Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 17, 2011

LA FALACIA DE LA GENERACIÓN MÁS PREPARADA DE TODOS LOS TIEMPOS

La generación más preparada de todos los tiempos salió a manifestarse por las calles de Madrid en demanda de trabajo y vivienda. Destaco sólo dos lemas: “Más becas, menos hipotecas” y “Si no puedo trabajar, cómo voy a cotizar”. No es que se hayan lucido mucho, ciertamente, a pesar de su supuesta capacidad.

El de la generación mejor preparada es un tópico y una auténtica falacia que se viene repitiendo de un tiempo a esta parte, cada vez con más frecuencia y convicción. Y lo preocupante es que los jóvenes se lo han creído. Que la juventud española se arrogue tan alta distinción es una vana y letal pretensión. No sólo infla el ego sobremanera: también destruye energías y convierte en resentimiento los fracasos.

No entiendo las razones que sustentan dicha proclamación. Para empezar, ¿de qué generación se trata? ¿La nacida entre los ochenta y noventa? No hay un criterio claro sobre esta delimitación. En segundo término, ¿por qué es la mejor preparada? Se dice que es la más y mejor formada, la que más idiomas conoce, la que más ha viajado, la que mejor maneja las nuevas tecnologías... Pero todo ello, en España, no ha evitado una cifra escandalosa de paro juvenil (43,6% de paro entre menores de 25 años) y unas esperanzas aguadas y pisoteadas.

Hay un error en el punto de partida, consistente en pensar que una generación está mejor formada y predispuesta al éxito únicamente por la acumulación de conocimientos de muchos de sus individuos y por la posibilidad de acceso a información casi limitada. Sin embargo, en mi opinión, una generación estará bien, adecuadamente formada cuando responda a las necesidades, desafíos y objetivos de su época; y cuando, a la postre, supere el listón fijado. En términos absolutos, cualquier generación posterior, al menos desde el siglo XIX, ha estado mejor formada stricto sensu que la anterior gracias a los avances en educación, al desarrollo de las comunicaciones, a la difusión del conocimiento... En términos relativos, considero muy atrevido sostener que esa generación de jóvenes entre 25 y 30 años es la más óptimamente preparada para la época que le ha tocado vivir. Como es natural, un joven de hoy en día sabrá defenderse con el inglés y podrá usar un ordenador, cosa impensable e inexistente a principios del siglo XX. Pero eso no quiere decir que las generaciones de antaño fuesen inferiores. Sencillamente, el mercado en el que se movían era muy distinto, así como las potencialidades. Y el esfuerzo de sus componentes mejoró su posición personal e hizo que la sociedad progresara.

En El Mundo ha aportado hoy Miguel Ángel Mellado una serie de datos que fundamentan mi escepticismo ante la exagerada afirmación que nos ocupa: el 31% de los jóvenes españoles abandona sus estudios; sólo hay un 19% que completa los estudios de grado medio; su nivel cultural se sitúa en el duodécimo lugar de los 15 países más importantes de la UE. Datos que hacen dudar de esa especie de letanía a modo de consolación en que se ha convertido la apelación a la generación más preparada.

Existe una confusión entre los individuos y el conjunto. Hay jóvenes con mucho talento, brillantes, superiores a sus antecesores en todos los campos, y son excelentes. Junto a ellos, existe una masa informe inculta y sin inquietudes, abonada a las borracheras y fiestas de fin de semana y con aspiraciones tan mediocres como su entorno. Por tanto, hay que diferenciar entre individuos sobresalientes –que los hay-- y el conjunto de la generación, que no es tan buena como aparenta.

No sé por qué la generación más preparada se siente agraviada. La crisis ha destruido las expectativas de muchos jóvenes y ha empeorado su situación, cierto, pero el paro juvenil no surgió ayer. La crisis no tiene la culpa de todo. Por otra parte, los que salieron a manifestarse por Madrid pedían que se les resolviese la vida, que los poderes públicos, gratia et amore, les proporcionasen vivienda y empleo. La permanente mezcla entre deseos y derechos. Tal vez debieran pensar más en salir a ganarse la vida con todas sus energías y dejar de quejarse con lloriqueos. Sospecho que en este comportamiento inútil influye la frustración de quien cree pertenecer a la generación más preparada y, con todo, no ha llegado a nada.

El consejo que puedo formular, también dirigido a mí --un joven a punto de acabar sus estudios--, es el siguiente: Hagamos lo posible no para que nos llamen, en el presente, la generación más preparada de todos los tiempos, sino para que, en el futuro, se nos recuerde con ese distintivo por todo lo que conseguimos luchando por salir adelante en medio de la adversidad y sin pensar que merecíamos más que nuestros padres sólo por atesorar un título.

5 comentarios:

Alfredo dijo...

Me gustan todas tus entradas, como sabes, y normalmente coincidimos pero tengo que decir que considero que esta entrada ha sido una de tus mejores entradas hasta la fecha (y te he leído incluso las que habías escrito en años "tempranos" como allá por el 2006). No tengo nada que "opinar" porque suscribo todo -- sólo que me gustaría decirte que ojalá más gente, en general, de alrededor de nuestras edades la leyera, la imprima y la aplique.

Ojalá tu "llamamiento a las armas" sea fructífero. A mí también me ha chocado mucho eso de que esta es la "generación más preparada" cuando mucha gente de nuestra edad, eso sí titulada, escribe peor castellano que nuestros abuelos (sin titulación y en muchos casos con una educación de primaria, si acaso)...

Nuestros abuelos hablaban y escribían mejor castellano que mucho jovenzuelo titulado con dinero ajeno y derrochado en muchísimos casos.

En segundo lugar, a pesar de los avances tecnológicos inevitables, muchísimos jóvenes de hoy son incapaces de escribir un ensayo, o un artículo duro de opinión, con bases ideológicas, razón y lógica.

En todo caso, no hay que sentir decepción total -- siempre que la gente dice "es que esta juventud...", les remito a tu bitácora.

Saludos

Sergio Luis dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Espantapájaros dijo...

Gracias, Alfredo. Todo se reduce a la idea de no caer en la complacencia, que es la manera de dormirse en los laureles y no hacer nada serio aparte de pedir en vez de procurarse uno su propio bienestar y realización.

Sin duda, hay jóvenes muy formados y valiosos, pero la generalización carece de sentido y es nociva. Creo que los jóvenes de ahora tienen a su alcance más oportunidades y medios que los del pasado, lo que no implica necesariamente una mejor preparación.

Y manifestaciones como la del otro día sí que son un error garrafal. Comprendo la frustración y el desencanto de muchos jóvenes, y la crisis se ha llevado por delante muchos sueños. No obstante, es inútil pensar que el Estado será la salvación.

Alberto Estevez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alberto Estevez dijo...

Sin duda, no puedo más que compartir su opinión en este tema, pero tampoco podemos olvidar que es una mentira tan bien planificada que muchos de sus protagonistas han llegado incluso a creérsela. Los que, por cosas del destino, seguimos en el meollo de la cuestión -es decir, dentro del sistema educativo- como estudiantes o profesores, no podemos más que llevarnos las manos a la cabeza por semejante afirmación. No me remitiré a datos, o a encuestas, sino a mi experiencia personal. Usted, como estudiante, sabrá a que me refiero. Fin de semana tras fin de semana vemos a que dedican su tiempo libre esta maravillosa generación (¡la más preparada del mundo muncial!), pero quizá lo más penoso de todo es la falta de cultura general, latente en cada una de las capas de nuestra juventud.
Le felicito por su entrada y cómo no, por su blog.
Un saludo.
A. Estévez