Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 20, 2011

LOS SOCIALISTAS Y SU RESPONSABILIDAD EN LA CRISIS (II): DE CÓMO SE PASÓ DE LA SALIDA SOCIAL A LA TIJERA GENERAL

Cuando Zapatero no tuvo otra salida que reconocer la existencia de la crisis, con el desempleo disparado y los ingresos públicos en caída libre, el Gobierno no hizo nada serio, aparte de gastar a espuertas, hasta que en mayo de 2010, obligado por presiones del exterior, se anunció el ajuste, una rectificación en toda regla que podría haberse evitado o atenuado de haber actuado el Gobierno desde un principio. Y entiendo por actuar no intentar capear el temporal, que es lo que hizo durante 2009, sino encarar la realidad. La situación, hoy, sería muy distinta si a finales de 2008 o principios de 2009 se hubiesen iniciado las reformas que se han ido sucediendo a trompicones.

No hubo austeridad en la Administración ni preocupación por el cariz que iba adquiriendo la senda de la Deuda pública. Los socialistas insultaban la inteligencia de los ciudadanos debatiendo sobre fantasías como la salida social de la crisis, la economía sostenible, el cambio de modelo productivo... Y ése fue el producto que vendieron en sus tenderetes hasta que se hizo inapelable la sentencia de Margaret Thatcher: "The problem with socialism is that you eventually run out of other people's money".

La fiesta tocaba a su fin. Según Eurostat, en 2009 el déficit público de España fue del 11,2% y la ratio Deuda/PIB llegó al 53,2%. Hay que reconocer, con honestidad, que el déficit habría sido alto en todo caso en una situación de crisis debido a la caída de la recaudación fiscal, a los subsidios a los parados y a las medidas anticíclicas casi indispensables; pero, al mismo tiempo, no se puede obviar que se hicieron gastos equivocados y cuantiosos, que no se acompañaron de reformas estructurales y que el superávit anterior tenía que haber sido mayor de lo que era dada la bonanza económica, es decir, se gastó muy alegremente en los años previos a la crisis.

De cualquier modo, los datos apuntados empeoraron a comienzos de 2010. Así, en abril de ese año la agencia de calificación Standard & Poor’s rebajó el rating de la Deuda pública del Reino de España de AA+ a AA. Los mercados empezaban a inquietarse. Ante la amenaza real de que España entrara en quiebra y presionado por distintos mandatarios extranjeros, que consideraban que España era too big to fall, Zapatero preparó y anunció el ajuste, un recorte como nunca antes se había visto.

El corolario es que Zapatero jamás cambió de criterio o estrategia motivado por las circunstancias o por una mejor comprensión de los males de España, a pesar de lo que actualmente alegue en su defensa. Días antes de dar a conocer el ajuste negó, tras su reunión con Mariano Rajoy, que hiciera falta reducir el déficit. La única circunstancia que hizo cambiar de idea a Zapatero, renunciando así a sus supuestos principios socialistas, fue la necesidad pura y dura y su deseo de aferrarse al poder a toda costa. Carece de credibilidad que se produjese una evolución ideológica en el personaje en menos de una semana.

Todas las explicaciones que esgrimen ahora los socialistas, todas esas visiones de Zapatero como un hombre de Estado dispuesto a llevar a cabo reformas impopulares pero necesarias aun a costa de perder el poder o de contrariar a la opinión pública, no responden a la realidad de los hechos aquí desgranados. Un hombre de Estado se habría puesto manos a la obra en 2008. Un hombre con una pizca de honestidad intelectual y una mínima noción del interés general habría dimitido en 2010. Un hombre sin principios ni convicciones, un hombre que sólo quiere retener el poder, seguiría y sigue en el poder en 2011, diciendo una cosa y la contraria y en permanente huida hacia delante.

Las reformas que se han hecho o se están ultimando han ido, en general, en la buena dirección, pero son manifiestamente mejorables. La reforma del mercado de trabajo es nada con gaseosa. La reforma del sistema financiero, fundamental para restablecer el crédito que mueve la economía, ha estado plagada de rectificaciones y cambios que aún no han cesado. La reforma de las pensiones es insuficiente y, además, posiblemente había alternativas mejores. En lo tocante a la reducción del gasto, los recortes (y cierta ayuda coyuntural por la subida del IVA) han surtido efecto: el déficit ha disminuido. Ahora bien, es de escándalo la falta de resolución de Zapatero a la hora de limitar el endeudamiento de las Comunidades Autónomas. Atendiendo a las súplicas ridículas de Artur Mas, autorizando refinanciones unas veces sí y otras no, sin dejar claro si se puede emitir nueva deuda, no contribuye a poner seriedad y concierto en el Estado autonómico.

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