Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 19, 2011

LA SUSTITUCIÓN FIDEICOMISARIA Y SU INCLUSIÓN EN EL CÓDIGO CIVIL

La sustitución fideicomisaria es un tipo de sustitución hereditaria de carácter indirecto. Establece el Código Civil que, en virtud de la misma, "se encarga al heredero que conserve y transmita a un tercero el todo o parte de la herencia", restringiéndose su validez a las sustituciones que "no pasen del segundo grado, o que se hagan en favor de personas que vivan al tiempo del fallecimiento del testador" (art. 781). Según la jurisprudencia, sus requisitos son una doble o múltiple llamada a la herencia, que ha de se hacerse "de manera expresa" (art. 785.1); un gravamen que se impone al primer llamado, quien ha de conservar y transmitir los bienes, cuando proceda, al segundo llamado; y un orden sucesivo y cronológico para la adquisición de la herencia (o legado).

Existen dos clases de sustituciones fideicomisarias. Pueden ser a término, cuando la restitución de los bienes se somete a un plazo, o bien condicionales, cuando esa entrega sólo se hará si se cumple un determinado evento (por ejemplo, que el fiduciario muera sin hijos en la sustitución si sine liberis decesserit).

El primer heredero es el fiduciario. Su posición jurídica se caracteriza por su condición de propietario de los bienes sujetos a sustitución limitado en sus facultades de disposición por el hecho de que está obligado a conservarlos para transmitirlos. Así, dispone el artículo 783.2 que ha de entregar la herencia "sin otras deducciones que las que le correspondan por gastos legítimos, créditos y mejoras, salvo el caso de que el testador haya dispuesto otra cosa".

Por otra parte, el fideicomisario será el último heredero, el que recibe la herencia sin la obligación de conservar para transmitir a una determinada persona. Cuando hay sustitución a término, tiene derecho a la herencia desde la muerte del testador (art. 784), con lo que puede ejercer las acciones necesarias para evitar que se frustre la futura transmisión y, si muere antes que el fiduciario, aquel derecho pasará a sus herederos. Por el contrario, en la sustitución condicional el fideicomisario no es tal hasta que se cumpla la condición. De ahí que, si premuere al fiduciario, nada transmita a sus herederos (art. 759). Tan sólo es titular de una expectativa.

Por supuesto, rige en esta materia la prohibición de gravar la legítima estricta de los herederos forzosos (un tercio de la herencia): no es válido imponer sobre ella sustitución alguna (art. 813.2). Sí se admite en la mejora, a condición de que los fideicomisarios sean hijos o descendientes del fideicomitente (arts. 782 y 824).

Llegado el plazo o cumplida la condición, deberá hacerse efectiva la restitución, produciéndose la extinción de la sustitución. También se extinguirá si el fideicomisario no puede o no quiere heredar, en cuyo caso el fiduciario quedará libre del gravamen y seguirá siendo dueño, ya sin ataduras, de los bienes.

Son realmente notables las sustituciones fideicomisarias, toda vez que suponen una vinculación de bienes, algo no muy grato, por cuanto lesiona la libertad de comercio, al pensamiento liberal que imperaba cuando se elaboró el Código Civil. Pero, ante todo, la vinculación no es indefinida, lo que hubiese sido un retroceso, sino temporal. De esta suerte, sólo son válidas, según el artículo 781, si se hacen a favor de personas vivas a la muerte del testador (no hay entonces límites en los llamamientos) o si no pasan del "segundo grado", expresión que doctrina y jurisprudencia equiparan a "segundo llamamiento o sustitución". En consecuencia, sin contar al fiduciario, que no es un sustituto, puede efectuar el testador dos llamamientos que favorezcan a dos sustitutos que no vivan a su muerte. Por ejemplo, el testador designa como heredero a su hijo, fiduciario, para que transmita sus bienes, en el futuro, a su nieto, que es un nondum concepti, un no concebido. En la hipótesis de que no llegue a nacer el nieto, no se habrá cumplido la condición.

Consecuentemente con lo expuesto, el artículo 785.2 deja sin efecto las disposiciones que "contengan la prohibición perpetua de enajenar, y aun la temporal, fuera del límite señalado en el artículo 781".

El que esta figura se introdujese en el Código Civil se debe a una propuesta catalana en la Comisión General de Codificación. Y ello porque era una institución jurídica de origen romano muy arraigada en Cataluña. El insigne Alonso Martínez da cuenta, en El Código Civil en sus relaciones con las legislaciones forales (obra originalmente publicada en 1884-1885 y reeditada en 1947 y 1991), de cómo se gestó el reconocimiento de la sustitución fideicomisaria. Escribe el jurista inmortal, con su certera pluma, que "es un complemento de la libertad de testar en el fideicomitente, y en el fiduciario, la negación de esa misma libertad". Obviamente, ningún vocal defendió el fideicomiso perpetuo: "No era posible que ninguno consintiese en restablecer el imperio de la mano muerta, sustrayendo al comercio y la libre circulación una gran parte del territorio nacional". Pero no encontró Alonso Martínez razones para oponerse a un fideicomiso temporal, pues "encerrado dentro de ciertos límites, no puede decirse con fundamento que lleve la librea feudal, ni tampoco que favorezca la vinculación ni sea una institución aristocrática". El resto está en el Código Civil.

Así pues, contrariamente a lo que propalan algunas voces ignorantes, el Código no fue elaborado exclusivamente a partir de la legislación castellana de la época: hubo otras influencias y fuentes, como demuestra la regulación de la sustitución fidecomisaria. Ya Alonso Martínez, en la Exposición de Motivos del Código, proclamaba la "subsistencia del actual régimen foral en toda su integridad". Pero es que el Código era y es algo más que Derecho castellano. Y, en cualquier caso, fue aprobado por los representantes de toda la nación, por lo que es difícil sostener que fue imposición de Castilla o del centro.

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