Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 05, 2010

MIENTRAS TANTO, EN ESPAÑA...

Desde el domingo anterior, cuando escribí la crónica del concierto de Alice Cooper, ha transcurrido una auténtica semana de locos en España. Conviene hacer un repaso de los principales acontecimientos, ya que dan buena medida de la decadencia en la que se está sumergiendo gradualmente el país, lastrado por un sistema necesitado de reformas y por unos políticos de muy baja calidad.

De los controladores se están escribiendo ríos de tinta, con lo que no hay mucho que decir. A pesar de que el Gobierno no ha sabido negociar con ellos y suavizar el conflicto latente, fueron demasiado lejos con su huelga encubierta y salvaje. Tal actuación extrema, absolutamente disparatada, ha dañado enormemente la imagen del país, las vacaciones de cientos de miles de personas y las economías de muchos bolsillos. Puedo entender el deseo de la mafia de controladores de mantener sus privilegios, de rebelarse frente a las imposiciones del Gobierno, siempre que se haga dentro de la legalidad y del orden: recurriendo a los tribunales u organizando una huelga en condiciones, no ilegal. Lo que han hecho, sin embargo, sólo puede ser calificado de abuso de derecho y sedición: no se puede pretender defender un derecho o interés propio pisoteando los de los demás y cometiendo uno o varios delitos. Los controladores han de asumir las consecuencias de la derrota. Vae victis. Cuerda de presos para ellos y mando militar para que no se descontrolen más.

Hay que hacer una valoración desigual de la respuesta del Gobierno. De un lado, ha hecho lo que tenía que hacer: defender el interés general y buscar la forma de restablecer el servicio y arreglar el caos. De otro, ha habido, como poco, imprevisión. ¿Es que nadie en el Gobierno conocía la conspiración? Y en caso de haberla anticipado, ¿por qué no se actuó? Es más, ¿por qué desde principios de año, cuando se aprobó el Real Decreto-Ley 1/2010, de 5 de febrero, origen de todo el conflicto, no se venía gestando una alternativa a los controladores civiles representada por los controladores militares? En fin, la oposición tiene muchas preguntas que formular.

Con independencia de que parece que el problema se ha resuelto gracias a la declaración del estado de alarma, no termina de convencer su oportunidad: no en cuanto a los presupuestos para ponerlo en marcha, sino en cuanto a su aplicación práctica, toda vez que "la aplicación a los controladores del delito de desobediencia militar del CPM –y no del de desobediencia común del CP-, en el caso de que no acaten las órdenes que emanen de la Jefatura Militar Aérea, debe considerarse dudosa", en palabras del reputado penalista Enrique Gimbernat.

El segundo suceso importante fue el nuevo paquete de medidas liberalizadoras, ya aprobado en el Consejo de Ministros, a fin de calmar a los mercados. La situación es dramática, pero no deja de divertirme ver a Zapatero convertido en adalid del liberalismo, aunque sea a palos y de mala manera, y al PP representando el papel de partido de la justicia social. Gran acierto tanto las privatizaciones parciales (en materia de aeropuertos, la gestión pública no es muy eficiente) como las ayudas fiscales a las pequeñas y medianas empresas, como pone de relieve la furibunda acogida que han tenido entre Escolapio y su turba progresista y moralista. Por lo demás, el incremento de los tipos impositivos del Impuesto sobre las Labores del Tabaco no es la peor subida concebible y, además, tengo la impresión de que con ello sí se van a generar ingresos tributarios, que puede más el vicio que el bolsillo.

Sólo queda por pasar revista a los resultados de las elecciones catalanas, que fueron precedidas de una campaña bochornosa, carente de ideas y pornográfica. Sorprende que la abstención no fuera mayor. Se cumplió con creces el anunciado hundimiento del PSOE en Cataluña, una derrota sin paliativos para Montilla, a la que hay que añadir la de los camisas negras de ERC. Como síntoma de la desintegración socialista, el PSC, sea lo que sea esa basura, en lugar de asumir sus equivocaciones, ha echado la culpa al PSOE de los malos resultados. ¡Como si en el resto de España no actuara el PSC integrado en el PSOE o como si no hubiéramos padecido ministros como Corbacho, Chacón o el propio Montilla! Y no hay que menospreciar lo calamitosa que ha sido la gestión de Montilla al frente de la Generalidad, la de los bonos patrióticos. Cataluña ya no es precisamente la primera economía de España.

Artur Mas y el ascenso del nacionalismo moderado no deben preocupar en exceso, sin perjuicio de que hay que estar en alerta siempre. Mas, que parece sólo un poco menos bruto que Montilla, ha aseverado que no tiene intenciones de plantear un referéndum independentista, básicamente porque lo perderían. A los partidos nacionalistas no les interesa la independencia, les interesa mantener ad infinitum el actual estado de cosas, que les permite contar con un margen de fanáticos babosos y con una excusa perfecta para no reconocer los errores propios, que es echar la culpa de todo a Madrid. De ahí que la gran idea fiscal de Mas sea un nuevo desconcierto económico. Habrá que impedir que se salga con la suya a toda costa.

Una semana muy cargada. Es de esperar que la que entra sea más tranquila, que España necesita reposo.