Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 30, 2011

PARO Y RECETAS SOCIALISTAS: UNA COMBINACIÓN EXPLOSIVA

Antes de que la vorágine de la campaña electoral, con sus vídeos, debates y entrevistas, devore la actualidad, es conveniente efectuar un último análisis sereno de las ideas del señor Rubalcaba en torno al paro, el problema español más apremiante habida cuenta de la espeluznante cifra de cinco millones de parados que lleva a cuestas nuestra patria.

A simple vista, el intervencionista programa del PSOE tiene lógica y puede convencer al común de los mortales. Destinar gasto público a estimular la demanda para que las empresas quieran producir más y, así, contraten más trabajadores. Sin embargo, si se estudia con detenimiento, esta política, en las circunstancias presentes, sería ineficaz y extraordinariamente perjudicial.

Sin entrar en un debate casi filosófico acerca del papel, de mayor o menor protagonismo, que debe desempeñar el Estado, las políticas sobre la demanda que plantea el candidato socialista derivarían ineluctablemente en tensiones inflacionistas. La subida de precios llevaría aparejada una pérdida de competitividad, dato no despreciable en una economía globalizada. Si la solución a la crisis reside en exportar más, unos precios altos no son la mejor carta de presentación, y no es posible devaluar la moneda para compensar esa situación.

Sea como fuere, la experiencia reciente pone de relieve que esta clase de planes de empleo basados en un fuerte gasto público están abocados al fracaso. Los socialistas han borrado de su memoria el Plan E iniciado en 2009, solución estrella de Zapatero que, como es notorio, ni redujo el paro ni se tradujo en crecimiento.

Para sanear las maltrechas arcas públicas y disponer de dinero que gastar, todo lo fía Rubalcaba a subidas de impuestos y creación de nuevos tributos. Partiendo de la base de que lo más probable es que de todo ello resultara una recaudación inferior a la prevista, unos impuestos altos no son buenos incentivos ni para trabajadores ni para empresarios y, en consecuencia, sus efectos no son saludables en relación con empleo.

Adicionalmente, tratando de atraerse a los que no están dispuestos a renunciar al pesebre, Rubalcaba ha sostenido públicamente que quizá haya habido un exceso en la lucha contra el déficit. Nada más lejos de la realidad. El compromiso de España con la UE es un déficit del sector público del 4,4% en 2012 (y 3% en 2013). Si el objetivo de este año era el 6%, y es imposible que se cumpla, pues se situará en torno al 7%, Rubalcaba debería explicar mejor por qué entiende que ha habido excesos en materia de consolidación fiscal. No es un capricho liberal: es una inaplazable necesidad a fin de no causar mayores problemas en la zona euro, ámbito en el que no han terminado los sobresaltos. En resumidas cuentas, lo que propone Rubalcaba es echar más leña (déficit) al fuego de la Deuda pública, sospecho que hasta conseguir que el FMI tenga que rescatar a España.

A lo antedicho se suman otros despropósitos nacidos del magín socialista para castigar aún más a las empresas y al libre mercado, como nuevas prohibiciones, paridad, cierre de las centrales nucleares… Será todo listo que quiera Bono, pero Rubalcaba, en sus múltiples intervenciones, está demostrando que mucha experiencia política no significa mucho conocimiento de los temas a tratar.

Hasta Jordi Sevilla, recalcitrante keynesiano, ha reconocido que el próximo Ministro de Economía y Hacienda tendrá que “actuar con mano dura, a la vez, sobre el Presupuesto, para reducir el déficit u sobre un conjunto de reformas estructurales que dinamicen nuestras estructuras económicas, vigorizando el crecimiento”. Estrategia incompatible con los planteamientos de Rubalcaba.

Aplicar el programa socialista solamente contribuiría a agravar los ya imponentes problemas que sufre la economía española. Pero no es un programa serio o al uso. Su función es la de definir una postura que permita al PSOE acercarse a los indignados cuando gobierne Rajoy.

Con cinco de millones de parados y un crecimiento estancado, a lo mejor alguien se pregunta cuál es la alternativa a las recetas de Rubalcaba. Pues bien, asumiendo que no hay fórmulas infalibles, seguramente políticas que actúen sobre la oferta tendrían éxito. Es lo que debe hacer el PP. Fomentar la competencia liberalizando los mercados; flexibilizar el mercado de trabajo; reducir los impuestos para incentivar la producción; y, por descontado, una reforma del sistema financiero que permita que el crédito fluya de nuevo y que familias y empresas puedan financiarse. Para ello es indispensable una inyección de confianza.

De todos modos, incluso mediando una intensa recuperación económica, las dramáticas cifras de paro tardarán largos años en aliviarse. El mercado de trabajo no podrá absorber a tantos parados de aquí al día de mañana. Por lo tanto, hay que aceptar que este problema no se va a arreglar como por ensalmo.