Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, agosto 21, 2011

UN SUMO PONTÍFICE ALEMÁN EN MADRID

Termina la Jornada Mundial de la Juventud y es hora de analizar lo sucedido estos días. Por lo pronto, tengo que decir que eventos de esta naturaleza, en los que se trata al Papa como si fuese una estrella pop que provoca la alteración de los presentes, con multitudes que histéricas que se desparraman de alegría, merman la profundidad y solemnidad que debieran revestir la religión y la fe. Muchos de los jóvenes que he visto por televisión eran más asimilables a los que se disponen a asistir a un concierto que a los que van a encontrarse con Su Santidad.

Pese a todo, no deja de ser una demostración de fuerza por parte de la Iglesia que puedo comprender. Y, políticamente, el espectáculo de más de un millón de jóvenes aclamando a Benedicto XVI en Cuatro Vientos es una hermosa puntilla a la España relativista y de la ética indolora que un día diseñó Zapatero en sus sueños más húmedos.

Los peregrinos han hecho mucho el payaso y se han divertido. De nuevo, se asiste a una exaltación de la juventud completamente injustificada. Pero, a la vez, son dignos de alabanza su buen comportamiento, su disciplina y su optimismo. Ha sido una gigantesca convivencia sin incidentes que habla bien de los organizadores.

En contraste, el intento de los indignados --de lo que queda de ellos-- de aguar la fiesta ha vuelto a poner de relieve cuál es su verdadero rostro, el de la intransigencia y la violencia izquierdista. Es legítimo que los mensajes que ha lanzado el Papa en sus diferentes discursos sean objeto de crítica. Cosa distinta es negar la libertad religiosa y tratar de arrinconar a los ciudadanos metafísicos, en palabras de Habermas, que también tienen derecho a existir, siempre que respeten la libertad de elección de los demás. La intención de los indignados es acabar con cualquier expresión pública de religiosidad e imponer sus particulares creencias laicas. Para ello, no han dudado en insultar, agredir, humillar, intimidar y acogotar a los peregrinos, incluso a los menores. Algunos de los lemas empleados, penosas rimas que producen vergüenza ajena y que son lo mejor que puede ofrecer la generación más preparada de todos los tiempos, dan la medida de su talla intelectual. Al margen de otras consideraciones, hay que reconocer al Papa una hondura intelectual que destaca frente a la vulgaridad y chabacanería de los indignados. Finalmente, hubo de intervenir la policía y proteger a las gentes de buena fe de esta infumable horda de intolerantes.

Los indignados, ahora ya es obvio, son bolcheviques disfrazados bajo los harapos de la izquierda alternativa. Churchill, un hombre no excesivamente religioso, se opuso a que el comunismo extirpara las creencias de sus súbditos: "Nosotros defendemos la libertad de conciencia y la igualdad religiosa. Ellos quieren exterminar todas las formas de religión que han procurado consuelo e inspiración al alma humana". Pienso que la religión, con sus límites, debe jugar su papel en una sociedad plural y abierta.

Este evento ha sido financiado por particulares, pero, lógicamente, ha habido una movilización de servicios públicos destinada a atender a tanta gente: seguridad, transportes, infraestructuras, cobertura en los medios de comunicación públicos... Soy persona poco o nada amiga de las fiestas y las grandes concentraciones. Con todo, entiendo su necesidad y sería mezquino criticar los cortes de tráfico, las facilidades en el transporte público o el que los bomberos hayan echado agua sobre la muchedumbre acalorada. Otros muchos actos de gran magnitud e interés general reciben el mismo tratamiento y sus contenidos son bastante más pobres.

La compensación consiste en que se ha trasladado al mundo una buena imagen de España, una imagen no dominada por la crisis y la desesperanza. De por sí ello tiene valor; además, imagino que los peregrinos no se podrán haber resistido a la sana tentación de consumir y habrán dejado sus buenos dineros en manos de muchos comerciantes madrileños. Y, mientras tanto, los indignados haciendo el mayor de los ridículos con sus provocaciones adolescentes y su estatua de pene gigante. Me sumo a lo dicho por Octopusmagnificens: "Mejor los cristianos duchados y las cristianas depiladas, que toda esa guarrería ultra del 15-M y el 11-S".

Como colofón, y para los más recalcitrantes, no es ocioso recordar el tenor literal del artículo 16 de la Constitución, que, tras declarar que España es un Estado aconfesional, proclama que los poderes públicos "tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones". Es lo que hay.

5 comentarios:

Peter O'Tool dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Samuel Juliá dijo...

Tampoco comparto, Sergio, ese fervor multitudinario. Baste decir que muchos de esos jóvenes que gritan "Benedicto, Benedicto" ni siquiera cumplen con sus obligaciones de católicos, de manera que ni siquiera es creíble su testimonio, nacido al calor de la bulla. Por lo demás, hacer tanto seguidismo de un hombre me parece tan supersticioso como ir detrás de una estatua. Ratzinger, se esté o no de acuerdo con él, es un intelectual serio, atado también a unas obligaciones políticas, pero a juzgar por lo que ha prevalecido el objeto de la fiesta podría haber sido el Papa como cualquier otro reclamo. El marketing ha acabado solapando por completo la realidad.

Ha habido además todo un despliegue mediático para ofrecernos una imagen prefabricada de la fe, una fe superficial que se reduce al mero exhibicionismo religioso y a la voluntad de marcar un territorio, que lo acaban de trazar además arbitrariamente; ser cristiano, por lo visto, se reduce a la manifestación pública: estar en contra del aborto, criticar el matrimonio gay, hacer obras de caridad y poner cara de asombro y emoción cuando el Papa o el cura dicen algo que podría saber cualquiera con una Biblia en la mano. Un ambiente visceral en el que si no eres un indignado te toca, por lo visto, participar de una alegría que no nace de la fe sino del colectivismo.

En lo que a mí respecta, no creo que la fe tenga que ser todo solemnidad, sino que debe haber ámbitos y ámbitos, en los que puede haber sustancia independientemente de las fórmulas que se utilicen.

Saludos.

El Espantapájaros dijo...

Así es, Samuel: se han potenciado los aspectos más carnavalescos del asunto, dejando de lado los espirituales, aunque también los ha habido.

Como digo en el artículo, hay que verlo como una demostración de fuerza de la Iglesia, de su poder de convocatoria.

En cuanto a las manifestaciones públicas, apoyo que católicos, o de otras confesiones, expresen sus opiniones y convicciones. No todo va a ser rezar. Pero me disgusta que a veces se haga como pose o con esa alegría tan impostada.

Anónimo dijo...

Todo esto que pasa lo controla Dios,el Creador del Universo. Las profecías se están cumpliendo y muy pronto el Señor Jesucristo vendrá desde los cielos a buscar a Su Pueblo. Piensas quedarte para la ira venidera de Dios o quieres formar parte de Su Pueblo?La Iglesia son los creyentes,es un cuerpo espiritual, y nada tiene que ver con el "catolicismo"(secta).
El hombre fue creado para ser inmortal. Puedes tener vida eterna o condenación eterna. Tú lo decides. Pasa por mi blog y enterate que sucederá si continúas con tu vida superficial,y egoísta.Te invito!Jesús te está llamando!

http://la-vida-plena.blogspot.com/2011/08/cual-es-tu-vida.html

octopusmagnificens dijo...

Anónimo, sólo puede quedar un inmortal, y el Kurgan es el más poderoso.