Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







sábado, septiembre 24, 2011

CLAVES PARA OPONERSE A LA HUELGA DE PROFESORES

Durante años, los socialistas no se cansaron de repetir que, con Esperanza Aguirre, la sanidad pública madrileña iba a ser privatizada y que habría que acudir al médico con la tarjeta de crédito entre los dientes. Dicha situación, a día de hoy, es inexistente, y las mentiras socialistas han quedado en evidencia. El consiguiente castigo en las urnas ha sido severo. En cualquier caso, muy torpe sería Aguirre si deseara privatizar la sanidad y, ocho años después de asumir el poder en la Comunidad de Madrid, aún no hubiera culminado ese proyecto.

Ahora, estos temores con los que se intenta confundir a la ciudadanía se han trasladado a la educación. Los profesores funcionarios no están dispuestos a trabajar (dos horas lectivas) más. No les falta razón cuando explican que este cambio tiene unas consecuencias que no se limitan al incremento de horas, pues a muchos profesores interinos no se les renovará su contrato y, obviamente, la carga real de trabajo del profesor será aumentada en más de dos horas. Luego han venido las exageraciones y las previsiones apocalípticas y disparatadas sobre la educación. En este contexto, los socialistas ven con buenos ojos la agitación para ir rescatando el ya manido argumento del miedo a la derecha más extrema que suele caracterizar sus campañas electorales.

Los profesores son una especie de burócratas. Este grupo, como advirtió Buchanan, no está formado por "eunucos económicos": muchas veces no les motiva el bien común, sino el suyo particular como colectivo, maximizando el presupuesto que les corresponde, expandiendo sus departamentos y oponiéndose radicalmente a cualquier tipo de recorte o contención (Niskanen). Hinchan su importancia bajo el parapeto del interés general. Esta respuesta no es eficiente, toda vez que posiblemente podría hacerse más con menos.

En consecuencia, estoy en desacuerdo con los huelguistas sin que por ello me considere un partidario de la abolición de la instrucción pública. Creo que, en convivencia pacífica con la privada, es necesaria. La igualdad de oportunidades que se consigue a través de ella es un principio del liberalismo clásico, no socialista. Lo socialista es el igualitarismo, es decir, igualar a todos en mediocridad y rechazar la excelencia. Con la igualdad de oportunidades, por el contrario, se fomenta el mérito y la capacidad. Debe existir, por tanto, una enseñanza al alcance de todos.

Hay que poner fin a ese intento de profesores sindicalistas de atribuirse en exclusiva lo que deba ser la enseñanza pública. Ellos tan sólo defienden un determinado modelo de enseñanza pública, el que les interesa; pero hay otros que pueden ser mejores o más adecuados para los tiempos que corren. No todo se reduce a elegir entre educación pública o la más absoluta privatización. Hay espacios intermedios y fórmulas que pueden ser exploradas, aunque irrite a los que viven bien con el sistema.

Pero cuando el sistema no es viable porque sus costes son muy altos, y además su calidad es manifiestamente mejorable, se impone su reforma. Ahí es donde entra en juego esa resistencia a perder poder que se deduce de las teorías de la Public Choice. Por mucho que les duela, los profesores han de comprender la necesidad de sacrificios adicionales y aceptar los cambios que vienen.

Un apunte más. Los profesores que han respaldado la huelga han contado con la inestimable colaboración de muchos alumnos. Me produce lástima una manipulación tan tosca y primaria, en la que los alumnos son lanzados como peones contra Esperanza Aguirre --convertida en poco menos que Satanás-- en aras de los intereses privados de los profesores. Y de los versos y canciones que se han elaborado para la ocasión mejor ni hablar. Si son indicadores del nivel intelectual de los docentes, entonces la educación pública sí que peligra.

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