Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)



domingo, junio 12, 2011

DOS PELÍCULAS DE GORILAS (Y UNA TERCERA A PUNTO DE ESTRENARSE)

Tengo a los gorilas en un pedestal. Me resultan animales fascinantes, irresistibles. Son parientes cercanos del hombre que, a diferencia del cómico chimpancé, rebosan nobleza y poderío. Además, poseen excepcionales habilidades de comunicación que pueden ser incrementadas. No debe extrañar, así pues, que me encanten las películas de gorilas, no sólo las protagonizadas por King Kong. Voy a reseñar dos bien conocidas.

La primera es Gorilas en la niebla (1988), película que narra la vida de Diane Fossey (1932-1985) y su trabajo en Ruanda --de incalculable valor-- en relación con el gorila de montaña, una especie amenazada que sí merece la pena salvar, tanto por su utilidad para el futuro como por ser un medio de estudiar el pasado de la humanidad. Es mi sueño una situación similar a la de La rebelión de los simios (1972), en la que, a falta de perros y gatos, se amaestra a gorilas, chimpancés y orangutanes. En mi sueño no se rebelan y saben comportarse.

Puede decirse que Diane Fossey fue a los gorilas lo que Jane Goodall es a los chimpancés. Se trataba de una mujer sumamente fuerte y terca, capaz de cualquier cosa por sus amados gorilas, hasta el punto de enfrentarse resueltamente a los cazadores furtivos y a los turistas que les ponían en peligro. Sigourney Weaver borda el papel y consigue una Fossey cada vez más obsesionada y desquiciada que cosecha entre los supersticiosos salvajes su fama de bruja para mantenerlos a raya. Es la parte más interesante de la película, junto con su adaptación al grupo del silverback Digit. La película no ahonda mucho en el final de Fossey, asesinada en su cabaña a machetazos. Un crimen aún no resuelto y con múltiples sospechosos, debido a que se había ganado muchos enemigos.

Gorilas en la niebla, a mi juicio, es más que notable. Goza de impresionantes localizaciones, no se pasa de ecologista y combina con acierto distintos elementos, pasando de ser una película de exploradores en África al principio a una dramática al final. Lo mejor es Fossey congeniando con los gorilas poco a poco y superando todo tipo de contrariedades. Eran otros tiempos y ella fue una pionera.

La segunda película que traigo a escena no es precisamente buena. Congo (1995) es, sin lugar a dudas, un filme denigrado y ridiculizado, y lo cierto es que uno experimenta cierto bochorno al verla, si es que no le provoca un delirio místico. En principio, la premisa no es mala. Una expedición que está buscando en el Congo un diamante que revolucionará la industria de las telecomunicaciones sufre un misterioso ataque que la aniquila, lo que obliga a la empresa contratante a enviar una segunda expedición que termine el trabajo. Los atacantes, sólo entrevistos en las grabaciones disponibles, podrían ser gorilas, un animal, empero, totalmente inofensivo para los hombres.

Todo se tuerce a partir de ahí. La sola presencia de Tim Curry como estrafalario buscador de las Minas del Rey Salomón ya debería poner en guardia ante cualquier intento de tomarse la película en serio. También anda por ahí un joven Dylan Walsh, que interpreta a un científico imposible y pánfilo. Y luego está Amy, la gorila, y su aparato para hablar con voz de retrasada, estilo Magdalena Álvarez. En la novela se comunica exclusivamente con lengua de señas.

Muy distinta de la película es la novela en que está basada, Congo (1980), de mi admirado y llorado Michael Crichton, prematuramente desaparecido en 2008. La novela es una delicia a caballo entre el mejor relato de aventuras y el profundo interés de su autor por los gorilas, sobre los que proporciona muchos datos y referencias a investigaciones. No en vano en Viajes y experiencias (1988) daría voz a una amiga suya, zoóloga, que afirma que los gorilas "son hombres"; y habla de un viaje a Ruanda en el que los conoció. Más adelante, escribe que el chimpancé "constituye una parodia visual de un ser humano". En cambio, por los gorilas, que "no poseían los rasgos de las personas ni olían como ellas", sintió "una corriente de mutua comprensión".

Congo, la película, comparte el argumento pero no la calidad de la novela. Lo único que salvaría son las contiendas a tiro limpio con los malos, es decir, con los violentos gorilas grises, y el humor no se sabe si involuntario que recorre todo el metraje.

Dentro de poco se estrenará Rise of the Planet of the Apes, que parece recuperará el espíritu de la mencionada La rebelión de los simios. Habrá gorilas a espuertas comandados por un chimpancé demasiado inteligente. He depositado muchas expectativas en ella. ¿Serán los verdaderos villanos los ecologistas, como en 28 días después (2002)?

3 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Ambas películas las he visto una sola vez, ¡en el cine! No me gustaron, pero ha pasado tanto tiempo que debo verlas una segunda vez, sobre todo la primera, la de Sigourney Weaver.

Jane Goodall es una mujer excéntrica y, aunque pienso que lo ha hecho por llamar la atención, ha concedido visos de credibilidad al Bigfoot, del que no existen ni pruebas ni indicios razonables de su existencia.

Tras los trailers, he revisado a la baja mis expectativas sobre Rise of the Planet of the Apes, ¡pero no me la perderé!

Supongo que habrás leído algo sobre el Gigantopithecus.


Un saludo.

El Espantapájaros dijo...

En verdad, sólo "Gorilas en la niebla" merece la pena, aunque sólo sea por Sigourney Weaver.

Goodall, al igual que Fossey en su día, debe de estar bastante trastornada, pero me divierte que hable de Bigfoot. ¿No te crees la grabación de Patterson-Gimlin? Yo tampoco, si bien subisten dudas sobre cómo se hizo (por la forma de caminar del animal y su velocidad) Cuando era pequeño me aterrorizaba. Y no por la criatura en sí, sino por el misterio y por el hecho de la propia grabación.

Reconozco que los trailers no enseñan nada demasiado espectacular. Pero me niego a fiarme de ellos. Si uno ve el trailer de "Congo" hasta puede creer que es una película decente y emocionante. De todos modos, me he tragado todas las películas de la saga, y hasta las más nefastas me engancharon.

Recuero que algo sobre el Gigantopithecus publicaste en tu "blog". Se le relaciona con el Bigfoot y el Yeti, pero pienso que está extinto y que no tiene que ver con los citados. La visión de esta criatura debía de ser algo espantoso.

octopusmagnificens dijo...

¡No me creo nada! Esa grabación muestra un hombre disfrazado. El Gigantopithecus vivió en Asia y de ninguna manera pudo migrar a América a través de Beringia. Mientras no se demuestre lo contrario, en el Nuevo Mundo no ha habido nunca grandes simios.