Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 11, 2011

TIEMPO DE MUDANZAS

Nada es insustituible. Los que hoy proclaman que un PSOE fuerte es irremplazable y fundamental para la pervivencia del sistema, mañana tendrían que admitir que se equivocaban cuando otro partido ocupara su lugar. En la primera mitad del siglo XX, los tradicionales partidos liberales fueron desplazados por los socialdemócratas y laboristas. Hoy, puesto que ya nada tiene que aportar la socialdemocracia, mi ideal sería que el bipartidismo lo compusieran un partido liberal y uno menos liberal o liberal conservador. Sé que es un sueño aún inalcanzable y me conformo con un partido progresista decente.

A fin de cuentas, lo normal en una democracia que aspire a la estabilidad es que exista un partido que aglutine las principales corrientes izquierdistas --las más moderadas-- y que represente una alternativa válida a los conservadores. Tras la derrota sufrida en las elecciones generales, el PSOE tiene que hacer examen de conciencia, estudiar los errores cometidos. Otras fuerzas políticas le disputan el voto desde de la izquierda, por lo que tendrá que modernizarse o morir.

No basta con organizar un congreso para elegir un nuevo --o viejo-- líder. No le va a servir plantear una oposición intransigente que desde el primer momento se eche a la calle para sabotear las reformas del Gobierno del PP. La sociedad española no demanda eso. Lo que le vendría bien a PSOE es una renovación integral. España lo agradecería, si ninguna duda. Dicha renovación se produciría en tres ámbitos.

De entrada, tendría que alejarse de los nacionalismos y recuperar la defensa de España como nación, algo que Bono ha expresado con convicción, ganándose mi alabanza, a pesar de todas las reservas que me suscita el personaje. Adicionalmente, debería fijarse en el Nuevo Laborismo de Tony Blair. Él dotó a su partido de unas ideas adaptadas a los tiempos modernos, apartando a los trasnochados sindicalistas y laboristas a la antigua usanza, perdedores natos con su discurso de lucha de clases y Estado omnipotente.

Con Blair, se empezaron a respetar las aspiraciones individuales de la gente, su deseo de movilidad social. Ya no interesaban proyectos iluminados o de ingeniería social, o un Estado que regulara todos los aspectos de la vida. El PSOE es mucho más chusco y casposo que el laborismo de principios de los años noventa, así que habría muchas telarañas que limpiar y ventanas que abrir. Lógicamente, su nuevo proyecto se barnizaría con llamamientos a la justicia social y mejores servicios públicos. Los métodos a emplear para la reforma de estos últimos serían distintos del inmovilismo absoluto que ha caracterizado al PSOE en esta materia.

En segundo lugar, si el PSOE llega a la conclusión de que ha perdido única y exclusivamente por la crisis nunca avanzará nada. Crisis habría habido con o sin socialistas en el poder. Pero sus efectos no habrían sido tan devastadores de haber hecho el Gobierno una gestión económica responsable y menos sujeta a prejuicios ideológicos, intereses partidistas y dependencias, al menos hasta 2010, de los sindicatos. Todo ello, junto con la negación inicial de la crisis y una tosca lectura de las teorías de Keynes, es lo que ha hundido a España en la miseria y la desesperanza.

Un nuevo líder, finalmente, es ineludible. Rubalcaba, a pesar de los resultados, no se ha apartado de la vida política, que sería lo apropiado. Aunque Zapatero fuese el presidente del Gobierno y a él deban achacarse los principales fallos en la gestión de la crisis, Rubalcaba fue una pieza clave del mismo. Y no hay que menospreciar que toda la campaña del PSOE ha sido orquestada por Rubalcaba, durante un tiempo bastante largo. Tratar de huir ahora de toda responsabilidad y escudarse en la crisis y en que el PP no ha crecido demasiado en votos pone de manifiesto la clase de líder que ofrecía el PSOE, un hombre miope que solamente quiere agarrarse al poder.

Sorprendentemente, Rubalcaba, que hace no tanto sostenía que se hallaba al final de su carrera política, considera ahora que es el más apto para dirigir el PSOE. Con él al mando, no habrá renovación alguna, sino más de lo mismo. La oposición consistirá en salir a la calle de la mano de los sindicatos y tildar al PP de partido neoliberal y de extrema derecha. Y con Chacón las cosas no serían muy diferentes, salvo que el estilo sería más semejante al de Zapatero.

Al PSOE se le presenta la oportunidad de renovarse y de desprenderse del todo de un pasado que ya lastra demasiado. Si deja que esa renovación sea abortada por fracasados como Rubalcaba y Chachón, mejor será que desaparezca.

No hay comentarios: