Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 20, 2011

LOS PRÓXIMOS CUATRO AÑOS

España cambia de rumbo. El Partido Popular, liderado por Mariano Rajoy, ha ganado las elecciones generales, obteniendo una holgada mayoría. Se pone así punto y final a un largo período de predominio socialista.

Merece unas palabras de despedida el Gobierno que entra a partir de ahora en funciones. La mayor parte de mi madurez política se ha producido desde 2004, es decir, me he formado políticamente en la resistencia contra Zapatero, oponiéndome a sus proyectos y puntos de vista. Dudo que le eche de menos. Sin embargo, como ejemplo a no seguir, sus dos legislaturas en el poder me han deparado valiosas enseñanzas.

Difícilmente podrán ser imitadas las acrisoladas virtudes y los excelsos méritos del estadista de León. Huelga hacer más comentarios. De todos modos, he reconocido sus aciertos de última hora, como su regreso al concierto de las naciones civilizadas y su apoyo al escudo antimisiles de la OTAN.

Zapatero ha sido un Presidente deficiente donde los haya. Las urnas han emitido su veredicto, su propio partido lo ha abandonado en el trastero y lo único que le queda por delante es cuidar de su jardín y asistir a las reuniones del Consejo de Estado.

Se marcha el peor Gobierno de la democracia española y, como no podía ser de otra manera, deja la peor herencia posible. Las cifras son sangrantes y el horizonte muy negro. El nuevo Gobierno no obrará milagros. Pero, con todo, hay que exigirle desde el primer momento que se ponga manos a la obra en la tarea de salir de la crisis y crear empleo. Y ello incluye, por lo pronto, acometer las reformas que no ha iniciado o completado satisfactoriamente Zapatero y nuevos recortes en el gasto público.

La mayoría absoluta no es un cheque en blanco. El riesgo de abusar de ella es real y el poder del PP ha de ser vigilado de cerca. Tampoco es algo malo de por sí, que es lo que querrán dar a entender los socialistas. En verdad, todo depende de cómo se emplee. Rajoy debe combinar el diálogo y la negociación con la adopción de decisiones rápidas y eficaces. Un equilibrio difícil.

Con su habitual buen juicio, Jorge de Esteban ha solicitado en un artículo que se aceleren los trámites que han de sucederse hasta la investidura del Presidente por parte del Congreso de los Diputados (por ejemplo, el Rey podría no alargar más allá de un día las consultas con los representantes de los grupos parlamentarios y Rajoy podría revelar la formación del Gobierno en el discurso de investidura). Espero y deseo que así sea, ya que no hay tiempo que perder. España vive una emergencia nacional.

A partir de ahí, Rajoy tendrá que formar un Gobierno en el que estén los mejores, haciendo honor a su promesa: los más competentes de su partido y los independientes que hagan falta. Defraudar en esta responsabilidad tan decisiva sería un pésimo mensaje inicial. A continuación, se ha de elaborar y presentar a la opinión pública ese plan serio, ambicioso y coherente del que tanto ha hablado y que será la guía para sus acciones más importantes. De esta manera evitará las continuas improvisaciones y rectificaciones que caracterizaron la labor del anterior Gobierno.

Ante una oposición socialista que previsiblemente colaborará poco y que intentará tomar la calle, el nuevo Gobierno tiene como misión fundamental la de esforzarse en materia de comunicación. Transparencia, claridad y poder de convicción son las principales divisas. No puede encerrarse en sí mismo. Ha de persuadir a la opinión pública de la conveniencia de la dirección que adopte. De lo contrario, el camino se llenará de obstáculos y el PSOE sacará rédito de ello. No basta con haber ganado las elecciones.

En los próximos cuatro años hay que superar las frivolidades, las ocurrencias y los disparates generalizados por Zapatero y su entorno. En el libro Lágrimas socialdemócratas, Santiago González ha abierto en canal el estilo de gobernar del estadista de León y la base de sus ideas, resultando de la operación unas conclusiones hilarantes pero, a la vez, preocupantes por cuanto muchos han comprado los cachivaches del mercachifle a lo largo de estos años.

Para los próximos cuatro años se ha encomendado a Rajoy una prueba hercúlea. Este político berroqueño, culto e irónico tiene en sus manos una responsabilidad de la que casi sería recomendable huir. Es ahora, después de tanta paciencia y tantos desplantes, cuando tiene la oportunidad de revelarse como un hombre de Estado capaz de reparar las calamidades y daños causados por siete años de pesadilla socialista.

Para bien o para mal, Rajoy es la última bala en la recámara. Ojalá no sirva para consumar un suicidio colectivo, sino para abatir los problemas que asolan esta vieja nación. Aunque él esté al frente, en primera línea, cada ciudadano tiene su parte de responsabilidad y no puede pensar que el Gobierno todo lo puede. Como he dicho antes, no habrá milagros y sí muchas privaciones y malos tragos. Zapatero prometió una democracia bonita. Rajoy prometerá una lucha sin cuartel por la supervivencia.

La victoria del PP, o mejor dicho, la victoria de Mariano supone una alegría moderada para mí, pero, fiel a mis principios y desengaños, no voy a entonar un canto a los políticos, al cambio o a las ilusiones por el proyecto que he elegido. Ahora bien, no me identifico con los indignados y su democracia de asambleas y concentraciones. Lo que haga Rajoy será fundamental para curarse del sarampión amargado.

He criticado mucho a Rajoy y lo voy a seguir haciendo cuando lo considere pertinente. Por un tiempo le retiré mi confianza; hoy, atendiendo a la certeza de que él es la última oportunidad, se la he vuelto a dar. Quiero que gobierne con sus mejores cualidades, que sea previsible, prudente, moderado y patriota. También que tenga altura de miras y que no pierda de vista que la mayoría absoluta no es un cheque en blanco. Su compromiso es con la libertad de los ciudadanos y con los intereses generales de la nación.

Defenderé al Gobierno siempre que entienda que hace lo correcto y denunciaré sin piedad sus equivocaciones tal y como hacía con los socialistas. Y con más fuerza si cabe, puesto que los diputados que sostendrán el Gobierno han recibido mi voto y, por lo tanto, me siento más responsable de sus actos.

Los próximos cuatro años serán duros. Se acaba de iniciar una travesía de incierto final en la que no hay sitio para las bromas y las contemplaciones. Si Rajoy lo tiene claro, con él es posible enderezar el rumbo de España. Hoy sólo se ha dado el primer paso.

7 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

En 2008 casi todos queríamos desahuciarlo, ¿te acuerdas?, pero Rajoy ha resistido, ha sobrevivido y, finalmente, ha triunfado. La tarea que afronta es enorme, pero con esta mayoría, con este respaldo a la adopción de las medidas supuestamente impopulares, no puede ceder a la amenaza del uso de la fuerza por parte de las castas de sindicalistas y funcionarios. Tiene que hacer lo que tiene que hacer. Emulando la ñoñería progresista, Rajoy no nos debe fallar.

El Espantapájaros dijo...

Así fue. En 2008 también me sumé a esa campaña, lo que en aquel momento era razonable. Al final, como no hubo buenas alternativas y Rajoy resistió y se consolidó, consideré que era la única opción.

Ha demostrado mucha capacidad de supervivencia y se merece haberlo conseguido.

Me tranquiliza que haya una obtenido una mayoría absoluta amplia, porque con este mandato sólido todo será más fácil. No debe ceder a las presiones que va a recibir desde la calle en cuanto comiencen las reformas. Si ha sabido resistir en Génova, ahora espero que sepa hacer lo mismo en La Moncloa.

Ayer mismo, en la Puerta del Sol, los indignados ya afirmaban que iban a quemar el Parlamento, por no hablar de la furia sectaria desatada en los telegramas de Twitter.

El Espantapájaros dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
octopusmagnificens dijo...

Estos indignados se han situado a la izquierda de Amaiur.

Javier dijo...

Muy de acuerdo con tu análisis, en general, también he votado al PP por los mismos motivos, aunque Rajoy no es que me motivase mucho, la verdad.

Aparte, por lo menos, democráticamente y en las urnas, claro, era interesante dejar lo más “capada” posible tanto a la izquierda como al nacionalismo. Las medidas económicas seguramente, eso sí, serán las que vaya marcando la Merkel y la UE y ya ha anunciado el líder de Izquierda, ya no Hundida, sino parcialmente Reflotada, por el cataclismo del PSOE, que la estrategia va a ser la movilización en la calle y la “masacracia”, más “indignaos” todavía, o sea que vienen meses “calentitos”, por eso era interesante, aunque el PP no sea una panacea, que esa gente esté democráticamente lo más deslegitimada posible. De todas formas, si recurren a la violencia, como siempre, será porque saben que pueden y les va a salir gratis. Así está la cosa.

Lamentablemente, lo que es casi seguro es que lo emocional (que de eso saben manipular muy bien pues no tienen escrúpulos alguno) e “intelectual” (si se le puede llamar así) seguirá dominado por la izquierda, no veo a Rajoy con suficiente valor para revertir todo el desaguisado y el tinglado buenista, feminista y homosexualista que en ese aspecto ha montado el PSOE.

El Espantapájaros dijo...

Octopus:

Eso parece... Pero los indignados están perdiendo mucha fuerza, ayer eran pocos los de la Puerta del Sol. Tal vez la oposición a Rajoy les insufle energías.

Javier:

Pésima noticia la resurrección de IU, aunque se veía venir.

La superioridad moral de la izquierda ha sido objeto de muchas impugnaciones y cada vez es menos potente. En el libro que cito se trata mucho este tema y sus implicaciones, y cómo lo ha usado Zapatero.

Rajoy, o su Gobierno en general, tendrán que dar la batalla de la comunicación. Si se aislan y renuncian a hacer valer sus argumentos, todo estará perdido.

Anónimo dijo...

Ahora en serio, solo te dejo dos cosas: Liberalizacion del suelo; Corrupcion.
Solo es ciego el que no quiere ver.