Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 06, 2011

EL MATRIMONIO CANÓNICO EN EL SISTEMA MATRIMONIAL ESPAÑOL

Ya está en vías de publicación un libro homenaje dedicado al insigne jurista Rafael Navarro-Valls, que frisa los 71 años. Es seguro que dicho libro incluirá estudios muy brillantes y enjundiosos, la mayoría sobre Derecho Canónico y Derecho Eclesiástico del Estado. Es lo que merece la dilatada trayectoria del homenajeado.

A modo de reconocimiento personal a este maestro, expondré aquí un tema subyacente al sistema matrimonial español que generó debate tiempo atrás. Evidentemente, será un acercamiento más bien superficial, un esbozo, pero pienso que igualmente interesante, ya que pone de relieve que en Derecho casi siempre hay varias interpretaciones posibles y que todas ellas son defendibles con argumentos convincentes.

Independientemente de los vaivenes históricos que ha experimentado el matrimonio en España, la Constitución de 1978 es el punto de partida del actual sistema matrimonial. Son artículos esenciales el 14 (principio de igualdad), el 16 (libertad religiosa, aconfesionalidad del Estado) y el 32 (derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica). Este último precepto, que ordena al legislador ordinario regular las "formas del matrimonio", contenía, in nuce, las bases para la división de opiniones sobre si en España existe un sistema de elección de tipos de matrimonio, o bien uno de elección de formas.

En efecto, a la vista del artículo 32 se presentaba la duda de si el constituyente había querido establecer un sistema de reconocimiento formal del matrimonio religioso o si, en cambio, era lícito pensar en un reconocimiento institucional, esto es, sobre el fondo y la forma.

Como era lógico y necesario, el citado artículo dio lugar a una profunda reforma del Código Civil en materia matrimonial (Ley 30/1981, de 7 de julio), reforma que debe ponerse en conexión con un texto legal anterior, el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre Asuntos Jurídicos, de 3 de enero de 1979, que instauró el matrimonio religioso en la España constitucional, lo que tuvo su reflejo en la reforma del Código Civil.

El artículo VI, apartado primero, de este Acuerdo proclama que el Estado "reconoce los efectos civiles del matrimonio celebrado según las normas del Derecho Canónico", añadiendo que tales efectos "se producen desde su celebración" y que para "el pleno reconocimiento de los mismos será necesaria la inscripción en el Registro Civil, que se practicará con la simple certificación eclesiástica de la existencia del matrimonio". Hasta aquí la regulación de algo evidente: en España se puede contraer matrimonio canónicamente.

De nuevo, pues, aparece la pregunta ya enunciada. Como he apuntado antes, la respuesta puede ser bien un reconocimiento institucional del matrimonio canónico, bien un reconocimiento meramente formal. Lo primero supone la convivencia de dos matrimonios en el ordenamiento jurídico español, el civil y el canónico. Lo segundo entraña que hay un único matrimonio, el civil, que se puede celebrar en forma religiosa.

Un sector de la doctrina (Díez-Picazo, Llamazares, Souto Paz) sostuvo una interpretación literal de lo que eran "formas del matrimonio", abonando la tesis del reconocimiento formal. Por tanto, la referencia al "matrimonio celebrado según las normas del Derecho Canónico" ha de entenderse, necesariamente, como el consentimiento matrimonial prestado en forma canónica, nada más. El artículo 60 del Código Civil dice así: "El matrimonio celebrado según las normas del Derecho canónico o en cualquiera de las formas religiosas previstas en el artículo anterior produce efectos civiles". Según su interpretación de este precepto, el matrimonio celebrado con arreglo a las normas canónicas es igual al celebrado en la forma religiosa de una confesión religiosa inscrita. Interpretación que quedaría reforzada por el hecho de que el artículo 60 está dentro de una sección sobre "forma religiosa" y por el tenor literal del artículo 59, que establece que el consentimiento matrimonial "podrá prestarse en la forma prevista por una confesión religiosa inscrita, en los términos acordados con el Estado o, en su defecto, autorizados por la legislación de éste". En este artículo solamente se habla de formas de prestar el consentimiento.

En resumen, al modo de ver de este sector, habría un único matrimonio, aunque sea posible contraerlo en forma religiosa. Las normas del Derecho Canónico, obviamente, habrá que respetarlas no sólo en cuanto a la forma jurídica, sino también en cuanto a los demás aspectos sustanciales, pero al Derecho Civil eso le es indiferente.

Opiniones bien distintas se aportaron desde otro sector de la doctrina (Navarro Valls, Ferrer Ortiz, Albaladejo), sector que se inclinaba por una interpretación histórica del artículo 32 del texto constitucional, de suerte que la expresión "formas del matrimonio" implica posibilidad de reconocimiento institucional, ya que así se desprendía de la redacción originaria del artículo 42 CC.

La consecuencia es que se reconoce eficacia civil al matrimonio canónico regulado en sus aspectos sustantivos por el Derecho Canónico. Hay más argumentos. Si el reconocimiento fuese meramente formal, no tendría sentido el artículo VI, apartado segundo, del Acuerdo (reconocimiento en el orden civil de sentencias de nulidad dictadas por tribunales eclesiásticos): de ser así, tan sólo contaría, respecto a los aspectos sustantivos, la legislación civil, no siendo necesario reconocer efectos a las resoluciones de los tribunales eclesiásticos, sustentadas en el Código de Derecho Canónico.

Por su parte, es verdad que las confesiones religiosas inscritas sólo gozan de un reconocimiento formal del matrimonio: se permite la manifestación del consentimiento en forma religiosa, cumpliendo sus ritos, pero los aspectos sustantivos se regulan en el Código Civil. Es, en rigor, un matrimonio civil en el fondo y religioso en la forma.

De acuerdo con las tesis de esta posición, el artículo 59 CC no alude a la Iglesia Católica, que no necesita estar inscrita en el Registro de Entidades Religiosas porque su personalidad jurídica está reconocida en el artículo 16.3 CE. Y una recta interpretación del artículo 60 CC conduce a apreciar una distinción entre el matrimonio canónico, que se celebrará según las normas del Derecho Canónico, y el de las confesiones minoritarias, para las que sólo se prevé la manifestación del consentimiento en forma religiosa.

A fortiori, no hay un paralelo del artículo 80 CC (recoge el texto del Acuerdo sobre reconocimiento de resoluciones eclesiásticas) que extienda la posibilidad que contempla a los matrimonios de las minorías religiosas, otra diferencia más que se opone a que se equipare estos últimos con el matrimonio canónico.

Contra lo antedicho se podría esgrimir el artículo 85 CC. Como prevé el divorcio como causa de disolución del matrimonio, no respeta la configuración institucional del matrimonio canónico –indisoluble--. Ahora bien, para la doctrina que defiende el reconocimiento institucional esto únicamente significa que ese matrimonio podrá ser disuelto a efectos civiles, pero el vínculo pervivirá a ojos del Derecho Canónico.

Básicamente, han quedado retratadas las dos posturas. Si desean profundizar más, hay que decir que el propio Navarro-Valls se ha ocupado de este asunto en diversos trabajos. Cito dos: "El sistema matrimonial español y la Constitución de 1978" (Revista General de Legislación y Jurisprudencia, 1979, pp. 111-143) y "La posición jurídica del matrimonio canónico en la Ley de 7 de julio de 1981" (Revista de Derecho privado, año nº 66, 1982, pp. 665-709).

2 comentarios:

Andrés Álvarez F. dijo...

Me lo pasé muy bien estudiando los impedimentos matrimoniales a partes iguales entre el manual de la profesora de Santiago y el de Navarro Valls. El impedimento de pública honestidad y el de impotencia son los más impactantes.

El Espantapájaros dijo...

El régimen de las limitaciones al "ius connubii" de los contrayentes es una materia muy interesante, y también comparar lo que dice el Código de Derecho Canónico con el Código Civil.

El impedimento de impotencia es una limitación coherente con el concepto de matrimonio canónico, que es una unión orientada a la generación y educación de la prole. Antes, obviamente, existía en el Código Civil.

En general, me divierte el Derecho Canónico (que es un ordenamiento bastante completo, coherente y perfeccionista), lo veo como una especie de afición recurrente, aunque mi disciplina predilecta es el Derecho Financiero y Tributario.