Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 05, 2011

DE DICCIONARIOS Y CENSORES

No me importa decirlo: Franco fue un dictador. No soy como los progresistas, que tienen miedo de las palabras y de la realidad que esconden, y suelen emplear eufemismos y parapetos en sus discursos. Franco fue un dictador, sí, pero, a pesar de ello, no veo que sea absolutamente necesario que se mencione así en su biografía del ya controvertido Diccionario Biográfico Español. La distinción entre régimen autoritario y totalitario --también muy comentada-- es correcta, y con eso ya queda claro el carácter del régimen franquista. ¿Queremos una información clara y objetiva o un furibundo escupitajo de condena? Porque para lo segundo ya existe Hablando francamente, de Moncho Alpuente.

Ante todo, hay que recordar que este diccionario, compuesto por 50 volúmenes y con más de 40.000 voces, es una monumental obra proyectada y auspiciada por la Real Academia de la Historia en la que se ha invertido mucho tiempo y dinero. Su magnitud no puede ser empañada porque unos cuantos sectarios no hayan digerido bien el contenido de ciertas biografías. Por ello, pienso que es sumamente injusto juzgar y condenar una obra de esta envergadura a la luz exclusiva de una ínfima parte de la misma. Las declaraciones de la patética Sinde y sus veladas amenazas causan mucho sonrojo por cuanto son proferidas contra una institución como la Real Academia de la Historia, una institución de aquilatado prestigio y que aglutina a historiadores de intachable currículum, competencia y reputación.

El diccionario debe estar abierto a las críticas, por supuesto, y posiblemente sea mejorable. Lo que escriben los biógrafos en sus biografías es discutible y se puede, en su caso, rebatir o modificar. El contraste de versiones y opiniones suele ser fructífero. Pero es obvio que los medios de comunicación que están agitando esta polémica, El País y Público, no pretenden meros arreglos o una discusión razonable. Su histerismo y su campaña de acoso y derribo impiden enmascarar bajo la virtud del rigor histórico lo que es una intromisión inaceptable y un intento de censura.

Su objetivo, si tuviesen la capacidad, sería imponer una redacción concreta y, naturalmente, no imparcial y neutral, como con sumo descaro exigen, sino interesada, escorada y acorde con los dictados de la memoria histórica. Ya que tal cosa no es posible, por carecer de la capacidad requerida, quieren ejercer una especie de poder de censura sobre textos no convenientes. Ha estado atinado Pío Moa al destacar "la desenvoltura con que no solo gritan, sino que demandan la censura y la imponen en cuanto está a su alcance, o exigen la 'corrección' de textos no acordes con sus creencias, o acusan a otros de mentir, sin dar la menor prueba al respecto".

Las intenciones son claras. Es más, desde las páginas de El País no se deja de insistir en que había historiadores más preparados para escribir tal o cual entrada, y curiosamente son todos de su línea o colaboradores, como Santos Juliá, Moradiellos... En cambio, nada han dicho de la biografía de Felipe González, firmada por ¡Juan Luis Cebrián! Sea como sea, es un gran atrevimiento poner en duda tan a la ligera el procedimiento por el que se ha seleccionado a los autores, revisado los textos, etcétera, como si se tratara de un juego de aficionados.

Se advierte la ausencia de un debate limpio y en condiciones. Más que atacar y contradecir los contenidos de las biografías, que son impecables, los progresistas se están dedicando a desprestigiar con ferocidad a la Real Academia de la Historia criticando sus ritos y formas, sus componentes y sus métodos. Su saña y malicia son en verdad aberrantes y dignas de mejor causa.

Respecto a la biografía de Franco, el padre Escolar, en uno de sus sermones, identificó algunos extractos escandalosos o censurables, a su modo de ver. Por ejemplo, uno que glosa el valor de Franco y otras cualidades citando un parte de guerra y que termina con esta afirmación: "Acciones en Xauen y Melilla incrementaron su fama de jefe riguroso y eficaz". Escolar señala a un sospechoso, aunque no dice de qué se le acusa o qué indicios hay en su contra. No sería capaz. Al fin y al cabo, el denigrado Luis Suárez está citando fuentes de la época que acreditan que Franco gozaba de esa fama y de ese reconocimiento, guste o no. De la misma manera, en relación con su "fama de jefe riguroso y eficaz", consideraciones de esta clase son las que le valieron sus ascensos, con lo que no es desacertado apuntar que, cuando menos, la fama la tenía, fuese o no en verdad un buen militar. No estoy muy seguro de que Escolar capte semejantes sutilezas.

En fin, dejo ya a Escolar y su intento de echar a la hoguera el libro --o la biografía-- prohibida. Se retrata a sí mismo por su falta de argumentos y datos, ya que se limita a alimentar con bazofia a sus huestes cavernícolas. El trabajo sucio ya lo harán otros. Él no da más de sí. Le queda grande la sotana y es imposible no sentir lástima por sus evidentes limitaciones.

Es cierto que el Diccionario Biográfico Español tiende a dar una visión amable, dentro de lo posible, de los biografiados. Lo considero normal, no está concebido como un ajuste de cuentas con la Historia y, aparte, muchos de los personajes incluidos siguen vivos, lo que conlleva una menor visión desapasionada de los mismos. Y no está ya entre nosotros el maestro Francisco Umbral, gran hacedor de diccionarios, para echar ácido y dardos al asunto.

NOTA: Este espacio, El tonel del cínico, cumple ya seis años de vida. Doy las gracias a todos mis lectores y me comprometo a que el tonel siga rodando hasta el año que viene. Para celebrar el aniversario, mañana publicaré la entrevista que me ha concedido Octopusmagnificens.

2 comentarios:

Francisco dijo...

Pues yo creo que lo más destacado de Franco es precisamente que fue un dictador, si no fuera por ello, sería un personaje con mucha menos relevancia. Si que estoy de acuerdo con que fue un régimen autoritario, no totalitario; aunque esto debe contextualizarse y matizarse.

http://youtu.be/Oz2r_H8cvl8


El diccionario en sí me parece una gran pérdida de dinero. No se me ocurre nada más aburrido que hacer o leer un diccionario de biografías. De hecho, a duras penas puede considerarse como historia una obra con tan escaso análisis crítico.

Los términos en los que usted se refiere a la RAH son de risa. Sinceramente, a sus miembros solo les deseo una buena muerte; con la esperanza de que entren nuevos aires de renovación.

El Espantapájaros dijo...

Gracias por su comentario.

El revuelo que se ha armado es excesivo, a muchos se les nota las ganas de censurar, y creo que debe primar la libertad de expresión, siempre que se apoye en los hechos. Todos tenemos una biografía ideal en mente, pero se buscaba recopilar en una obra las biografías de los españoles que han pasado a la Historia. Claro que debería haber correcciones, y no sólo en la biografía de Franco, pero no las que dicte el PSOE.

Veo que no siente mucho respeto por la RAH. Seguramente tiene sus argumentos. A mí lo que me disguste es que algunos hablen mal de ella porque les gustaría estar allí y no pueden.