra tierra milenaria”.

--¿Qué tal va eso, amigo? --inquirió al periodista Ernest Closseau, jefe de seguridad de Mas, con su potente vozarrón. Apenas cabía en su asiento y, con cada movimiento, su musculoso cuerpo se destacaba bajo el traje oscuro.

--Muy bien –afirmó Fernández--. De aquí va a salir un reportaje extraordinario, al nivel de nuestro Presidente.

Joan Fernández, antes de continuar escribiendo, dedicó una sonrisa aduladora a Closseau. La verdad es que estaba muy emocionado. Había sido enviado por La Vanguardia a cubrir la última hazaña de Mas, una hazaña equiparable al viaje a Madrid en 2012 a negociar el pacto fiscal, y sabía que era su oportunidad de agradar a sus jefes con un reportaje que mostrara la grandeza de su Presidente y la mezquindad de Madrid.

Y también le hacía mucha ilusión haber conocido por fin al Rey Arturo, nombre con el que se conocía a Mas en el nuevo Estado. Le había visto muchas veces en su palacio gótico, en esas comparecencias televisivas en las que explicaba con tono pedagógico las ofensas históricas sufridas por Cataluña y cómo el Estado español no la dejaba despegar, pero nunca en persona.

Aquella mañana, había esperado al Rey Arturo al lado del autobús. ¡Se puso muy nervioso cuando apareció! Mas bajó del coche y, con majestuosidad, recorrió sobre una alfombra roja el espacio que le separaba del autobús. Imbuido de solemnidad y gravedad, ni se había detenido a saludar a sus partidarios, que tras unas vallas colocadas a ambos lados de la alfombra le vitoreaban al tiempo que agitaban banderas catalanas. Los múltiples problemas y su incompetente gestión no habían minado demasiado la popularidad, pues mucha gente seguía viviendo en la realidad alternativa creada por el nacionalismo para la ocasión. Los ciudadanos compraban sus mentiras y excusas, y la fórmula de echar la culpa de todo a Madrid todavía daba buenos resultados.

A Joan Fernández el Presidente le había parecido impresionante. Hierático, con la mirada perdida, brumosa, Mas le había saludado distraídamente. Fernández tuvo ardientes deseos de arrodillarse ante semejante despliegue de poderío. Acto seguido, el Presidente había subido al autobús con presteza, la capa confeccionada con una bandera catalana que solía lucir en los actos trascendentes revoloteando a sus espaldas.

Estaba planeado que llegaran a Madrid de madrugada. Mas, que cada vez se fiaba de menos de su gente, en especial de los miembros de su partido que le querían sustituir por un Pujol, sólo viajaba con Guardiola y Closseau, de su más estrecho círculo, aparte del conductor, que ejercería de traductor ante Rajoy.

Guardiola sirvió a Mas su copa, un gin tonic bien cargado.

--No se preocupe, Presidente –le tranquilizó con voz cálida--. Somos un país pequeño, pero pronto seremos eternos.

--Desde luego –concedió Mas, y acabó su bebida de un largo trago. Cogió sus gafas de concha de su regazo y añadió--: Rajoy no me puede poner excusas de mal pagador.

Cautivado, Fernández escribió: “El Presidente tiene muy claro que lo primero es el interés de Cataluña y se va a dejar la piel para defenderlo. Esta semana acudió al notario para consagrar su promesa de que pagará las pensiones, siempre que no se lo impida el Estado español. Es un hombre que no duda, y quiere que nadie dude de que se puede confiar en él”.

--Se nos está maltratando –protestó amargamente Mas, levantando la cabeza de sus papeles y llevándose la mano a su sobresaliente y varonil mentón--. Con este viaje haré entender a los catalanes que Madrid sólo quiere torpedear nuestra independencia con malas artes. Y si no me dan lo que deseo, como es de prever, internacionalizaré el conflicto con una declaración de guerra. El buen amigo Otegi, al que he colocado en la embajada en Bruselas, ya está preparando un listado de agravios que presentar a las instituciones europeas.--Cruzó los brazos, enfurruñado--. Aún no sé por qué no nos aceptan en la OTAN.

Closseau, el más sensato de todos los presentes, carraspeó un poco.

--Señor, tal vez sea porque no tenemos ejército... ni posibilidad de armar uno –comentó, dubitativo, aunque sabía que Mas le permitía ser franco con él en la intimidad.

Guardiola movió su reluciente calva, que había mandado pulir para tan señalada misión.

--Los catalanes dominamos el Mediterráneo, descubrimos América, inspiramos la bandera de Estados Unidos, resistimos las invasiones españolas... --enumeró, un tanto sofocado--. Hemos sido humildes y no hemos ido restregando a nadie nuestros logros. Pero cuando presentemos estos credenciales al mundo, muchos nos ayudarán a librarnos de la opresión española.

--Ya sé que no debo intervenir en estos temas –terció Fernández con nerviosismo--, pero quiero dejar claro que me siento muy a salvo con Cataluña en manos tan capacitadas como las suyas, señores.

Complacido, Mas sonrió y adelantó el mentón hacia el periodista.

--Se lo agradezco mucho. Le voy a decir a Pilar Rahola, directora de su periódico, que está haciendo un estupendo trabajo. Es necesario que...

El ruido de una explosión cortó al Presidente. El autobús empezó a tambalearse y derrapó peligrosamente, acercándose al borde de la carretera, que, además, estaba plagada de baches y grietas. El conductor trató de controlar los bruscos vaivenes del vehículo.

--¡Son los aviones no tripulados del Estado español! --chilló Fernández.

Todos los ocupantes del autobús creyeron que iban a salirse de la carretera y volcar, pero el conductor logró dominar a la bestia y detenerla.

--Creo que ha estallado una de las ruedas traseras –dijo, secándose el sudor de la frente.

Se hallaban en mitad de la nada. Según el conductor, aún no habían salido de Cataluña. Bajaron del vehículo a inspeccionar los daños y Mas, rodeado de su mínimo séquito, se atusó su indómito tupé y empezó a quejarse:

--¡Menudo contratiempo! Sólo faltaba que no pudiéramos llegar a Madrid... Se van a reír de nosotros.--Hizo un gesto impaciente a Guardiola--. Deprisa, llama de una vez a la Generalidad.

--Señor, no hay señal –musitó Guardiola, el móvil aún pegado a la oreja--. No parece que haya cobertura.

--¡Maldita sea! --gruñó Mas.

El conductor, que había estado examinando la rueda pinchada, regresó con el grupo. Antes de decir nada, abrió la palma de su mano y la alumbró con su linterna. Ahí brillaba una especie de estrella hecha con cuerdas que sujetaban unas afiladas cuchillas.

--La rueda no ha explotado por casualidad –explicó-. Han debido de lanzarnos esta cosa desde algún lugar del campo...
Señaló el campo desierto, silencioso y en completa oscuridad que les rodeaba.

--Se trata de un sabotaje, evidentemente –apuntó Closseau, intrigado por la estrella--. ¿Quién podría ser el culpable? A lo mejor es sólo una broma pesada de algún lugareño...

--¿No es obvio? --intervino Fernández, alarmado--. Han sido los españoles. Es una trampa para cazarnos y matarnos. ¡Tenemos que salir de aquí!

--No pierda los nervios, amigo –le pidió Closseau, apoyando su fuerte mano en el hombro del periodista--. A pesar de todo, no creo que hayan sido los españoles. Eso no tiene sentido. Honestamente, no tienen drones y tampoco pienso que se dediquen a lanzar estrellas ninja a autobuses que pasan por carreteras de tercera.

--A mí me da igual quién haya sido –murmuró Mas--, mi problema es que hace mucho frío y no podemos comunicarnos con nadie. Hay que encontrar alguna población para llamar por teléfono y que nos saquen rápidamente de este asqueroso desierto.¡Vamos! Guardiola, trae mi capa. Iremos campo a través.

Closseau, tras echar una mirada en derredor, dijo:

--No sé si es una buena idea. No sabemos lo que...

--¡Silencio! --ordenó Mas--. Soy el Presidente de la Generalidad y estoy en mis tierras. ¡Nadie se atreverá a hacernos nada! Y si los que han hecho esto se dan cuenta de a quién han atacado, vendrán a suplicarnos perdón. No en vano me llaman Rey Arturo. Vamos, en marcha.

Y así se adentraron en el campo, muy pedregoso e irregular, y caminaron durante una media hora.

Avanzaban lentamente, con los pies cada vez más doloridos, y no encontraban nada más que cantos rodados y malas hierbas, pero Mas seguía insistiendo en que pronto se toparían con un pueblo.

--Cuando lleguemos, me recibirán como un héroe –iba contando Mas, en parte para distraerse a sí mismo-- y nos ofrecerán un transporte seguro con el que llegar a Madrid a tiempo.

--Señor, silencio, por favor –susurró entonces Closseau, arrimándose al Presidente--. Creo que nos están vigilando –añadió en voz aún más baja.

El guardaespaldas había sacado su pistola y permanecía en alerta, preparado para actuar. Guardiola dio un agudo chillido y se abrazó al conductor, que, desconcertado, intentó sacárselo de encima. Y Fernández, que llevaba una de las dos linternas, empezó a moverla en todas direcciones, pese a que Closseau le mandó quedarse quieto.

Pasaron unos segundos y, como no se materializó ninguna amenaza, Closseau guardó el arma. Aun así, estaba visiblemente preocupado y no dejaba de mirar por encima de su hombro, cauto. Estaban solos, perdidos y en una zona sin visibilidad alguna. Y, lo que era aún peor, estaban allí a causa de un ataque poco corriente. Closseau había escuchado muchas historias que implicaban a inocentes ciudadanos sufriendo los horrores que escondía la vida rural y aislada.

--Vayamos con cuidado. El que nos ha lanzado la estrella podría estar cerca, esperando su oportunidad... Presidente, no se separe de mí.

--¡Miren allí! --exclamó el conductor al poco de reanudar el camino.

Creyendo que se trataba de quien les había atacado, Closseau volvió a sacar el arma y agarró a Mas del brazo.

--No, no..., no hay peligro –aseguró el conductor--. ¿Es que no ven las luces?

En efecto, a lo lejos se divisaban las luces de lo que parecía una solitaria cabaña. A Mas le faltó tiempo para soltarse del brazo de Closseau y avanzar hacia allí a grandes zancadas. Los demás le siguieron resoplando, aunque también estaban deseosos de finalizar la caminata y descansar.

La cabaña, una pequeña edificación de piedra con techumbre de madera, tenía un aspecto deteriorado y algo siniestro. A su alrededor se encontraban esparcidos todo tipo de herramientas y cachivaches, e incluso restos de hogueras en los que se acumulaban huesos de animales. Había también un garaje hecho de madera con la puerta corrida, en cuyo interior se avistaban más trastos y muchas bolsas de basura.

Aquel emplazamiento, en un paraje tan tétrico y muerto, despertó las sospechas de Closseau. No así en Mas, quien, seguro de sí mismo, se plantó ante la puerta con el mentón por delante y la aporreó.

--¡Abran! Soy el Presidente Mas y necesito auxilio inmediato. ¡Deprisa!

En la puerta apareció al punto un anciano achaparrado y escuálido que le enseñó una sonrisa desdentada. Vestía un chaleco de punto y una camisa roída y manchada de grasa. Haciendo una reverencia, se hizo a un lado para que pudiera pasar el Presidente.

--Pasen, pasen todos, por favor –dijo amable y educadamente, y se frotó repetidas veces las manos--. Hace frío afuera y acechan las alimañas.

Sumamente satisfecho, Mas entró en la cabaña, poniendo atención en no arrastrar su espléndida capa por el suelo, que era de tierra apisonada.

La puerta comunicaba directamente con una diminuta sala mal iluminada. En un costado de la pared había una chimenea apagada. Casi toda la sala estaba ocupada, por lo demás, por una sólida mesa de madera. Una puerta se abrió en el otro extremo y de ahí salió una mujer obesa y con el pelo canoso que portaba un puchero en sus manos.

--¡Vaya, invitados! --exclamó, y justo entonces estornudó sobre el puchero.

Guardiola puso cara de asco. La cabaña no sólo estaba hecha un estercolero, dentro y fuera, sino que flotaba en el ambiente un penetrante hedor, tal vez de animales en descomposición o comida mal conservada.

El viejo, que había cerrado cuidadosamente la puerta, les invitó a tomar asiento: había sillas de sobra. Mas tardó un poco en sentarse, atento como estaba a ciertos detalles de la habitación, en especial una bandera de España pegada a la pared y la figura de un toro sobre una repisa torcida.

--Esta familia tiene una identidad estrictamente española –susurró al oído de Closseau, que asintió con la cabeza.

Además de eso, había otros detalles inquietantes. Hoces y ganchos colgados del techo, manchas parduzcas en las paredes y cucarachas y arañas campando a sus anchas. Guardiola estuvo a punto de vomitar cuando una araña descendió hasta su cráneo pelado y tuvo que darse manotazos para echarla de allí.

--Córcholis, qué poco cuidado tienen aquí –dijo, cerrando los ojos para reprimir las náuseas--, con lo limpio que es en general el pueblo catalán.

Fernández y el conductor, sentados a su izquierda y derecha, le conminaron a que fuera amable. Después de todo, no sabían si encontrarían cerca otras gentes dispuestas a echarles una mano. Lo último que deseaban era tener que volver a andar por el campo. Y algo les decía que el viejo no estaba en sus cabales...

De hecho, sólo por respeto al anciano habían aceptado sentarse a aquella mesa de dudoso gusto. El impaciente Mas, no obstante, quiso imponer su autoridad cuando la mujer empezó a echarles en el plato una viscosa masa marrón que, según ella, eran unas ricas gachas.

--Perdone, señora –dijo Mas, quitándose las gafas y adoptando la pose a caballo entre persuasiva y grave que solía utilizar en sus entrevistas--, es que estamos en una misión muy importante para Cataluña y no podemos quedarnos a cenar. Necesito ahora un mismo un teléfono.

La mujer hizo caso omiso y sirvió aún más gachas a Mas, que, componiendo una mueca de disgusto, miró al viejo. Hurgaba valiéndose de un mondadientes entre los pocos dientes que le quedaban. Mas se fijó en sus uñas repletas de mugre, en sus manos hinchadas y arrugadas y en su rostro ajado y sucio. Sintió una incontrolable repugnancia. Y era mejor no hablar de la cabaña, o mejor dicho, de la pocilga con bandera de España. ¿Cómo era posible que en su Cataluña existiera aún gente así? Sólo podía ser un inmigrante extremeño o andaluz, un charnego. Eso lo explicaría todo Eran personas como él las que estaban llevando a la ruina el país.

--Señor, ¿es que no se me entiende?--Mas elevó la voz--. ¡Tenemos prisa y mucho trabajo que hacer! No podemos cenar ni andarnos con cortesías. Cataluña nos necesita.

El viejo arqueó las cejas, hundió el mondadientes en sus putrefactas encías y escupió sobre la mesa, cerca del plato de Mas. Su señora soltó una carcajada porcina.

--¿Y eso a mí qué? --pronunció lentamente el viejo--. Jódete.

Acostumbrados a una Cataluña en la que a los disidentes se les ataba a un árbol y se les pegaba un tiro en la rodilla, Mas y su séquito creyeron no haber escuchado bien. Una segunda carcajada de la desagradable mujer les devolvió a la vida real. Aquel carcamal, un simple paleto, estaba desafiando al mismísimo Presidente de la Generalidad.

Mas dio un puñetazo sobre la mesa, rojo de ira.

--¡Esto es intolerable! ¡No se lo permito! Me debe usted un respeto, señor, y le exijo que ya mismo nos proporcione un teléfono y que, de paso, retire esa bandera de la pared de esta chabola infecta. No sé a qué se dedicará usted, pero haga lo que haga va a recibir una visita de los servicios de inspección de la Generalidad para comprobar su catalanidad.

Se hizo un silencio. Aunque Mas creía haber intimidado a la pareja de ancianos, se les veía más divertidos que otra cosa. Guardiola estiró su jersey de pico hasta casi deformarlo y Fernández tomó unas cuantas notas en su bloc. Echaban de menos la seguridad y confort del autobús, ahora lejos de allí, inalcanzable.

--Lo único intolerable –replicó por fin el viejo, y se arrancó el mondadientes de la boca para arrojarlo al suelo-- es que ustedes no estén celebrando como es debido la noche de todos los espíritus. Hoy es 31 de octubre –prosiguió en tono reprobatorio--, no sé qué hacen ustedes danzando por ahí y fingiendo que trabajan.

--Muy mal, verdaderamente mal –terció la señora.

--Pero con nosotros celebrarán esta noche como debe hacerse –aseveró el viejo, achinando sus amarillentos ojos--. Con sangre.

La puerta de la cabaña se abrió de golpe. Closseau fue a echar mano de su pistola, pero algo tiró de él con una fuerza sobrehumana. Cayó de espaldas fuera de la cabaña. Debía de tratarse de un tipo muy fuerte para haber podido lanzarle así. En la puerta, de espaldas a él, vio un ser inmenso con una forma extraña y peluda cubriéndole la cabeza. Sin perderle de vista, tanteó el suelo en busca de su pistola, que había soltado al caer. Si la encontraba todo habría terminado.

Pero de las sombras surgió un feroz perro que se precipitó hacia él, y al momento aparecieron dos más. Closseau sintió los dientes clavándose en su rostro, cuello y extremidades. Cerró los ojos y dejó de luchar.

Mientras tanto, dentro de la cabaña, Mas había empequeñecido. Incluso su mentón parecía haber menguado. Estaba pálido y temblaba como un flan.

--Les presento a mi hijo –anunció, orgulloso, el viejo.

Su hijo era el que había tirado a Closseau sin ninguna dificultad. Era una mole de carne de unos dos metros de altura, extremadamente corpulento y con unas manos gigantescas y rudas. Hasta ahí la visión era aceptable. Lo peor era su cabeza.

Porque no era humana.

El monstruo tenía cabeza de toro. Debía de ser tan sólo una piel que usaba como máscara, pero el efecto estaba muy logrado y no faltaban dos cuernos bien prominentes.

El minotauro no hablaba. Se movía con parsimonia, inclinando a los lados su desproporcionada cabeza. Se colocó detrás de Guardiola. Todos estaban paralizados por el terror y no se atrevían a hablar. Los aullidos satisfechos de los perros les daban una idea del destino de Closseau.

--Hijo mío, estas personas nos han faltado al respeto y han faltado el respeto a los muertos –manifestó el viejo, poniéndose en pie--. Las gachas estaban buenas. ¡Es la hora del segundo plato!

El minotauro, siempre en silencio, extrajo de su cinturón un largo machete, lo alzó hasta la altura de su morro de toro y lo abatió sobre la monda cabeza de Guardiola, que se partió por la mitad como un melón, salpicando de sangre al conductor del autobús y a Fernández.

Habiendo visto ya suficiente, Mas, movido por su desarrollado instinto de supervivencia, dio un brinco, se subió a la mesa, cubierta de sangre y pedazos del cráneo de su ayudante, y echó a correr hacia la salida. El minotauro no llegó a tiempo de bloquear la puerta, pero sí consiguió enganchar la capa de Mas. No obstante, al tirar de ella se desprendió y Mas continuó corriendo. El conductor y Fernández, aprovechando el desconcierto, pasaron al lado del minotauro y abandonaron la cabaña.

Los perros estaban dando cuenta del cadáver de Closseau y no les persiguieron. En cambio, el minotauro, espoleado por los bramidos demenciales de su padre, cargó contra el conductor. Éste intentó acelerar cuando ya era demasiado tarde. Uno de los cuernos atravesó su espalda; el minotauro cogió impulso y fue a dar contra el tronco de un árbol muerto. El minotauro lanzó un gemido gutural. El cuerno con el que había ensartado al conductor se había quedado enganchado y no podía soltarse.

Gracias a eso Fernández se creyó a salvo. El minotauro no era capaz de arrancarse la cabeza de toro y, por tanto, seguía enganchado al árbol, donde el pobre conductor agonizaba entre horribles convulsiones. Sin duda, iba a poder escribir el reportaje del siglo.

Absorto en tales pensamientos, ni siquiera se fijó por donde pisaba. El cepo se cerró sobre su pierna derecha, destrozándola, y cayó de bruces al suelo. Retorciéndose de dolor, se arrastró como pudo, sollozando y pidiendo clemencia.

Algo se acercaba.

Se dio la vuelta. El minotauro, ya sin cabeza, blandió su machete. Fernández comprendió por qué cubría su rostro con una máscara. En realidad, carecía de rostro. Sólo tenía una piel quemada, achicharrada y podrida, sin rastro de nariz, ojos o boca, y un agujero por el que se deslizaba una baba amarillenta.

Fernández no tuvo ni energías para gritar. En menos de treinta segundos, su cuerpo fue despedazado a machetazos.

Ya lejos de la masacre, Mas aflojó la carrera cuando vio que no se distinguían las luces de la cabaña. Suponía que el minotauro era bastante lento y que, a no ser que dispusieran de un vehículo, no podrían alcanzarle. De todas maneras, no podía detenerse ni un momento, o terminaría como su séquito.

--Un estadista como yo no puede perecer aquí –proclamó en voz alta, y continuó adelante.

Casi no veía nada y tropezó y cayó al suelo varias veces. Aun así, el miedo le había dado alas y mantuvo un buen ritmo. El problema era que el campo no tenía fin y, además, no sabía a dónde se estaba dirigiendo. Tal vez estuviese dando vueltas, o aún peor, encaminándose hacia alguna de las trampas del viejo.

Todavía pensando en sus posibilidades si no conseguía ayuda, se dio cuenta de que pisaba un suelo firme, más liso. ¡Estaba en la carretera! No vio por ninguna parte el autobús, pero al menos estaba en la carretera, lo que ya era un logro fundamental. Se sintió aún más afortunado cuando escuchó el ruido de un motor que se aproximaba.

--¡Eh, aquí! ¡Auxilio! --gritó, y se colocó delante de los faros del vehículo. Su traje plateado había quedado reducido a jirones y estaba despeinado y sudoroso, pero esperaba ser reconocido como Presidente de la Generalidad. Ardía en deseos de ser adulado. Eso era lo primero. Ya pensaría más tarde en su venganza.

El vehículo, una furgoneta desvencijada, frenó al percatarse de la presencia de Mas. ¡Estaba salvado! Subió a la furgoneta por la puerta del copiloto y, con una gran excitación, le pidió que arrancase y le llevase al pueblo más cercano.

La furgoneta echó a andar.

--¡Se ha producido una terrible matanza! --explicaba Mas, ofuscado, sin dejar de gesticular--. Han sido unos locos de una cabaña, hay que avisar a los Mozos de Escuadra y...

Posó sus ojos en el salpicadero de la furgoneta, atraído por un brillo. Procedía de un objeto que reconoció al instante.

Una estrella hecha con cuerdas y cuchillas.

Con los ojos muy abiertos, observó detenidamente a su salvador. Iba vestido con una especie de mono oscuro, y ocultaba su faz con un sombrero de paja más propio de un espantapájaros que de una persona normal.

El conductor giró la cabeza hacia Mas. La mitad su cara estaba quemada, llena de cicatrices. Sonreía con sorna. Una sonrisa maléfica, cruel. Mas recordó entonces el garaje vacío de la cabaña y supo lo que ocurría.

La furgoneta giró bruscamente a la derecha, se adentró en el campo y se perdió en la oscuridad de aquella noche sin luna.

Las referencias de este relato, que sustituye al artículo de esta semana, son claras. ¡Feliz noche de Halloween!

domingo, octubre 28, 2012

LA DEFENSA DE LA COMPETENCIA

El artículo 38 de la Constitución consagra la libertad de empresa como un derecho fundamental, base de la economía de libre mercado, que encuentra un importante límite en la defensa de la competencia, que a su vez materializa la garantía institucional que encierra aquel derecho, esto es, la existencia de un mercado caracterizado por el libre acceso, la libre permanencia y la libre salida.

Los partidarios de la libertad económica no suelen concebirla como absoluta, sino que debe ejercitarse en un marco regulado por el Estado. El liberalismo, en su vertiente clásica, acepta que garantizar el funcionamiento en libertad del mercado es una función posible del Estado (véase John Gray, Liberalismo, Alianza Editorial, 1994, p.124). A ello responde la defensa de la competencia: “Justamente éste es el resultado de la libertad responsable. No existe libertad de empresa sin institucionalización. Institucionalización que desde la perspectiva del mercado tiene que ser 'pro competencia'” (José Eugenio Soriano, Derecho público de la competencia, Marcial Pons, 1998, p. 94). De esta forma, “lo que se protege es el mercado mismo” (ibidem, p. 96).

Sin perjuicio de las normas de la Unión Europea, dicha defensa se articula, hoy día, a través de la Ley 15/2007, de 3 de julio, de Defensa de la Competencia, que tipifica como conductas prohibidas las conductas colusorias (art. 1), el abuso de posición dominante (art. 2) y el falseamiento de la libre competencia por actos desleales (art. 3). Del cumplimiento de estas disposiciones vela fundamentalmente la Comisión Nacional de la Competencia (art. 12), antiguo Tribunal de Defensa de la Competencia.

Aunque Huerta de Soto ha criticado con acidez el absurdo económico de una legislación que sospechosa automáticamente de las empresas que cobran más que los competidores (abuso de posición dominante), de las que cobran menos (competencia desleal) y de las que venden al mismo precio (confabulación), creo que la utilidad de una ley especial se apoya en que los problemas en España relativos a la competencia, o más bien a la ausencia de la misma, también han sido especiales y muy profundos. Aún lo son, porque ha habido aquí (y persiste) una débil, torcida y acomodada cultura empresarial.

Asimismo, a la afirmación de Huerta de Soto de que sería suficiente el mero reconocimiento de la libre competencia para protegerla se la pueden plantear ciertas objeciones. De acuerdo con Sánchez Calero, la crisis del modelo de competencia perfecta pensado por los economistas clásicos, de un lado, y la práctica de la autonomía de la voluntad, “que consintió que los competidores pudieran perder la agresividad que de ellos se esperaba y que establecieran acuerdos entre sí de no hacerse la competencia”, de otro, son las razones que avalan la intervención del legislador (Fernando Sánchez Calero y Juan Sánchez-Calero Guilarte, Instituciones de Derecho Mercantil, Aranzadi, 2009, p. 184). Siempre dejando bien claro, como es natural, que la intervención es susceptible de traer problemas mayores que sus beneficios.

No ofrece dudas, sea como fuere, que la competencia es virtuosa. Los costes sociales de un monopolio y los beneficios de la liberalización del mercado (por ejemplo, la que se impulsó en el sector de las telecomunicaciones, lo que abarató los precios y diversificó las opciones para el consumidor) son casi indiscutibles, pero hay otros muchos temas relacionados con la competencia que, aun no siento tan visibles, conviene tener en cuenta, como es el caso de la libertad de horarios o de la discriminación en contra de grandes empresas por el solo hecho de ser grandes.

La jurisprudencia no ha tenido una evolución uniforme en esta materia. Desde la aprobación de la Constitución, ha mantenido, según las épocas y los supuestos, posiciones distintas y hasta contrapuestas. Con todo, hay pronunciamientos muy rotundos a favor de la competencia. Es de destacar la Sentencia del Tribunal Supremo de 23 de marzo de 1988 cuando señala que “tal regulación [ordenación de la actividad económica en general y defensa de la competencia] es pieza fundamental en la libertad de empresa y establecimiento de un mercado comercial único para toda la Nación, y por tanto, pieza fundamental en la defensa de los usuarios y consumidores, que quedan más protegidos con la libertad que con las intervenciones restrictivas [...]”. Y es igualmente significativa la STS de 10 de octubre de 1989, que, en relación con la coexistencia de empresas públicas y privadas, exige que se salvaguarde la libre competencia y que ambas se sometan a las mismas reglas.

Pero hay vida más allá de la LDC y la labor de los tribunales. En un interesante artículo publicado en Mercados, suplemento económico de El Mundo, Joaquín García Bernaldo de Quirós, presidente de la CNC, ha reconocido lo siguiente: “La introducción de mayores dosis de competencia se logra por la vía de la persecución de las conductas anticompetitivas pero también realizando cambios regulatorios procompetitivos”. En efecto, recientemente se ha conocido el dato de que España ocupa el puesto 136 (entre Brunei y República Dominicana) del epígrafe del índice Doing Business que evalúa la facilidad para abrir un negocio. La falta de competencia, por tanto, puede también deberse a trabas burocráticas y excesiva intervención administrativa.

Ante este panorama, es necesario que los políticos dejen de alabar tanto a los emprendedores y se dediquen a promover decididamente la actividad empresarial, en este caso los inicios de la misma, suprimiendo restricciones sectoriales y trámites inútiles. A mayor competencia, mejores precios, más opciones y más creatividad, innovación y adaptación a las demandas de los consumidores. Por otra parte, el largo camino hacia la libertad económica en España está lejos de completarse, y son muchas las empresas que siguen presionando para que la Administración les dé cobertura y privilegios (captura del regulador), un inadmisible maridaje entre lo público y lo privado que, parafraseando lo que se advierte respecto a la venta de alcohol a menores en algunos bares, el empresario no debe solicitar y los poderes públicos no pueden consentir.

domingo, octubre 21, 2012

SAINETE DE ESTUDIANTES

La educación en España es otro de esos despropósitos nacionales que parecen no tener fin ni solución. Las sucesivas leyes educativas, todas socialistas, no han resuelto los distintos problemas, en especial el del fracaso escolar, y la afluencia masiva a las universidades no ha estado unida a una mejor colocación en el mercado de trabajo. A mi modo de ver, es dudoso que la generación mejor preparada de todos los tiempos lo sea de verdad. Puede ser la generación con más acceso a la información, o la que más títulos acumula, nada más.

Cada partido, cuando ha estado en el poder, ha hecho sus aportaciones. Actualmente, la gestión de José Ignacio Wert está siendo muy contestada, aunque hay que situar dicha gestión en un contexto de escasez y dificultades extraordinarias. Y respecto al titular del Ministerio de Educación, lo que queda claro es que la izquierda se está cebando con él: sus provocaciones y su estilo incisivo no responden al arquetipo de derechista acomplejado del PP.

En este sentido, se ha dado esta semana un fenómeno doblemente paranormal. Una huelga de estudiantes patrocinada por los propios padres. La huelga de estudiantes, es decir, de personas que por definición no son trabajadores asalariados, es ya un contrasentido, y aún lo es más que sean los padres los que la animen, uniéndose para ello a una organización tan poco ejemplar como lo es el Sindicato de Estudiantes.

Entiendo que haya gente que, en su odio ciego hacia Wert, no lo reconozca e intente disimular. Digan lo que digan, el Sindicato de Estudiantes es una organización de extrema izquierda, sectaria, con ideas, retórica y métodos bolcheviques. Si los padres quieren que sus hijos defiendan la educación pública de la mano de tales compañías, es su problema, pero que no intenten ocultar el radicalismo de esos supuestos sindicalistas. De armar escándalo y corear su propaganda saben mucho; lo de estudiar lo dejan en un segundo plano.

Que no se dude. El auténtico riesgo para la educación pública reside en quienes, apoyándose en prejuicios ideológicos las más de las veces, no aceptan ningún cambio y que creen que sus derechos irrenunciables no cuestan dinero. Los que tanto se llenan la boca en su defensa serán los que la terminen destruyendo, no inexistentes fantasmas neoliberales. Amores que matan.

La educación pública no corre ningún peligro, al margen, lógicamente, de los problemas de sostenimiento que acusan a día de hoy todos los servicios públicos. Los padres están enfadados por la desaparición de ciertas becas y ayudas. ¿Supone eso la privatización del sistema? A fuerza de exagerar, las críticas pierden consistencia.

Y aunque haya motivos legítimos de queja, enviar a los hijos a esa mal llamada huelga a reír las gracias al Sindicato de Estudiantes es un acto execrable. Afortunadamente, la convocatoria no ha tenido mucho apoyo.

La izquierda, que intenta que la educación no salga del redil en que la ha encerrado, ha extendido la creencia de que lo único que hace falta es invertir más dinero. La realidad es que desde los años noventa los recursos destinados a la educación no han dejado de aumentar. Sin embargo, el mayor gasto no ha producido mejores resultados. A lo mejor son necesarias otras cosas, empezando por un cambio de actitud de los padres, que en muchos casos encomiendan la educación de sus hijos exclusivamente al Estado y olvidan que ellos también tienen una labor que realizar en el proceso. Y los estudiantes tienen que estudiar, como es obvio, y crecer en un entorno en el que el mérito y el esfuerzo sean premiados.

Por último, el asalto a un colegio religioso orquestado por varios miembros juveniles de IU merece comentario aparte. IU se ha revelado ya plenamente como un partido que no duda en saltarse la legalidad cuando lleva a cabo sus actos políticos. Insultan, agreden, roban... Es un partido que ni siquiera recrimina las acciones delictivas de sus miembros más violentos y aberrantes, como el gordo sin estudios al que han detenido Los enaltece y trata como si fueran héroes. La estrategia de IU es sacar rédito a estos tiempos de tensiones y descontentos, aglutinar a los radicales, aunque tenga que renunciar a un mínimo de decoro y respeto por las leyes. Puede que les ayude momentáneamente a ganar protagonismo, pero les pasará factura cuando la gente se percate de que ése no es un camino transitable en democracia.

domingo, octubre 14, 2012

MAS ES MENOS PARA CATALUÑA

Si algo en claro puede extraerse de la ceremonia de la confusión inaugurada en Cataluña, es que el nacionalismo adormece la inteligencia y el espíritu crítico. Es la única explicación plausible a que un sujeto como Artur Mas siga gozando de la confianza de muchos catalanes y tenga buen pronóstico en las encuestas. Es más, los separatistas lo ven como el profeta de las esencias que traerá la independencia y la libertad a Cataluña. Era fácil superar al incomparable Montilla, pero la legislatura corta de Mas sólo puede calificarse de fracaso rotundo. Su obsesión (una obsesión fingida, no real, para cualquier observador lúcido), el pacto fiscal, era inaceptable y apoyada en argumentos falaces. Y si se habla de expolio a Cataluña, el primer sospechoso debería ser el partido de Mas, una agrupación con un largo historial de corrupción.

Mi teoría –y espero que la de la gente que no deja que cuatro banderas le nublen el juicio-- es que Mas, como antes Pujol y como suelen hacer los nacionalistas, ha intentado enmascarar sus errores y su incompetencia a través de las aspiraciones separatistas y los sentimientos de una parte de los catalanes. Sólo buscaba sacar rédito electoral, nuevamente, del fanatismo y la manipulación mental que tan cuidadosamente han cultivado los partidos nacionalistas desde hace años. Pero ha perdido el control de la criatura y, en este momento, está improvisando. Tratará de explotar la fiebre separatista hasta las elecciones y, después, ya verá... De todas maneras, no se puede esperar luces largas en un líder cuya mayor gesta política fue ir al notario. Debajo de un envoltorio de arrogancia sin límites, se esconde una de las figuras más mediocres que ha producido la clase política española en los últimos tiempos.

La confusión de Mas, que no sabe realmente cómo manejar la situación, más allá de capitalizarla para sacar votos en las elecciones, salta continuamente a la vista. En sus deslavazados e incoherentes discursos, mezcla conceptos, no es claro, suelta muchas ideas sin sentido... Unas veces indica que lo importante es el referéndum, otras da por hecha la independencia. Y no concreta lo que para él son “estructuras de Estado” (¿no tiene Cataluña autonomía o instituciones propias?).

Los empresarios catalanes están mostrando muchos reparos a esta deriva enloquecida, ya que ven peligrar sus bolsillos. Situándose fuera de la realidad, Mas ha dicho en uno de su periódicos subvencionados: “El mundo económico deberá adaptarse al cambio de mentalidad del país”. La traducción de esta frase es: “El mundo económico deberá adaptarse a mis designios, aunque ni yo misma sepa cuáles son”. Consciente de que no puede convencerlos de que a Cataluña le irá bien fuera de la Unión Europea y enfrentada con el resto de España, recurre al imperativo. ¿Pero qué autoridad puede tener este poco honorable señor a estas alturas para un empresario que se juega su negocio y su subsistencia? Está por ver que ese “mundo económico” sea tan miope como la carne de cañón nacionalista y deje a un lado lo que de verdad interesa, es decir, la obtención de beneficios.

Otro ejemplo de las alucinaciones que sufre Arturu fue que hablara a favor de una suerte de autarquía a la catalana, exigiendo al consumidor que tenga muy en cuenta la etiqueta del producto, dónde ha sido hecho y, en suma, si es catalán o no. Lo cual, implícitamente, supone el boicot a los productos del resto de España. ¿Qué parte saldría peor parada de un cruce de boicots? ¿Nadie se acuerda de lo que ocurrió con el cava catalán?

En una dinámica imparable de disparates y memeces, Mas prosigue con sus provocaciones y sus ideas descerebradas, demostrando falta de sentido común, exclusivos intereses electorales y ausencia total de buena educación. A pesar de sus bravatas y su deplorable proyecto, no es otra cosa que el limitado dirigente de una región de España especialmente endeudada, la primera que ha tenido que pedir auxilio al Estado, que no puede pagar ni el funcionamiento de sus servicios más básicos y que ha perdido gran parte de su fuerza emprendedora, sustituida ahora por la corrupción del otrora oasis y la pesada y obsesiva burocracia nacionalista.

Que reflexionen seriamente los catalanes. Mas es un vendedor del humo que ha engañado a demasiada gente con su ungüento milagroso y que sabe que, cuando empiecen las reclamaciones, lo más que podrá ofrecer como excusa será que, una vez más, la culpa fue de Madrid. No hay que permitir que las próximas elecciones catalanas sean un plebiscito separatista: en ellas, antes que nada, habría de enjuiciarse la gestión de un Mas que no puede seguir escudándose en su inviable e inútil pacto fiscal y cuya solvencia como político hay que poner en duda.

domingo, octubre 07, 2012

EL INVIABLE CAMINO DEL 42%

En el primero de los tres debates televisados entre Barack Obama y Mitt Romney, éste dijo algo que soliviantó a los políticos españoles: “España gasta el 42% de su economía total en el Gobierno”, añadiendo que él no quiere seguir el camino de España. Desde las filas del PP y del Gobierno, se le acusó de esparcir una mala imagen de España y de que hablaba desde la ignorancia. Lástima que ni Cospedal ni Margallo pudieran sostener sin faltar a la verdad que España tiene algo de ejemplar en este momento. Bien está defender a la patria en el exterior, pero mejor sería intentar arreglar sus males y tener éxito en el empeño.

A mí también me sentó mal escuchar esa frase. No por las razones apuntadas, sino porque describe con exactitud una realidad negativa, una muy difícil de modificar, según voy comprendiendo. Y es que a Cospedal y Margallo no les importa que haya un volumen a todas luces excesivo de gasto público. Lo que les enfada es que alguien proclame que ése no es el camino a seguir, pues no conocen otro.

Después de todo, PP y PSOE se parecen cada vez más. Los dos, con matices y alguna discrepancia cosmética, se han apuntado a la ideología socialdemócrata, que ya debería estar muerta y enterrada. Ambos aspiran a fortalecer el protagonismo de los poderes públicos en la economía española y a apuntalar un Estado de Bienestar costoso e ineficiente. Así las cosas, es habitual descubrir a Mariano Rajoy quejándose porque no puede gastar lo que desearía a causa de las presentes estrecheces. Si por él fuera, viene a asegurar, todo sería como antes de la crisis, o sea, gasto espectacular sin control y expansión infinita del sector público. Los políticos españoles, en su gran mayoría, no han aprendido la lección.

Rajoy ha señalado que el problema de déficit de España es coyuntural, no estructural, de manera que su origen está en la acusada caída de la recaudación desde el inicio de la crisis y no en unos niveles de gasto insostenibles. Tesis que comparte con el impresentable Griñán: “España no tiene un problema de gasto público, sino de ingresos”. Sí, hay dos datos que son verdaderos: España registró superávit entre 2005 y 2007 y nadie puede negar la caída de los ingresos públicos.

Sin embargo, el análisis no debiera detenerse ahí, como pretende Rajoy. Durante los años de crecimiento al calor de la burbuja inmobiliaria, el Estado ingresó mucho y también gastó mucho, o mejor dicho, demasiado. Pero esta situación no podía durar. El déficit era y es estructural. Si España regresara ahora a la senda del crecimiento, éste sería mucho más moderado que en aquellos años de expansión (y, en cualquier caso, el número de parados no se reduciría de forma inmediata) y no se podrían realizar los gastos que, para Rajoy y Griñán, son los adecuados.

Ha escrito Jesús Cacho que, en el debate presidencial, que ganó Romney por gran diferencia, triunfó “una visión liberal de la vida en sociedad que reniega del papel del Estado como 'gran hermano' y principal protagonista de la actividad económica, para poner al mercado, la sociedad y, en definitiva, el individuo, en el centro de la pirámide social, como motor de la economía y el progreso”. España están aún lejos de eso. Con un Estado que absorbe tantos recursos y que no presta mejores servicios, sino que atiende fundamentalmente a los delirios de una clase política insaciable, y un Gobierno que no deja de subir impuestos porque entiende que el ajuste ha de hacerse mayormente a través de los ingresos, es imposible volver a crecer, crear empleo, recuperar la confianza de los inversores y que haya más empresarios decididos a arriesgarse y trabajadores que quieran dar más para ganar más.

El PP habla mucho de austeridad y de la reforma de la Administración. No la está haciendo y, además, no es suficiente. No basta con suprimir duplicidades y coches oficiales. Las Comunidades Autónomas no están cerrando empresas públicas ni privatizando televisiones, y las resistencias a los cambios surgen por doquier. El Gobierno puede y debe proponer reformas más profundas e incisivas. Hay un ala liberal en este Gobierno que no se está manifestando, pero que tiene cartas que jugar. Es urgente convencer a Rajoy de que en ningún caso habrá retorno al pasado de despilfarro y que, si quiere que haya futuro, quizá tendría que empezar a escuchar y asimilar las ideas de Romney.

domingo, septiembre 30, 2012

BASTA DE ALGARABÍA: TOMAR EL CONGRESO NO ES LA SOLUCIÓN

Uno de los pocos estadistas que ha tenido España, Cánovas del Castillo, declaró: "Un hombre honrado no puede tomar parte más que en una revolución, y esto porque ignora lo que es". Pues bien, con plena consciencia de lo que es una revolución mucha gente de bien (admito que no sólo extremistas) acudió a manifestarse en las inmediaciones del Congreso de los Diputados, a fin de alentar un proceso constituyente revolucionario. Su derecho de manifestación fue respetado, pero cuando sujetos violentos trataron de forzar el cerco policial para asaltar la sede de la soberanía nacional, objetivo original de la convocatoria, las fuerzas del orden intervinieron con firmeza y mesura, de la misma manera que sucede en otras democracias del mundo civilizado, como Francia o Inglaterra.

Es comprensible el descontento popular y las críticas contra el Gobierno, la clase política y las instituciones en general. Es inevitable en tiempos de crisis, y con más razón en España, ya que la necesidad de una regeneración democrática es cada día más perentoria. El problema es que los que fueron a la manifestación han asumido que la voluntad de la calle puede sustituir a la voluntad libremente expresada en las urnas; y han asumido algo más, y es que la calle siempre tiene razón. Y las razones de la calle, sinceramente, no poseen mucha sustancia. No son más que rimas en cartones, tópicos repetidos hasta la saciedad. Puede que el Gobierno lo haga de pena y que el Parlamento esté lleno de politicastros, pero no me pondría jamás en manos de asambleas callejeras y filósofos de pacotilla que piensan que el dinero cae del cielo. La salida de la crisis no la traerán consignas de megáfono y pancartas pintarrajeadas con lemas ingeniosos.

Y, por otra parte, no hay mucha coherencia en sus propuestas y deseos. Piden que el "próximo parado sea un diputado". Bien, es obvio que sobran políticos en todas partes. Sin embargo, me temo que Esperanza Aguirre, que abrió el debate sobre la reducción del número de diputados en la Asamblea de Madrid, no tendría una acogida muy calurosa en una manifestación de indignados. Su impulso es más bien destructivo, negativo, como pone de relieve el mensaje de uno de los carteles más reproducidos: "No".

¿No a qué? Se sobrentiende que no a los recortes, al control del déficit, a las hipotéticas privatizaciones, a la reforma y modernización del Estado de Bienestar. Aunque los manifestantes son pocos, hay una parte importante de la sociedad española que no está totalmente convencida de la transcendencia de una agenda reformista y que opina que la austeridad es un mero ejercicio de sadismo. El Gobierno, que parece avergonzarse de sus propias políticas, debería estar explicando mejor por qué hace lo que hace y cuál es su visión de España. Se echa de menos un discurso más audaz, fundamentado y atractivo, distinto del fatalismo y el tono de administrador resignado que caracteriza a Rajoy. Y hay que añadir el agravante, además, de que el Gobierno, en realidad, no está llevando a cabo ni la mitad de la mitad del ajuste que requiere el sector público para no generar más déficit y Deuda pública. Eso es algo que los indignados ni se paran a valorar.

De momento, lo único que han conseguido con su algarabía los aprendices de revolucionario es que los mercados y la Unión Europea desconfíen aún más de España. Y, en lo que a mí respecta, todas esas imágenes que ha dejado la protesta --el camarero protegiendo a unos alborotadores, el hombre tendido en el suelo y sangrando, los policías en Atocha-- no me conmueven un ápice. Lo que me vino a la mente, al igual que a Juan Ramón Rallo, fue una escena típica de "países bananeros donde una mayoría de ciudadanos y de grupos de presión aspira a meter el cazo en el presupuesto y a vivir de él, esto es, del dinero de su vecino". No aguanto a las termitas.

¿Se salvará España? Ya no lo sé. Del Gobierno, de ese PP ya netamente socialdemócrata, espero poco o nada y las alternativas son peores. Sea como sea, mientras llega el desenlace, me acojo a lo dicho por Emilio Castelar en cierto discurso memorable en el Congreso de los Diputados: "Renunciemos a las revoluciones y unámonos todos en los sentimientos que a todos deben inspirarnos bajo la bóveda de este templo: en la santidad de la Ley y en el amor de la libertad y de la patria".

domingo, septiembre 23, 2012

ENTREVISTA A ANTXON G., AUTOR DE "2012", BITÁCORA DEDICADA A LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE ESTADOS UNIDOS

Las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos concitaron una atención fuera de lo común, lo que tuvo su reflejo en los medios de comunicación, que se volcaron en ellas. Pero la mejor manera de enterarse del devenir de aquella campaña fue leer Un vasco en Nashville. Su autor, Antxon Garrogerrikabeitia, realizó un seguimiento exhaustivo de todo lo que acontecía, desde entrevistas a town hall meetings. Posteriormente, cubrió las elecciones de 2010 a la Cámara de Representantes, las primarias republicanas y, en la actualidad, las nuevas presidenciales, que se decidirán el día 6 de noviembre. En su nuevo blog, 2012, no se perderán ni un detalle de dichos comicios y podrán disfrutar en sus análisis y comentarios de su conocimiento enciclopédico de la política americana.

Pregunta.- ¿Cómo nació la idea de crear un blog dedicado enteramente a las campañas electorales americanas y con la voluntad de abarcar casi cada acto, anuncio y declaración?

Respuesta.- Dos amigos por separado me insistieron en que lo hiciera hace cinco años. Lo probé, me vi capaz y me gustó. Ahora se ha convertido en una rutina cuatrienal. Cualquiera que se instruya con sus propios medios puede hacerlo. De niño veía películas como  El cementerio viviente o Salem's Lot basadas en historias de Stephen King y me preguntaba dónde estarían esos pueblos donde tenían ideas tan interesantes como el crear cementerios para enterrar a las mascotas atropelladas por los camiones que circulaban a toda velocidad. Localicé Maine en el mapa y me enteré que de allí eran Joshua Chamberlain, el general de la Guerra Civil americana, o Melville Fuller, el presidente del [Tribunal] Supremo de Estados Unidos que pronunció la frase "Justicia igual bajo la Ley", que ahora está esculpida en la fachada del edificio del Tribunal. Y como me gustaba la Historia, pues supongo que una cosa me llevó a la otra.

P.- ¿Qué elementos de una campaña americana consideras que son superiores a los propios, por ejemplo, de una española? ¿Señalarías algún defecto?

R.- En Estados Unidos, por ejemplo, hay más interacción a través de Internet. En España el uso de Internet y en concreto de las redes sociales por parte de las campañas suele ser temporal y solo para lanzar mensajes. No hay interacción. Esto no es más que el reflejo de la diferencia que existe entre ambas culturas políticas. En una el proceso electoral empieza con asambleas ciudadanas en Iowa. Los partidos españoles, por contra, priman la disciplina y la cohesión sobre la democracia y el pluralismo.

Creo que el origen de la diferencia hay que buscarla en la financiación. Mientras que en Estados Unidos el individuo decide si quiere contribuir a un candidato, en España los contribuyentes se ven obligados a financiar la campaña de todos los partidos, incluso de los que no van a recibir su voto, y se favorece a los que tienen representación parlamentaria. Es un sistema impenetrable, sin resquicios, que acomoda al político profesional e induce al votante a desistir de participar porque sabe que no tiene influencia.

Lo peor de las campañas americanas es que muchos votantes se nutren de las tertulias de periodistas que saben un poco de todo y mucho de nada. Pero eso ya se ha exportado también a España.

P.- ¿Cuál es tu balance de estos cuatro años de presidencia de Barack Obama?

R.- Le ha faltado claridad para vender a los ciudadanos un proyecto económico, un eje articulador que permitiera saber cuál era su plan para crear empleo. Pero para mí lo más relevante es que ha resultado ser un Presidente muy convencional. Ha avalado la cultura política que existía en Washington. Ha pactado su agenda con grupos de intereses especiales (la reforma sanitaria con los sindicatos de empleados públicos SEIU y AFSCME a cambio de habilidad para enrolar millones de miembros adicionales). Ha tomado decisiones dictadas por intereses políticos al margen de la realidad económica. Ha manifestado falta de transparencia en el uso y asignación de recursos, por ejemplo el uso del programa de empleos verdes para premiar a contribuyentes de sus campañas. Las puertas de la Casa Blanca han continuado abiertas para los lobbystas que acuden a defender las posiciones de sus clientes. Ha invocado el privilegio ejecutivo para dificultar investigaciones de los comités de supervisión del Congreso a funcionarios de su Administración. Ha sido algo más accesible que Bush para la prensa pero mucho menos que Clinton o el primer Bush. Su desempeño desmiente el discurso del que se sirvió para ser elegido.

P.- En 2008, las elecciones en Estados Unidos fueron un acontecimiento mundial, con Obama de máxima estrella. ¿Por qué estas elecciones están teniendo una menor atención en Europa u otros lugares?

R.- Una de las razones está en la respuesta anterior. El Presidente Obama no ha sido lo que el candidato Obama prometió. Solo ha sido un Presidente más. La otra es que las últimas elecciones llegaron al final de una década en la que la política exterior había dominado los titulares de la prensa, con el 11-S y las guerras de Afganistán e Iraq. Eso había disparado el interés de la opinión publicada mundial por el proceso electoral de Estados Unidos. Los líderes de opinión europeos esperaban que el electorado castigara a Bush para poder descansar tranquilos. A eso se sumó la curiosidad que despertaba la posibilidad de ver a un negro y a una mujer optar a la presidencia por primera vez con posibilidades reales.

P.- ¿Sobre qué ejes está girando esta campaña? ¿Qué la diferencia de la de 2008?

R.- Estas elecciones no giran tanto en torno a la biografía y personalidad de los candidatos. El lenguaje generacional, la conquista del futuro, la superación de las divisiones, el valor de la juventud para renovar la clase política, fueron los temas que dominaron la campaña de Obama en 2008. Temas que iban de la mano con su historia. Todo eso ha muerto. Ahora Obama está apostando por un discurso de polarización ricos-pobres porque espera que éstas sean unas elecciones de trincheras. Tardó en reaccionar al crecimiento de los republicanos pero cuando se dio cuenta, empezó a gastar más en televisión, a usar el Gobierno para hacerse propaganda y entró a la campaña negativa que había condenado antes.

Romney ha apostado durante la mayor parte del año por una campaña distante y unidimensional. Ha hablado poco de sí mismo y se ha centrado en exponer las razones para no votar a Obama. Sin entusiasmar, ha sabido utilizar las malas noticias económicas para mantenerse en la pelea. Y ha sabido recaudar dinero y organizarse, dos cosas básicas para enfrentarse a un Presidente en ejercicio. Sin embargo, ha cargado con problemas de credibilidad por el secretismo de sus declaraciones de impuestos y por la vaguedad de su mensaje.

P.- ¿Fue un acierto que Mitt Romney escogiera a Paul Ryan como compañero de ticket?

R.- Creo que fue una decisión valiente. Pero también creo que Romney no ha estado a la altura de esa decisión. Me explico: seleccionando a Ryan, Romney estaba dando la razón a los que le reclamaban un discurso más profundo. Era como declarar que estaba dispuesto a abordar las elecciones como una contienda ideológica, un debate de ideas sobre la deuda, el gasto público, el ObamaCare, la reforma del programa de seguros de salud para jubilados. Temas incómodos y exigentes. Sin embargo, en pocas semanas volvió a situarse en modo seguro con una estrategia de cero riesgos. Creo que desaprovechó la oportunidad que le daba Ryan de dar más contenido a la campaña.

P.- ¿Cuál fue el mejor discurso de las dos convenciones, republicana y demócrata?

R.- El de Bill Clinton porque fue el que más servicio prestó a su candidato. Tuvo habilidad para exponer argumentos complicados en los términos más simples y además sirvió para superar la acritud que podía quedar entre las facciones de Obama y Hillary de la campaña de 2008. También destacaría a Marco Rubio, que estuvo a la altura de las expectativas, a Condoleezza Rice, que confirmó que puede hacer carrera política si quiere, y a Mike Huckabee, que sigue siendo el hombre más elocuente que he escuchado últimamente.

P.- ¿En qué punto se encuentra la campaña? ¿Cuáles son los hitos que quedan hasta el 6 de noviembre?

R.- Hace unos días un grupo de enfoque con votantes del norte de Virginia ponía de manifiesto que los indecisos son muy escépticos sobre Obama pero no conectan con Romney. Así que en las próximas semanas veremos a Romney pidiendo a los votantes desencantados un voto de confianza para poder demostrar que puede resolver los problemas del país, y a Obama tratando de convencerlos de que vuelvan a votarle porque Romney es, según su descripción, un elitista insensible que no comparte sus penas. Romney quiere que las elecciones sean un plebiscito sobre Obama. El Presidente quiere que sean una elección sobre quién de los dos conecta mejor emocionalmente con el votante.

Octubre es el mes importante. En muchos de los estados indecisos se empieza a votar por adelantado en octubre. Los tres debates presidenciales y el debate vicepresidencial tienen lugar en octubre. Es el mes en el que ignorar la campaña se vuelve imposible hasta para el público más perezoso. Las elecciones monopolizan los espacios informativos y publicitarios en televisión y los reporteros buscan señales sobre quién ganará en los detalles más absurdos, como las ventas de las máscaras de los candidatos en Halloween.

P.- ¿Qué esperas de los ya próximos debates electorales?

R.- Creo que son una oportunidad para Romney, que sigue siendo un gran desconocido para el electorado. Debe utilizarlos para dar a conocer mejor sus planteamientos estratégicos, así como rasgos de su personalidad que no son públicos.

P.- Las encuestas diarios indican un empate técnico entre ambos candidatos. ¿Hay que fiarse?

R.- El equipo de Obama nos dice que no hagamos caso a las encuestas nacionales, que ellos tienen la ventaja en los estados indecisos y que eso es lo que importa. Pero la Historia nos dice que hay un 95% de probabilidad de que el ganador del voto popular nacional sea también el ganador del voto electoral, así que sería una pérdida de tiempo y energía para cualquier humilde observador obsesionarse demasiado con el mapa electoral.

Muchas encuestas están tomando como referencia la composición del electorado de 2008, un año de gran entusiasmo demócrata y una movilización sin precedentes entre las minorías. Es discutible que ese sea el electorado que tengamos este año. Aunque la convención demócrata parece haber animado a las bases del Presidente, el poco interés que ha habido por la elección durante todo el año augura una caída en la participación en los sectores tradicionalmente menos activos. Así que en el blog de momento solo sigo los modelos más realistas de Gallup y Rasmussen. No daré protagonismo a las encuestas hasta las últimas dos o tres semanas de la campaña, cuando las muestras se ajustan más al ánimo con el que el electorado afronta las elecciones.

P.- ¿Piensas que el vídeo de Romney hablando de votantes dependientes del Gobierno ha dinamitado sus posibilidades de acceder a la Casa Blanca?

R.- Entorpece su campaña. A mes y medio de las elecciones, el candidato no puede permitirse regalar una semana. Para ganar las elecciones, hay que llegar a ellas dominando el discurso electoral. Para Romney eso significa que tiene que conseguir que la discusión se centre en si Obama se merece un segundo mandato. Esta clase de distracciones no son de gran ayuda en ese propósito. Tolo lo contrario. Hacen que Romney acumule ciclos informativos perdidos y eso influye en todo, hasta en la manera en que vas a gastar el dinero en los próximos días.

P.- Entrando en el fondo de lo que manifestó Romney y no tanto en sus repercusiones electorales, ¿cuánto de verdad hay en ello?

R.- Es injusto decir que todas las personas que dependen de algún programa del Gobierno es porque lo desean o porque no contribuyen a la sociedad porque algunos son de pago por servicio, como los programas de jubilados, pero sí es verdad que los cupones por alimentos, el Medicaid y otros programas de dependencia han crecido demasiado y hay una parte de la sociedad que decide no buscar otras cosas porque sienten que es más fácil acceder al dinero público. Se calcula que hoy más de la mitad del gasto federal va destinado a programas sociales, cuando en los años cincuenta era menos de un cuarto. La responsabilidad es compartida por administraciones y congresos de los dos partidos. Y cuando la reforma sanitaria de Obama entre en vigor el gasto y la dependencia van a crecer.

Los republicanos mantienen que es inevitable que los actuales niveles de dependencia social caigan y creen que puede ocurrir de dos maneras, bien haciendo recortes o bien con el colapso de la economía cuando los inversores dejen de comprar deuda. Eso es lo que debió explicar Romney y no hizo. Pero estaba dando una charla sobre estrategia electoral a sus donantes. Les estaba diciendo lo que hará con su dinero para ganar las elecciones. Dijo que no lo gastará en intentar convencer a un 47% que ya ha decidido que votará por Obama, sino en intentar convencer a los indecisos.

P.- ¿Te aventurarías a hacer un pronóstico sobre lo que ocurrirá el 6 de noviembre?

R.- Ahora parece que Romney está en una dinámica negativa y la prensa está sirviendo a Obama trasladando al público una impresión de supuesta inevitabilidad de un segundo mandato presidencial. Pero yo apuesto por una elección igualada porque el clima de polarización es patente. Obama tiene un suelo muy alto en las encuestas, lo que significa que tiene una base fiel. También tiene un techo muy bajo, lo que significa que tiene una amplia oposición que además es muy inflexible. Lo primero le ha permitido no quedar fuera de la pelea en los peores momentos pero lo segundo es el seguro de que no le espera una reelección sencilla en ningún caso. Mi pronóstico es que será una ardua pelea que se decidirá por la diferencia de un par de estados entre Ohio, Florida, Virginia y Colorado. ¿El resultado final? De pronóstico reservado.