Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 18, 2011

LA OTRA PELÍCULA DE ROBOTS DE MICHAEL CRICHTON

La faceta de director del venerado y añorado Michael Crichton suele asociarse, además de con Coma (1978), con Almas de metal, o mejor dicho, Westworld (1973), su menos poético título original. De entre su filmografía, entresaco hoy una película también de robots y, sin embargo, bien distinta a la antedicha: Runaway (1984). Que conste desde el principio que no es una cutrez al uso (hay buenos efectos especiales, las escenas de acción tienen pulso, la banda sonora es de Jerry Goldsmith...), pero presenta una serie de ingredientes que me hacen dudar de las intenciones de Crichton, de qué pretendía con este filme.

Como en Westworld, es patente la obsesión del talentoso guionista y director con los sistemas en teoría perfectos que fallan y el thriller tecnológico. En esta ocasión, la rebelión de las máquinas, en vez de ser temible, es risible, aparte de que detrás de todo está la mano del hombre...

En un tiempo indeterminado, se han empezado a producir robots que ayudan o sustituyen a los humanos en tareas básicas o no demasiado complejas. La ambientación no es extremadamente futurista, pese a esta premisa. El mundo, en general, no ha cambiado mucho. Y si en Westworld los robots tenían apariencia humana y prodigiosas capacicades, en Runaway son puras chatarras andantes, rudimentarias, con pinzas para agarrar objetos y sin estilo.

El protagonista es el rudo sargento Ramsay (un sólido Tom Selleck con un parecido irresistible a Juan y Medio), que dirige una brigada policial dedicada a neutralizar robots descontrolados. Es menester que exprese ciertas apreciaciones sobre el cuerpo de policía al que pertenece y sobre sus propias funciones.

El cuerpo de policía uno de los más incompetentes jamás concebidos. No sé si por un azar del destino o intencionadamente, el jefe de Ramsay es interpretado por G.W. Bailey, el inefable capitán Harris de Loca academia de policía (1984), estrenada el mismo año que Runaway. Sea como sea, estos policías carecen de personal para asegurar todas las salidas de un simple hotel y, casi como mofa a su negligencia, el villano, cuando ya se ha difundido su rostro e identidad, se cuela en sus instalaciones disfrazado sólo con el uniforme (que no incluye gorra) y accede a sus archivos delante de docenas de agentes.

En otra escena memorable, todo un operativo de policías deja que un cámara de la televisión se adentre alegremente en una vivienda donde un robot manipulado ha matado a dos personas y amenaza a un bebé con un revólver, poniendo en peligro su vida y la de Ramsay. ¡Ni siquiera le dan el alto cuando va detrás del protagonista!

Aún hay más. El bueno de Ramsay se atasca en su investigación e, ipso facto, su jefe, alter ego del capitán Harris, le ofrece la ayuda de ¡la vidente de la policía! Se trata de una señora mayor que, aunque ocupada en la investigación de un niño desaparecido, saca tiempo para comentarle a Ramsay que en una vida pasada fue hermano del malo y cosas así.

En lo tocante a las funciones de Ramsay y su brigada (compuesta por él mismo, la chica y otro agente), resuelve problemas muy peregrinos, atendiendo a granjeros y capataces de obra con robots estropeados causantes de alborotos menores. En ambos casos, todo lo que hace es desactivar el cacharro.

El argumento es ciertamente previsible y simple. Han aparecido algunos robots programados para matar personas y Ramsay, ayudado por su nueva compañera (Cynthia Rhodes), tendrá como misión atrapar al criminal responsable y, de paso, superar su vértigo y proporcionar una nueva madre a su vivaracho hijo. El antagonista es el doctor Charles Luther, encarnado por Gene Simmons, de Kiss. Un imposible enemigo de nulo carisma, sumamente soso y que casi siempre habla entre dientes. Gene Simmons, inexpresivo y gris, da vida a un individuo que se crece progresivamente gracias a la ineptitud de los agentes de la ley.

Este supuesto científico ha inventado algunos artilugios y armas que quiere vender al primero que le haga una buena oferta. Lo más destacable de su catálogo es una aparatosa pistola que dispara misiles en miniatura con sensor de calor personificado (a mí que me registren...) y unas arañas que saltan, escupen ácido y explotan: lo mejor de la película, a mi juicio.

En sus andanzas por atrapar al escurridizo Luther, Ramsay salvará a bellas secretarias de las garras de robots centinelas que lanzan descargas, perderá la paciencia con los ordenadores de la empresa de la que se ha valido el villano para fabricar sus armas y participará en intensas persecuciones a bordo de su coche de policía, pilotado por un maniquí... Dicho así suena hasta bien; en la práctica es una película muy desbravada.

No es Runaway una película con grandes aspiraciones. Esta modestia, a veces, da lugar a un poderoso entretenimiento. No es así en este caso, toda vez que el buen hacer de Crichton y sus artesanales robots no consiguen despertar muchas emociones. El trasfondo, la advertencia frente a los peligros de una tecnología que se alza contra sus creadores, apenas se intuye. Para un conocedor de la obra de Crichton, es llamativo que a una de sus creaciones le falte tan palmariamente el mensaje, la pedagogía con que las cargaba.

Pero es comprensible. Eran los ochenta, tiempos veloces y desacomplejados. Crichton debió de considerar que una historia así entraba en su línea y se dio el gustazo de llevarla a la gran pantalla, incluyendo algunos toques paródicos.

Por suerte, las novelas de Crichton no fallan jamás. Su segunda novela póstuma, que completó el escritor Richard Preston, está a la venta desde noviembre. Lleva por título Micro y de ella dijo el gran hombre dos años antes de morir: "I've decided to do something that's just fun to do. I think I'm always concerned about becoming a scold. I'll just do something closer to Jurassic Park".

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

La vi en el cine y me gustó, sobre todo por las arañas y esa pistola de minimisiles que buscan el calor. Volví a verla un par de veces en los 80, en vídeo, y adiós hasta 2011, hasta una noche que la encontré de nuevo en televisión, y me pareció peor de lo que la recordaba. Los años no le han sentado bien.

El Espantapájaros dijo...

Tal vez en su época fuese más decente, porque los efectos son buenos y hay escenas rodadas con destreza. Sin embargo, ha envejecido mal. A mí me llegó a aburrir, y eso que me conformo con bien poco cuando se trata de cine de los ochenta.