Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 08, 2011

UNA VEZ MÁS, CON ESPERANZA

Me aburren las campañas electorales, puro derroche de recursos y propaganda que, aun siendo necesario para captar el voto y animar a la gente a participar, en España se reduce a una variopinta colección de consignas, insultos, vacuidades y desprecio a la inteligencia de los ciudadanos; campañas incapaces, en suma, de generar ilusión o de dar a conocer, con seriedad, el programa de un partido político.

Los mítines los aborrezco. Son un espectáculo de masas en el que predominan los mensajes baratos lanzados al voto cautivo. Tan sólo salvaría de estas campañas las entrevistas y los debates televisados, pues son ámbitos en los que el político puede verse en apuros y, por ende, donde puede demostrar su valía. Ir a un centro de convenciones a pronunciar un discurso demencial sazonado con cuatro gritos, como hace Zapatero, es relativamente fácil, y más sabiendo que el público va a aplaudir aunque insultes a su madre. No lo es tanto defenderse de las preguntas incisivas de un periodista o del rival de turno.

Esperanza Aguirre se enfrentará esta noche en un debate al aspirante socialista Tomás Gómez. Aunque en España estos debates son muy rígidos y medidos, y no suelen dar lugar a un verdadero intercambio dialéctico más allá de los guiones aprendidos, siempre es un placer ver a Aguirre, la única política, a estas alturas, que me convence plenamente y que apoyo sin reservas. A diferencia de Rajoy, acobardado y taimado, ella no rehuye las cuestiones incómodas, esos “asuntos en los que no voy a entrar”, y tiene siempre el verbo afilado, la mente ágil y los argumentos prestos a combatir la propaganda socialista.

Madrid, indudablemente, ha sufrido los efectos de la crisis. Pero ha aguantado mejor que otras regiones. Aquí hay menos paro y más tráfico comercial, y parte de esta prosperidad hay que agradecérsela a Esperanza Aguirre y sus políticas de corte liberal. La Comunidad de Madrid puede prometer –y es viable— el déficit cero en 2012. Otras regiones, como Cataluña, están lejos de esa estabilidad y se ven obligadas a tapar cifras, negociar y suplicar al Gobierno central.

Tomas Gómez no aporta nada nuevo. Su programa es un surtido poco lúcido de ideas a medio camino entre el intervencionismo y la demagogia, control económico puro y duro cuya mera enumeración causa pereza: creación de un banco público para financiar a “los emprendedores”, gravar a las entidades financieras con un nuevo tributo... El verdadero contenido de su campaña no es exponer tan peregrino programa, sino denostar a Aguirre esgrimiendo la vieja apelación socialista de que hay que tener miedo a la derecha porque es muy mala y quiere privatizar, favorecer a los ricos, maltratar al pobre...

Nihil novum sub sole. Desde hace años vienen insistiendo socialistas y sindicatos en que la sanidad madrileña iba a ser perversamente privatizada por Aguirre y que en lo que eran hospitales públicos habría que entrar con tarjeta de crédito. Pues bien, no conozco ni un solo caso de alguien que al acudir a la sanidad pública en estos largos años haya tenido que sacar la tarjeta de crédito. Y su calidad es incuestionable: la propia Aguirre eligió un hospital público para operarse de su cáncer de mama. El corolario de lo anterior es que los socialistas y sindicatos han mentido a los ciudadanos y deberían disculparse y hacer propósito de enmienda.

En cualquier caso, lo que para alguien indeciso y permeable a esta propaganda podía ser creíble en 2004 o 2005 no puede seguir siéndolo en 2011. “Queda poco tiempo para que se privatice...”, anuncian, en tono tremendista, las cuñas de radio socialistas. Aguirre lleva gobernando en Madrid desde 2003. Mucho está tardando la bruja mala en llevar a la práctica su desalmado plan, nada menos que ocho años para empezar a privatizar. Creo que Felipe González fue más rápido, y en este lapso temporal (2003-2011) ha habido ocasión para que hasta el mismísimo Zapatero congele y baje el sueldo a los funcionarios, recorte sus queridas políticas sociales, etc...

Como nota dedicada al humor, hay que echar un vistazo a la carta que envía el PSOE pidiendo el voto. Sale en ella un Tomás Gómez con la mirada puesta en lo alto y en el infinito, los labios prietos, el rostro arrebatado. Sería casi una estampa romántica de no ser por lo cutre del texto: “El presidente de la gente común”. Bien empezamos. En la otra cara está la carta en sí, en la que Gómez habla de un Gobierno que “actúe para todos y todas” y de “privilegiados” que desmantelan los servicios públicos, dejando en la intemperie a los necesitados. En fin, bazofia sin fin en una redacción pedregosa y vergonzante.

Lo más divertido llega al final. Gómez, lloriqueando como buen socialdemócrata, se compromete a gobernar “de tu mano”. No he leído cursilería igual. A renglón seguido, en una frase doblemente incomprensible --por cuanto está mal puntuada y es falsa en su premisa mayor--, se lamenta de no poseer “grandes medios para comunicar contigo, te invito si quieres conocer en detalle mis propuestas, mi compromiso a contactar conmigo a través de tfno 902 550 255 [...]”. Infinitamente ridículo y, además, mal escrito. Por lo demás, debe de ser una juerga charlar con Tomás Gómez de sus “propuestas”.

Dicen que Gómez tiene el doble mérito de haber desafiado a Zapatero ganando unas primarias. Las primarias estarán bien para los militantes del partido, pero a mí me importa un bledo todas esa parafernalia democrática en la que los dos candidatos, la señorita Trini y Gómez, no debatieron sobre nada, pues sólo fue un choque de personalidades. La verdad más exacta acerca de Gómez es que ha renunciado a su único rasgo distintivo y personal, sus patillas, en pro de la propaganda y la imagen.

Esta noche comprobará cómo todo ese maquillaje no vale de nada ante una inmensa Esperanza Aguirre que ya es lo único que merece la pena de su partido.