Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 09, 2011

VICIOS ENDÉMICOS DE LAS SERIES ESPAÑOLAS

La cancelación del Cheers español debería provocar ciertas reflexiones sobre los fallos de las series patrias y su evidente inferioridad respecto a las americanas. Ello al margen de ese mitoplastismo del que ha hablado José Viruete y que tanto distorsiona ciertas valoraciones.

Como aficionado a las series, me interesa conocer dónde están los males de las españolas. Hay dos factores que, a corto plazo, no pueden variarse: el presupuesto y la calidad de los actores. Las series americanas de mayor éxito tienen buenos actores (o, cuando menos, actores solventes) y un presupuesto importante. Por el contrario, las españolas adolecen de graves carencias en ese sentido. No entraré a considerar esos dos factores.

A mi juicio, y siguiendo a diversos críticos, las series españolas incurren en tres vicios fundamentales. Primeramente, su excesiva duración. ¿Por qué una serie española dura más de una hora por lo común? ¿Quién estableció esa regla no escrita y por qué se mantiene? Puedo entender que dicha duración responde al propósito de ocupar, por ejemplo, todo el prime time, de forma que, si la serie es exitosa, la audiencia esté dispuesta a tragarse muchos anuncios durante mucho tiempo. El inconveniente es que esta duración hace que los capítulos tengan que estirarse hasta extremos indeseables.

El segundo vicio es que en la mayoría de series españolas hay una clara subordinación al costumbrismo más rancio y casposo. Con mayor o menor intensidad, en todas acaba emergiendo esa tendencia vergonzante. Son series pobladas de personajes zafios, cutres y tópicos, de situaciones pertenecientes al acervo popular cañí y de lugares comunes deprimentes. Cheers es un ejemplo perfecto: tanta era su caspa que Alberto Rey escribió que, para digerirla, "más que una copa bien cargada, lo que uno necesita es un buen vaso de champú". A pesar de basarse en una mítica serie americana, terminaba por parecerse más a Los Serrano. La impronta española, cuando consiste en introducir tales elementos populares, arruina el producto.

Por último, las series españoles pecan de un contraproducente ánimo inclusivo. Una serie de médicos española no es únicamente una serie de médicos, sino que, hasta cierto punto, abarcará más géneros y se dirigirá a todo tipo de espectadores. Habrá tramas para toda la familia, por así decir. La idea es captar una mayor audiencia pero, llevada a sus últimas consecuencias, supone una multiplicación de tramas y personajes que confunde y abruma al espectador.

A la vista de los sucesivos fracasos que recientemente están cosechando series basadas en este esquema, es de esperar que creadores y cadenas saquen las lecciones oportunas y empiecen a cambiar, a innovar de verdad. No hay que copiar a los americanos en las ideas originales, sino en la calidad y empeñó que ponen en sus creaciones.

Se me podrá oponer que muchas series españolas han triunfado cumpliendo con exactitud las características anteriormente descritas. Bien, los tiempos cambian. En 2011 la evolución es --o debería ser-- mayor que en 2003, y no sé si productos como Aquí no hay quien viva o basuras similares serían respaldados por la audiencia. El público ahora es más exigente, puede discriminar mejor y está harto de lo de siempre.

La excepción es Cuéntame cómo pasó. Su éxito, tras diez años en antena, es incuestionable. Y dura más de una hora, es enormemente costumbrista y presenta tramas para todos los gustos. Es lo cierto que, en este caso, el uso del esquema español está justificado, al ser una serie histórica que narra las vicisitudes de una familia española desde finales de la década de los sesenta, momento en el que, por otra parte, se consagraron muchos vicios nacionales en todos los ámbitos del arte. Además, la serie cuenta con el gancho de la nostalgia, con unos excelentes actores y con guiones decentes.

Con todo, el gran mérito de Cuéntame cómo pasó ha sido establecer entre la audiencia una identificación permanente con la familia Alcántara. Algo nada fácil de lograr. Pero el de esta serie es un ejemplo inimitable, ya que experimentos con décadas posteriores fracasaron; los centrados en épocas anteriores, sencillamente, no pasan de la categoría de telenovela golfa.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

De esta cuestión no opinaré por falta de conocimiento. ¡No veo series!