Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, enero 09, 2011

DESEOS Y DERECHOS. EL EJEMPLO DE LA LEGISLACIÓN ANTITABACO

Dada la cercanía de las elecciones autonómicas y municipales de mayo, los partidos políticos ya deben de estar preparándose para una campaña en la que prometerán de todo, haciendo honor a una tradicional expresión española que ven siempre en boca de los ciudadanos: "¿Qué hay de lo mío?". De todos modos, pueden prometer lo que sea: esta vez no va a haber dinero en las arcas con el que pagar.

En mi limitada experiencia, en discusiones sobre a qué partido votar, son muchos los que tienen en cuenta como algo principal las dádivas que ofertan los partidos (por ejemplo, abono de transportes más barato, que reformen las aceras de su calle o que a su hijo le regalen un ordenador portátil en la escuela), desentendiéndose de cuestiones más importantes. Obviamente, defiendo que cada cual atienda a sus intereses personales o inmediatos, y se fije en cómo le va a afectar de forma directa el que gobierne un partido u otro. Lo que quiero atacar, en verdad, es algo distinto: la convicción, firmemente implantada en muchas mentalidades, de que el Estado, o el Gobierno de turno, debe solucionar todos los problemas que uno padezca.

Ello, sin duda, es una derivación del Estado de Bienestar, que asiste al ciudadano de la cuna a la tumba, y está provocando no pocas perversiones, por lo común articuladas por ley. El personal anhela con ilusión pueril que el Gobierno cree puestos de trabajo, que les conceda subvenciones o que acuda a su rescate cuando sufren una eventualidad. Hay que luchar a fin de cambiar esta realidad y esta mentalidad, que, al final, construyen ciudadanos dependientes, enanos mentales que pastan al calor de lo que el Estado está dispuesto a regalarles según su conveniencia.

El mensaje tiene que quedar claro: "No todos tus deseos son derechos". Desterrar esta pretensión infantil es prioritario en estos tiempos de crisis, escasez y pérdida de valores. Sólo así nacerá una generación que se haga a sí misma y que alcance el éxito gracias a su ambición, aptitudes, trabajo y tesón, y que no permita que el Estado atropelle su libertad o suplante lo que ha de lograr por su propia mano, marcando claramente los límites del poder y la esfera de acción legítima del Gobierno y el Parlamento.

Existen, desde luego, y están reconocidos en la Constitución, una serie de derechos fundamentales inherentes a la persona sin los cuales pierde su dignidad y no puede ser libre. Garantizar tales derechos sí es una obligación básica de cualquier Estado. En cambio, lo que está de moda en España, sobre todo desde el acceso de Zapatero al poder, es una tendencia nada deseable: los grandes atentados contra las libertades son bien vistos, tolerados o ignorados, a la vez que desde el Gobierno se impulsan leyes para favorecer, desde un punto de vista progresista, a ciertos colectivos ruidosos. Así, el matrimonio homosexual, la memoria histórica, la violencia de género...

Para muestra basta un botón. En Cataluña es posible multar a un comerciante por rotular en castellano, pero, para el Gobierno, es más interesante evitar que un feo se sienta feo mediante la intervención de la futura Autoridad Estatal para la Igualdad de Trato. Y resulta que a mí, más allá de la igualdad jurídica, que es esencial, no me da la real gana tratar igual a una gorda que no se cuida que a una mujer que ha hecho un esfuerzo consciente para estar presentable. No convence esta igualación por lo bajo.

El gran Herbert Spencer denunció cómo una excesiva asistencia estatal mermaba las facultades de los ciudadanos: "Cuanto más se extiende la acción gubernativa, tanto más cunde entre los individuos la creencia de que todo debe hacerse para ellos y nada por ellos". Es evidente que una creencia de estas características no es sostenible a largo plazo. Aun así, por el camino puede idiotizar a toda una nación.

La reciente legislación contra el tabaco no es más que la expresión de un Estado desmadrado que tutela en demasía los intereses de sus ciudadanos, que piensa que no son capaces de arreglar problemas nimios entre ellos o de elegir si están dispuestos o no a tolerar el humo en un bar o en un restaurante; en consecuencia, se entromete y prohibe que los dueños de esos establecimientos conduzcan sus negocios como crean correcto.

La solución está en la libre elección y en el mercado, como, con razón, ha proclamado Octopusmagnificens: "El mercado proveerá si realmente existe tanta demanda de ocio ‘libre de humos’". El problema, en cuanto al asunto de los deseos que se transforman en derechos, está en unos ciudadanos que aceptan pasivamente –hasta lo aplauden en su mayoría-- que sea el Estado el que se haga cargo incluso de sus gustos y preferencias. Ellos desean no soportar malos humos en un local privado; en lugar de rechazar ese local y buscar una alternativa, dejan en manos de la autoridad lo que debiera ser su responsabilidad. Ése es un camino cómodo, pero un camino que desemboca en la servidumbre.

3 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Espantapájaros, ¿has leído la última ocurrencia del Gobierno?. Eres hombre de leyes y te interesará.

Samuel dijo...

Me temo que haga falta una crisis muy larga para que el español medio aprenda que no todos sus deseos son derechos y que es una irresponsabilidad que los candidatos prometan lo que no tienen o derrochen alegremente el dinero. Aunque si Andalucía vira hacia la derecha, lo próximo ya debe de ser el fin del mundo. Cuando haya otra vez dinero (dentro de unos cuantos años, acaso), si no aprendemos nada es probable que nuestro país pronto vuelva a las andadas. Sobre todo cuando los gobiernos se empeñan en que los pueblos no aprendan la lección de sus errores y focalizan las culpas en algún enemigo misterioso y malvado como los mercados financieros.

El estado no sólo pretende ser nuestro padre, además es un padre consentidor y dadivoso que no escatima en regalos sorpresa y a quien el tiempo acaba tomándole la delantera. Ahora nos cuenta una historia completamente distinta. La crisis también es una buena ocasión para la demagogia: ahora que los inmigrantes de cierto número de países podrán votar en las municipales y autonómicas, volveremos a los argumentos identitarios tipo "con la derecha estaríais peor" y demás.

Lo cierto es que el socialismo, a pesar de su pésima gestión, sigue teniendo una influencia enorme sobre la gente. Creo que una gran parte de los que no votarán al PSOE son personas que siguen pensando que sus deseos son derechos y que, en el fondo, lo que ha pasado es que el PSOE se ha vendido a los mercados y hace falta una renovación. Siempre hay cambios, pero la sociedad es muy voluble; en mi opinión sólo circunstancias muy drásticas acompañadas de un discurso sensato podrían hacernos aterrizar en la realidad. Las circunstancias las tenemos; el discurso nos falta.

Por cierto, y aunque después de este comentario suene algo sarcástico, ¡feliz año!

Un saludo.

El Espantapájaros dijo...

Octopus:

Siempre que el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género está de por medio los desatinos son seguros.

Ya tenía noticia de que estaban tratando de desacreditar el SAP y que los jueces no pudieran utilizarlo. Pero la realidad, aunque les duela, es que existe. Al margen de que sea calificado o no como enfermedad mental, hay madres no maliciosas, sino auténticas víboras, y aunque para el feminismo no signifique nada la igualdad jurídica, lo que aquí importa es el interés del menor y los derechos del padre, entre ellos, a tener contacto con sus hijos.

Por lo demás, es una intromisión muy grave en los asuntos judiciales. Si hay algún problema, que actúe el CGPJ o que denuncien por prevaricación las madres afectadas. Pero el Gobierno, y aún más el patético Observatorio, deberían mantenerse lejos, muy lejos.

Samuel:

Es muy grato leerte de nuevo y comprobar que estás en plena forma.

Los partidos, del signo que sean, van a seguir afirmando que tienen soluciones mágicas para todo. Creo que en España hay que potenciar más la sociedad civil y dejar de depender tanto de los partidos y los pdoeres públicos.

Como ha dicho uno de mis profesores a la vuelta de vacaciones, feliz 2011..., por decir algo.