Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 13, 2011

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE

Las posiciones no se han movido después del debate electoral del lunes. El señor Rubalcaba, obligado a ganar con rotundidad, no logró tumbar a un Rajoy rocoso y prudente que, no obstante, estuvo un tanto torpe y desperdició mucha munición que podría haber hecho mella en su oponente. Rubalcaba, ese "intrépido reportero", según Aznar, se limitó a dar por hecho que Rajoy será el próximo Presidente y le interrogó sobre su programa. Agresivo y nervioso, fue víctima de sus propias limitaciones y de la liviandad de sus planteamientos. Rajoy, condescendiente, tardó en contraatacar.

Ya es evidente que Rubalcaba pelea no por ganar las elecciones, sino por obtener un resultado no demasiado malo. Siempre fue así, una candidatura ideada para controlar los daños en el PSOE y, una vez en la oposición, abortar la renovación integral que pide a gritos ese partido. Aun así, las encuestas reflejan una distancia abismal entre ambos partidos. Sigo creyendo que hay mucho voto sumergido del PSOE y que es difícil que el domingo que viene el PP mantenga esa diferencia de 16 o 18 puntos. A la hora de la verdad, Rubalcaba venderá como una victoria --a efectos de su propia continuidad como líder-- cualquier resultado que caiga por debajo de los diez puntos de diferencia.

La campaña socialista está discurriendo por los cauces habituales. Vídeos sobre los terroríficos males que traerá el PP, intervenciones soeces (no sólo las de Guerra y González; véase también la última de Caamaño, todo un catedrático diciendo gansadas) y ausencia de ideas. Fuera del ataque al adversario no hay mucho que comentar. Los socialistas no pueden presumir de un programa más detallado y exacto que el del PP. Rubalcaba habla de muchos impuestos, sin describirlos. Afirma que prohibirá muchas cosas, sin explicar cómo. Y así un largo etcétera.

Los dos ejes de la campaña socialista están siendo infundir el miedo al programa oculto de Rajoy y asegurar, con una desfachatez notable, que no hay que hacer un ajuste como el demandado por la Unión Europea. Por razones obvias, no son los socialistas los más cualificados para denunciar programas ocultos. Carecen de credibilidad. Además, es una estupidez. Un programa no tiene por qué especificar cada propuesta, de un lado, y en el curso de una legislatura no puede convertirse en una losa para la acción del Gobierno, de otro. Como bien aclara Tony Blair, el programa tiene una importancia relativa. En campaña un partido debe adoptar posturas claras sobre los problemas más relevantes para que los ciudadanos estén informados y puedan decidir; pero es absurdo pretender que presente al público una especie de relato cerrado y pormenorizado en el que aparezca todo lo que hará o dejará de hacer en el futuro.

Los socialistas, en todo caso, se equivocan al considerar que la gente tiene miedo a los recortes y que ése puede ser el punto débil del PP cuando gobierne. Mi esperanza es que los españoles comprendan la gravedad de la crisis y que hay que hacer sacrificios extraordinarios. Si la reacción contra la crisis hubiese empezado en 2008 y se hubiese marcado un objetivo de austeridad en aquel entonces, posiblemente los ciudadanos no hubiesen retirado su apoyo al Gobierno de una forma tan palpable. El problema es que el ajuste se inició en pleno 2010, vino exigido por el exterior y se produjo en una situación de vida y muerte, por lo que fue muy drástico. La imprevisión de Zapatero y los errores cometidos a lo largo de 2009 contribuyeron a empeorar la crisis, y, en mi opinión, los ciudadanos van a castigar esa política irresponsable y arrogante, no únicamente el hecho de que haya habido recortes en el gasto público.

Por lo que se refiere al ajuste ma non troppo sugerido por Rubalcaba, se trata de una bufonada destinada a retener la simpatía de los izquierdistas más inasequibles al desaliento. No habrá futuro para España si no se realizan reformas y no se reduce el déficit público. Cuando en el debate Rubalcaba explicó cómo suplicaría a Bruselas que perdonara la vida a España para poder despilfarrar dos años más, comprendí que los socialistas han perdido el juicio y que por eso se permiten el lujo de soltar tantos disparates. Ahora bien, lo que es cierto es que durante la próxima legislatura se agarrarán a ese argumento en cuanto surja la ocasión.

El domingo que viene celebraré y comentaré la victoria de Mariano. Mi confianza no es plena, pero, como dijo el maestro Yoda, no hay otro.

2 comentarios:

Nicholas Van Orton dijo...

¡Enhorabuena, estimado amigo! Lejos queda aquel escrito que titulé Los derrotados, muy lejos. Un abrazo.

El Espantapájaros dijo...

Gracias, muchas gracias. Recuerdo que en 2008 fuiste el primero en darme ánimos, porque sabías que venía una situación muy difícil para España y había gente que se tomaba la victoria socialista como una especie de trágala para los que apoyamos al PP.

Ahora no espero prodigios. Sin embargo, sí queda lejos ese artículo tuyo que, pese a todo, lo tengo muy presente y me ayudó a digerir la derrota y la que se nos venía encima.

Y llevabas razón entonces: "Rajoy no debe dimitir, sobre todo porque la sucesión no está encarrilada y las alternativas no son las adecuadas".