Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 16, 2011

EL PROGRAMA DEL PSOE Y LOS AMARGADOS

Ayer volvieron a manifestarse los indignados, a lanzar al viento sus consignas y frases ingeniosas y a mover mucho las manos en sus esperpénticas asambleas. Pío Moa ha hecho una pregunta muy pertinente: "¿Por qué los indignados no se indignan de su propia estupidez?". En rigor, cabría hablar de amargados, porque es lo que son: unos tipos amargados por sus propios fracasos, por sus ideas entumecidas, por sus telarañas ideológicas y, muy especialmente, por el éxito de los demás.

La democracia real que quieren alumbrar puede resumirse en un Estado todopoderoso sostenido desde la calle por asambleas no representativas, irresponsables y apoyadas en la fuerza de la masa y en la violencia contra el disidente. Y, por descontado, pesebre urbi et orbi, para lo que defienden una regulación del mercado que asfixie toda iniciativa individual. En suma, sería una democracia a la cubana. Admito que no todos los que van a las concentraciones comparten esta aspiración, pero sí una mayoría, a tenor de sus declaraciones, actos y afinidades políticas.

Pues bien, tan clara como la deriva extremista que ha adquirido este movimiento es su pérdida progresiva de influencia. Que se hayan ganado la simpatía --siempre volátil-- de la opinión pública por su crítica contra unos políticos incompetentes no implica que respalde todas y cada una de sus malsanas utopías. Ya ha habido ocasión de comprobar que su mejor recurso es el de la violencia y la intimidación contra quienes no comparten su ideario. Insultan a la policía, ocupan sin autorización espacios públicos y alteran el normal funcionamiento de las instituciones.

Pero hay una posibilidad de que vayan a más. El PSOE sabe que a la vuelta de la esquina le aguarda una merecida derrota sin paliativos. Cuando ello suceda, existe el riesgo de que, en vez de reformarse y convertirse en un partido socialdemócrata aceptable y moderno, se eche al monte y se fusione con los amargados a fin de aprovecharse de ellos. Por ahora, sólo les dedican una parte de su corazón, como con tan almibaradas palabras ha declarado un perdedor que antes tenía patillas. Si los socialistas llegan a estar de cuerpo entero, los de las asambleas tendrán más oportunidades de copar el debate político y condicionarlo.

En cualquier caso, es obvio que el señor Rubalcaba da por perdidas las elecciones y que va a aproximarse lo más posible a ese movimiento, de forma que pueda presionar desde la calle al futuro Gobierno de Mariano Rajoy. El poder que no gane en las urnas lo intentará obtener de la calle. Los amargados son la plataforma perfecta desde la que oponerse visceralmente a las reformas que deberá emprender Rajoy. Una estrategia que no es nueva para la izquierda. El programa del PSOE, de hecho, contiene varios guiños a los amargados.

Los programas electorales son un engaño, una farsa. Sólo se citan en campaña. A mi entender, en ciertos casos es bueno que sean incumplidos: no se puede gobernar bien sin apartar la vista de ese documento trufado de buenas intenciones. Del actual programa del PSOE hay que destacar su nula ambición. No lo he leído entero, pero obviamente Rubalcaba tampoco. Como en 2008, cuando lo más que podía decir Zapatero es que iba a crear un observatorio de precios y doscientos mil empleos "para mujeres", ahora regresa esa misma escasez y desgana, con la diferencia de que en 2008 no había cinco millones de parados.

Como dato principal, el programa socialista es un programa diseñado por arbitristas. Están convencidos de que todo se arregla subiendo impuestos y gastando más. En lo tocante a los tributos de nueva creación para la banca y los ricos, la falta de concreción es una prueba más de que este programa no es para tomárselo en serio. Rubalcaba es un arbitrista diletante. Por ello, es sumamente grosero que haya llegado a dar cifras concretas de recaudación y a afirmar que las destinaría a programas de empleo para jóvenes.

Hay otras medidas que la prensa ha entresacado de la grisura del programa. Bromas de mal gusto y pequeños golpes de efecto (dación en pago, paridad), viejas supersticiones (cierre de las centrales nucleares) y el toque puritano característico de los progresistas (esta vez van contra los anuncios de prostitución en los periódicos). Así es como se combate una crisis económica: maltratando al sector privado desde todos los frentes, abrumando al personal con impuestos, regulaciones y prohibiciones. Aplicar este programa tendría como efecto ahogar definitivamente el crecimiento y espantar a los emprendedores. Entonces es cuando hay que recordar que el programa socialista es más bien una primera declaración de amor a los amargados.

Estoy de acuerdo en que, para salir de la crisis, no basta con reducir el gasto público y adelgazar la Administración. La austeridad debe ir seguida de reformas profundas y de un plan muy ambicioso. Por el contrario, subir o crear nuevos impuestos no es la receta más adecuada. Primero, porque muchos ya subieron hace poco. Segundo, porque, incluso si se consiguiera recaudar más, de poco valdría para paliar los efectos del gasto descomunal de un sector público que no da más de sí. La solución a esta crisis no pasa por más Estado.

Por último, espero que el PP no se esté confiando demasiado por culpa de esas encuestas que pronostican su aplastante victoria. Victoria habrá, pero el alcance está por determinarse. Para empezar, debe de haber mucho voto sumergido socialista. Se ha de tener presente que el señor Rubalcaba no fue escogido para ganar, sino para controlar los daños en el PSOE, y aparte de su acercamiento a los amargados guardará unas cuantas bazas que jugar durante la campaña (entre ellas, la de que ETA deje las armas bajo unas condiciones favorables a sus propósitos, quedando si no como vencedora sí en un empate con el Estado de Derecho). Viene una campaña dura, a cara de perro.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Sí, me preocupa que tras las elecciones haya una escalada de violencia por parte de los indignados y los sindicalistas, con la aquiescencia del PSOE. Aznar ha definido bien a esta gente.

El Espantapájaros dijo...

Cuando el PP gane las elecciones los del 15-Mu van a estar todo el día dando la tabarra, entorpeciendo cualquier intento de reforma que suponga un recorte social según sus parámetros.

Gracias por el enlace. Aznar está en plena forma y no tiene complejos. Menos mal que sigue habiendo políticos españoles de su talla y con las ideas claras.